El palacio de la memoria y la metafísica de la presencia
I Por más que me buscan y me busco, no me atrapan ni me atrapo... porque yo no soy más que un collage, una miríada de reflejos que me camuflan y te espejan: no hay nada tras esta fachada. Ya lo decía Hume, lo que llamamos «Hume», y también «somateca», y «sujeto-efecto»... «Soy» sus ecos, tus ecos, mis ecos... porque hasta de mí soy parodia: fui payaso buscando ser cómico: cercando el nombre verdadero que sostenga mi vida, Terramar, me conduje a la etiqueta y no derribe la escalera tras mucho subirla circo fuera. Estoy en el reverso de esos mis contextos; en la piel que camela, camaleón, cambiando. Una red resonante, ondas interferentes: somos, mas sin ser ser; breves deltas de Dirac de ese mar fluctuante, si acaso, si quieres, si calma tu nausea de ansiarte diferente. Somos el centro en todas partes de una esfera infinita; el Dios-Natura de Spinoza sin visibles puntadas aisladas. ¡Ay! Y así, como de repente, obra la palabra su milagro: tan solo un instante, de verme alíen antes ...