La Ecuación de Price
“ ¡Púm!” sonó tras de si, como al fin de cada jornada; fúnebre y brusco estrépito que parece transmitir que nunca nada bueno aguarda. -Hola…-pronuncio rumiando cada una de las letras de la escueta palabra. -¿Qué tal?- contesto una voz más jovial que la anterior, procedente de la semiabierta habitación de enfrente del recibidor, lóbrega pero tenuemente alumbrada en su fondo interior y que apenas resplandecía en el rostro del allí sentado, ensombreciendo sus facciones con rasgos tétricos, puesto que la luz estaba enfocada en los complejos conceptos biomatemáticos de libros universitarios. -No me encuentro bien; es como si tuviera la cabeza revuelta, ¿sabes? Te cuento: a la mañana, tras terminar una fatigosa reunión, necesitando despejarme y pasear al aire libre, decidí ir a pie a mi siguiente parada-explicaba mientras abría la puerta, encendía la luz y se tumbaba en la cama como si fuese un diván de psicoanálisis, mirando a su compañero que había deja...