Las conversaciones en mi cabeza: Oxitocina por Caronte
Entré en la oficina. Estaba casi vacía, como era de esperar un lunes a primera hora de la mañana. Inaru ya había llegado; ya había vuelto, de hecho. Las puertas se cerraron tras de mí, y ante semejante silencio, su ligero rumor al cerrarse bastó para que me mirase. Fue una ojeada rápida, inercial. Sin embargo, no tardo en volverme a mirar, al procesar lo que había visto: que estaba inmóvil frente a la puerta mirando en su dirección. —¿Qué haces? —creí oír; para no molestar al resto del personal, apenas elevó la voz, si es que llegó a hacerlo, expresando en su lugar su desconcierto arrugando el rostro y el cuerpo. —Estaba tirando por investigación —aclaré una vez me hube acercado, agachándome ligeramente para alinear nuestras miradas, estando Inaru sentada. Rió. Su visita al Leteo no debía haber sido tan dolorosa; o, al menos, su coraza había resistido la embestida. Eso me alivio. —¿Y qué has visto? —inquirió con suspicacia levantando una ceja. —Me temo que mi percepción no es tan bue...