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Las conversaciones en mi cabeza: Oxitocina por Caronte

Entré en la oficina. Estaba casi vacía, como era de esperar un lunes a primera hora de la mañana. Inaru ya había llegado; ya había vuelto, de hecho. Las puertas se cerraron tras de mí, y ante semejante silencio, su ligero rumor al cerrarse bastó para que me mirase. Fue una ojeada rápida, inercial. Sin embargo, no tardo en volverme a mirar, al procesar lo que había visto: que estaba inmóvil frente a la puerta mirando en su dirección. —¿Qué haces? —creí oír; para no molestar al resto del personal, apenas elevó la voz, si es que llegó a hacerlo, expresando en su lugar su desconcierto arrugando el rostro y el cuerpo. —Estaba tirando por investigación —aclaré una vez me hube acercado, agachándome ligeramente para alinear nuestras miradas, estando Inaru sentada. Rió. Su visita al Leteo no debía haber sido tan dolorosa; o, al menos, su coraza había resistido la embestida. Eso me alivio. —¿Y qué has visto? —inquirió con suspicacia levantando una ceja. —Me temo que mi percepción no es tan bue...

Las conversaciones en mi cabeza: Kitsune me guarde

Kitsune me guarde Las conversaciones en mi cabeza: Kitsune me guarde Sékioz de Niafre «“¿Cómo puede pensar la gente que los Dragón son aburridos? ¡Qué vigor! ¡Qué creatividad!. Es una lástima que se escondan del mundo de esta manera. ¡Están privándonos de su talento, de su poderío!”» J —Qué camiseta más linda. —Me alegro por ti. —¿Eh? Si no sonrieras sinceramente, creería que es un desdén. —Lol. «Gracias» habría sido una respuesta más normal, ¿no? —Pues sí. —Pero yo no me he comprado esta camiseta para complacer a nadie salvo a mí. —¡Claro, nada más faltaría! Pero un poco de validación externa nunca viene mal. —Ya, no sé. Si no compartiéramos gustos estéticos, sería más bien como una contravalidación, ¿no? —¿Me estás diciendo que no te mola mi estilo super cool? ¡Uf! —Lol, no. Pero no es una valoración que pueda hacer instintiva y automáticamente como parte de un protocolo social sin ponerme a analizar tu guardarropas. —¿Y alegr...

Erofrú

Erofrú la tomó con firmeza con su mano derecha, se inclinó hacia ella hasta el punto que su respiración arremolinó el vello de ésta, abrió la boca todo lo que pudo, y ajustando la mandíbula como si fuera a hincarle el diente pero sin cerrar el bocado, empezó en su lugar a sorberla ruidosamente, como si se tratase de un vampiro... o, aun mejor, de la ventosa de un pulpo succionando la energía vital de un manjar sin precedentes. Al poco tiempo, unos jugos semitransparentes empezaron a correr por las comisuras de sus labios, quedándose atrapadas pequeñas gotas de aquel líquido entre su barba. Cuando quedó satisfecho —o sin aliento—, se retiró un poco, y empujando de abajo a arriba con su mano izquierda su perilla, se la metió en la boca y la aspiró profundamente. A continuación, retomando el foco en su víctima primera, la volteó con la mano que aún la sujetaba y repitió la operación. —Verte  comer  es todo un espectáculo. Realmente estás disfrutando de esa  fruta , ¿eh? —...

