A puerta cerrada (Sartre, 1944)
[...] ─¿El amor que lo hace todo? He aquí otro problema..., ¡y qué problema! Mire: yo amo de tal modo a la humanidad, que, aunque usted no lo crea, he pensado a veces en abandonarlo todo, incluso a Lise, y convertirme en hermana de la Caridad. Cierro los ojos, pienso, sueño, y en esos momentos me asiste una fuerza invencible. Ninguna herida, ninguna llaga purulenta me inquietará: las lavaré con mis propias manos y seré una enfermera presta a besar las úlceras de los pacientes. ─No es poco que haya tenido tales pensamientos. Algún día realizará usted, por obra del azar, una buena acción. ─¿Pero podré soportar durante mucho tiempo semejante vida? ─siguió diciendo la dama con vehemencia─. Ésta es la cuestión más importante, la que más me atormenta. Cierro los ojos y me pregunto: «¿Permanecerás mucho tiempo en este camino? Si el enfermo al que lavas las úlceras lo paga con la ingratitud, si te at...