Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2011

ONDAS BINAURALES

Sobre el complejo fenómeno de la audición: A grandes rasgos, el cerebro humano, para interpretar un sonido, ha de conjugar la información que le llega desde ambos oídos, ya que esta es diferente debido a que están físicamente separados entre sí por la cabeza. Aplicación: Por lo tanto, si aplicas ondas senoidales con frecuencias levemente diferentes a cada uno de los oídos, el cerebro crea un efecto de latido debido al “cableado” interno del mismo, que recalcula la frecuencia creando una nueva dentro del cerebro, una frecuencia que en realidad no existe fuera de él. Clasificación: De esta manera es posible sintonizar las ondas cerebrales a la frecuencia deseada utilizando cuatro canales diferentes. Estos “canales” son los diferentes estados de la mente, que se miden por ciclo por segundo (cps): Beta (14 – 30 cps): Cuando la mente está dedicada a una actividad física. En estado de alerta. Alfa (7 – 13 cps): Cuando el sujeto sueña despierto. Se está en un ligero...

El discurso del...¿loco?

“Hay quien dice que dicen que dijiste que dijeron que dirás que dirán que soy un tipo raro. Sin embargo, yo prefiero ser un loco libre que un cuerdo preso, atado por convenciones sociales y esclavo de la palabrería del gentío, incapaz de dar su propia opinión sin antes sumergirse y protegerse en el vaivén del oleaje de rumores ajenos y enajenantes, en un acto ruin y cobarde. ¿Por qué?     Porque yo odio el gregarismo, al mundo, a su mecanicismo ciego, y a su enervante cohesión que siente la necesidad obsesiva de pasarlo todo por el mismo colador, y niega la pluralidad hasta tal punto que resulta deleznablemente denigrante, pues por más que digan que la profesan..., ¿no es ya esa apología una negación de la libertad a aceptarla o no del mismo modo que cualquier afirmación niega ya su negación? ¿Por qué?    Porque el mundo odia al disgregante, a mi, al demente creciente y delirante que transgrede sus nomás que normas arbitrarias, sus sonatinas hechas de un hilo t...

burlesco homenaje a una de las más amadas de mis amantes: la matematica

Ana..., Ana..., ¡se ha cometido un sacrilegio en el templo consagrado de la matemática! Por parte de uno de sus profetas..., presunto profeta, debería decir... ¿Que que ha pasado, Ana, que que ha pasado? Pues no es verdad, Ana (y si no lo es mándeme Dios un saco de oro a mi casa),  que me hallaba yo cómodamente sentado sobre los duros asientos de la facultad cuando mis ojos ven en la pizarra una expresión extraña y bizarra como pocas lo son. Tan monstruosa era, que no pude, como si de un acto reflejo se tratara, evitar cerrar las pupilas con fuerza y apartar la mirada como cuando un acto brutal se comete ante la impotencia y exasperación de uno mismo. Pero..., aun creyendo, después de haberlo visto un solo instante, tiempo más que suficiente para contemplar aquella escalofriante sentencia lapidaria, que aquello no podía ser cierto allí donde yo me hallaba, que necesariamente debía tratarse de algún engaño perverso de mis malévolos ojos... o de la pérfida luz que...