El advenimiento de la locura
Todavía echado sobre el lecho, me quise levantar y desprenderme de las sabanas que me cubrían completamente, protegiéndome del gélido clima. Mas, incrédulo, sentí como al procurar alzarme, algo me retenía, y cuanto mayor era mi forcejeo, más estrechamente me apretujaba entre las sabanas. Tras un largo intento intenso, repose y me prepare para aunar todas mis fuerzas en un estallido de energía bruta. Coloque, no sin esfuerzo, mis piernas de manera tal que me permitieran impulsarme como un muelle hacia delante, ayudado por mis tensos brazos. Pero todo fue inútil. Inútil no por defecto o falta de ímpetu, sino por exceso. Aquella extraña presión desapareció de repente y salí disparado contra el armario de enfrente de mi cama. Tras el golpe caí redondo sobre las sabanas húmedas del esfuerzo sobrehumano del forcejeo y del pánico creciente que me embargaba. Envuelto de nuevo en ellas, me vi aprisionado con una contundencia inexplicable, sin causa aparente, obligándome ...