Un viaje a León: agosto 2026
Índice general
1 Preámbulo: yo y los viajes
Hace tiempo que me ronda la idea de describir alguno de mis viajes, aunque nunca me haya llamado especial atención el género ni su trote. En 2023 escribí «Blog de viaje: una experiencia en la Fundación Vipassana Dhamma Sacca» y en 2024 «Viviendo en Puertollano», pero en verdad tales episodios no constituyen una de mis experiencias típicas de turisteo.
Quizá la inquietud provenga de comentarios del estilo «¿te vas toda una semana a Segovia? Yo la visité en dos días».
1
O tal vez nazca de que, de alguna manera, estas rupturas con la rutina podrían estar cristalizando de forma más punzante un cierto desarraigo que me es muy propio: el de quien se crió en Barcelona ciudad, salvo por un paréntesis en Badia del Vallès entre los 2 y 7 años, y se mudó tras terminar la carrera a la ciudad de Madrid durante 7 años por trabajo, y luego aterrizó en la no demasiado conocida Puertollano por puro cálculo utilitario; el de quien viajó hasta los 18 anualmente a unas aldeas de Ourense, de donde es buena parte de su ascendencia, y era allí «el catalán» y allá «el gallego»; el de quien visitó también por entonces anualmente a un primo segundo cubano que se mudaba cada año, de Barcelona, a Peso da Régua, a Ourense, a Almería, a La Manga del Mar Menor...; el nieto de una pareja gallega que se fue temporalmente a Venezuela a hacer fortuna, y el de otra pareja gallega que se asentó en Barcelona con mejor fortuna; el hijo de una madre que se fue a Barcelona por amor, dejando atrás (en un clásico movimiento patrilocal) a su red de apoyo, incluyendo una tía que solía traerle chocolates de Austria, adonde marchó varios años (pensando como mis abuelos), y de donde volvió además con un yerno.Por curiosidad le pasé a GPT 5.6 siete logs de viaje y me soltó que mi motto era «No viajo tanto para ver una lista de monumentos como para entender cómo está hecha y cómo se vive una ciudad.», que «Tus diarios muestran que una visita importante suele ser solo el punto de partida. Después enlazas barrios, parques, mercados, riberas, campus, estaciones, arquitectura cotidiana, zonas industriales, grafitis, pequeñas exposiciones y acontecimientos encontrados por casualidad. Puedes dedicar varias horas a atravesar una ciudad sin que haya un «atractivo imprescindible» al final del recorrido.» Obviamente exagera, pero algo de eso sí hay.
Por honestidad, debo aclarar, sin embargo, que acentúo todas estas circunstancias por cuestiones, en esencia, retóricas y estéticas, pero que en realidad no creo que sean tan particulares ni tampoco que me hayan marcado, aunque he de reconocer que hace poco me sorprendí refiriéndome a mí mismo como extranjero, y que sí creo que hay una pequeña parcela fenomenológica que comparto con la vivencia migrante, si bien la fuente primera de ese sentirse alien, sospecho, tenga otro origen más intrínseco (también es extranjero el Meursault de Camus). O sea, puede que todo ello influya en mi manera de aproximarme de nuevas a una ciudad, aunque no sabría concretar cómo se articula ese embrujo: este diario de viaje es también un autorretrato.
Viajes familiares aparte, que en cualquier caso no se caracterizaban por su vocación turística ni exploratoria, mis primeras incursiones semi-autónomas fueron mi viaje de fin de curso de 4º de la ESO a Mallorca, y una estancia de un mes con InterWay-STS (Student Travel Schools) en Brighton al año siguiente (2009), en las que ya entreveo patrones de mi manera de hacer, que he de reconocer que se ha desdibujado en mi último viaje (hasta la piedra más tosca termina puliendo el cauce principal del río, o mainstream), y de ahí que me haya tentado incluir un segundo diario
2
. He tardado 8 días en escribir este, y no estoy dispuesto a hacer lo mismo con otro. Pensé en limitarme a añadir como anexo alguno de mis logs de viaje, pero tras ojearlos, creo que son demasiado esquemáticos y confusos, un timetracker glorificado.
