Fumando pipa con René Magritte
Ener estaba tomando una copa plácidamente en la terraza de su bar favorito, lejos de su hogar: tenia las mejores vistas de todo el planeta ante sus reflectantes ojos. Y, conmocionado por esa visión, alzo el vaso y se refresco los labios. Después, reflexiono momentáneamente sobre el motivo que le había traído hasta allí. Y, ciertamente, fue un pensamiento muy breve, casi inexistente; una idea que germino en su mente y fue expandiéndose vorazmente como un virus, un virus que lo aniquilaba todo en pro de un vacío atroz: ninguna respuesta vino a su mente. Angustiado por el no saber, temiéndose lo peor que se podía imaginar, Alzheimer, alzo de nuevo la copa, con mayor ímpetu; y tanta fue la energía que desperdicio en el proceso, que alzo, junto al vaso, la mesa, que parecía estar unida indivisiblemente con el vaso. Esto lo sobresalto más cuando se percato de la uniformidad inquietante del firmamento, un mosaico de nubes blancas sobre cielo azul perfectamente colocadas. Y a...