Sísifo es una viuda negra

Sísifo es una viuda negra Sísifo es una viuda negra Sékioz de Niafre «Entras en la primera habitación, y está completamente a oscuras. Dando tumbos, tropezando con los muebles, poco a poco aprendes donde están y, finalmente, encuentras el interruptor de la luz. De repente todo se ilumina, y puedes ver exactamente dónde estás. Entonces entras en la siguiente habitación oscura...» Parafraseado de Andrew Wiles en Fermat’s Last Theorem (BBC Horizon 1996). «Una persona ciega en una habitación oscura buscando un gato negro que no está allí» William James Some Problems of Philosophy 1911, Ch. 1 Inmersa en un estado de trance, las palabras emanan de mi mente casi sin permiso, guiadas sólo por las sensaciones más inmediatas: soy la viva imagen de una laboriosa araña tejiendo su trama. Habrá quién creerá que esta falta de vista, esta ofuscación ciega presentista, no puede engendrar ninguna complejidad. Ingenuas mentes que, asumo, desconocen el juego de...

Un mundo de arañas

Un mundo de arañas Un mundo de arañas Sékioz de Niafre I Tenemos muchos tipos de telarañas en el negocio, pero no todas son igual de efectivas: la estafa nigeriana (o cualquiera de sus variantes, como el centenario timo del entierro) no te llevara muy lejos, por ejemplo. ¿Mi recomendación personal? La ingeniería social. Haz un web scraping de Twitter con una buena araña, visualízalo en Graphext, identifica un clúster fácil y jugoso (como el de los Crypto Bros & Chicks sin formación informática), y personaliza tu ataque en consonancia. Oh, no pases ansia: al principio no es necesario que automatices todo el proceso a este nivel. Simplemente hazte un paseo aleatorio por la plataforma hasta que... ¡aja!: esta tal Ada tiene buena pinta. Atiende, Charles te enseña... II La primera vez que leí la posología de un medicamento pensé: «mama, Ada va a empezar a faltar mucho a clase, ahora que tiene estas precisas instrucciones de cómo enfermarse». Y cuando supe...

Memorias del tacto de un talón

Memorias del tacto de un talón Memorias del tacto de un talón Sékioz de Niafre Disclaimer . Libremente inspirado en la sesión 13 del 10/4/2021, y más en especial sus minutos 2:53:20-2:55:20, de una campaña de LL5R, con GM Pr0nboy, en la que participo. Libre, entre otras cosas, porque he cambiado el trasfondo original por el de Lo que ocurre en la alcoba real, se queda en la alcoba real . Chris, ¿recuerdas cómo nos colamos en el burdel de Pizan? Bajo el amparo de la oscuridad de una noche sin luna, y pegándonos sobre sus fríos muros de piedra para evitar la luz de las ventanas, nos escurrimos sobre su patio trasero. Y desde su caseta, una trampilla nos condujo por un pasadizo, si cabe, aún más negro. Allí, para no perdernos, nos tomamos de la mano, al tiempo que tocábamos con la extremidad libre las paredes a los lados. Tu mano era tan suave y cálida... era como una luciérnaga guía ascendiendo de un profundo y húmedo pozo en apariencia inescapable, fuente sólo de lamentos. D...

Lo que ocurre en la alcoba real, se queda en la alcoba real

Lo que ocurre en la alcoba real,se queda en la alcoba real Lo que ocurre en la alcoba real, se queda en la alcoba real Sékioz de Niafre Calor; mi cuerpo emana calor como si no hubiera un mañana. Y tal vez no lo habría, al menos para mí. Pero aun así, no puedo por completo culpar de esta irradiación a mi fisiología, mis nervios o, incluso, mi cobardía. Pues en efecto, sobre el campo de batalla, y antes de siquiera sonar las trompas, ya golpea con intensidad el sol, que convierte en un auténtico horno a mi armadura. Oh, espero que quién me mate tenga a bien comerme: sería una pena desperdiciar semejante asado, tan ricamente alimentado durante años. ¡Cielo santo, ya creo que hasta deliro: ¿sol, me estáis hablando?! Ah, no puedo escucharos bien sin miraros, quedando en embeleso ante vuestras sinuosas inflexiones de voz, que en sus curvas me abrazan, pero tampoco puedo concentrarme en vuestras palabras cuando os contemplo: ¡cuán cegadora es tanta hermosura junta! Viva imagen de ...