Las conversaciones en mi cabeza: Oxitocina por Caronte
Entré en la oficina. Estaba casi vacía, como era de esperar un lunes a primera hora de la mañana. Inaru ya había llegado; ya había vuelto, de hecho. Las puertas se cerraron tras de mí, y ante semejante silencio, su ligero rumor al cerrarse bastó para que me mirase. Fue una ojeada rápida, inercial. Sin embargo, no tardo en volverme a mirar, al procesar lo que había visto: que estaba inmóvil frente a la puerta mirando en su dirección.
—¿Qué haces? —creí oír; para no molestar al resto del personal, apenas elevó la voz, si es que llegó a hacerlo, expresando en su lugar su desconcierto arrugando el rostro y el cuerpo.
—Estaba tirando por investigación —aclaré una vez me hube acercado, agachándome ligeramente para alinear nuestras miradas, estando Inaru sentada. Rió. Su visita al Leteo no debía haber sido tan dolorosa; o, al menos, su coraza había resistido la embestida. Eso me alivio.
—¿Y qué has visto? —inquirió con suspicacia levantando una ceja.
—Me temo que mi percepción no es tan buena como la de mi personaje de rol —y volvió a reír—... ¿Quieres oxitocina... también conocida entre los humanos como abrazo? —sonrió con ternura.
—Gracias. Estoy bien, no te preocupes.
—Si puedo hacer algo por ti... —y negó con la cabeza—. Bueno, ya sabes donde encontrarme —y señalé mi puesto, dos filas más abajo—. Perdona por no ser mejor humano.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.