Mi siguiente escapada tendría que esperar hasta 2017, a Tánger, cuando mi primo me recomendó aprovechar la flexibilidad de jornada de mi trabajo para tomar vuelos baratos, si bien lo que me terminó seduciendo fue la posibilidad de testear una alocada hipótesis adolescente. A ello siguió un viaje a Málaga y Córdoba en 2018 por despedida de soltero y boda, donde pernocté varios días extra por visitarlas; viajes que dieron envidia a mi madre, con la que terminé coordinando viajes a Valencia y Sevilla en 2019, y que igualmente incentivaron que mi hermana y un amigo de la familia me invitaran a Gijón en noviembre de 2018. Viendo que estos viajes eran una buena manera de obligarme a salir de mi habitación-casa y remapear mi cerebro, en 2020 planifiqué varios en solitario: tras visitar a la familia en enero, reservé febrero en Zaragoza, marzo en Alicante y abril en Valladolid, contando con recibir invitación a Albacete en septiembre; huelga decir que Alicante fue mi última parada.
Con el confinamiento, perdí toda la inercia, arrastrándome únicamente mi madre a Segovia en noviembre de 2021, unas invitaciones académicas anuales a Alicante en 2022-2024 que aproveché para terminar de recorrerla, y una sugerencia por un retiro budista (compromisos familiares aparte). Y tras mi mudanza a Puertollano, ya sí perdí todo interés, en parte porque descubrir Puertollano y Ciudad Real ya cubría ese hueco (scratch the itch), en parte porque, queriendo probar un cambio de estilo de vida, me terminé involucrando en más movidas de las que podía abarcar; insisto, en 2019 viajar me suponía airear una existencia casi de monje enclaustrado, mientras que mis tres años en Puertollano, comparativamente, parecen Miedo y asco en Las Vegas. Este viaje a León coincide, creo, con el cierre de uno de los capítulos más insólitos de mi historia.
2 Introducción
El 26 de febrero de 2026 vi el vídeo de QuantumFracture sobre el eclipse y me quedé con la idea flotando de que podría ser un viaje interesante, si para entonces todos mis hilos pendientes quedasen cerrados. Nunca me ha gustado demasiado la astronomía, casi al contrario (por mucho que históricamente fuera una de las cuatro patas de la matemática), pero había escuchado con asombro sobre los efectos del eclipse en el comportamiento animal, y me llamó mucho la atención el tema de las «shadow bands» (wikipedia), y el hecho de que en general fuera una experiencia difícil de reproducir en vídeo, activando al Husserl en mí; mi pereza por los vuelos y la temporalidad de los eclipses hicieron el resto. (Quizá influyó también que mi tutor del trabajo final de bachillerato, Danton, fuera un «perseguidor de eclipses», habiendo visto con este 12 totales, partícipe del Rap a Rapa Nui de Misión Eclipse con Sara Santacana.)
Cándido, creí que solo unos pocos curiosos viajarían para verlo y retrasé mi reserva hasta el 20 de julio, llevándome mi primera hostia de realidad: acostumbrado a dormir en hostales por 10-20 € la noche, pagué 180 € solo por la noche del 12 de agosto, costándome las demás apenas 20€. Y como el programa de actividades de mañana sobre el eclipse aún no estaba claro (ni nunca lo estuvo del todo, ejem), opté por esperar (en un nuevo desliz de ingenuidad), no sabiendo si salir de Puertollano la mañana del 12 (arriesgándome a llegar muy tarde a un programa con suerte potente) o dormir en Madrid el 11 (para poder tomar el primer tren directo a León, pues no estaba dispuesto a pagar otros 180€ por roncar el 11 en León solo por unos talleres): no fue hasta que hice una visita a una amiga que suele poner la tele para echar la siesta que me di cuenta del revuelo social y de que debía sacar el billete ya: para entonces, 8 de agosto, casi la única vía que encontré fue un ALSA nocturno.
Pensé en aprovechar el 11 completo en Madrid, pero como suelo terminar reventado de mis viajes (en el de Sevilla directamente me lesioné una pierna), decidí reservar fuerzas y salir en el tren de las 15, reviviendo durante la mañana este pasaje de Gombrowicz Ferdydurke 1937: «¿Conocéis ese malestar cuando algo ya se terminó y nada nuevo todavía ha empezado? Un vacío se forma en la cabeza.» (levantarme agotado tras unos sueños horrendos tampoco ayudó). Y como el ALSA lo tenía en el aeropuerto, decidí pasar la tarde a su vera, en el Parque Princesa Leonor y Felipe VI; el privilegio de estar sano es poder condescender a estas pequeñas temeridades autoindulgentes de pasear a pleno sol a las cinco de la tarde con 35ºC (supongo que ello explica que apenas me cruzase con una persona hasta las siete).
3 Martes 11: Parada logística en parque Valdebebas
Al inicio el paisaje ocre me pareció poco halagüeño, pero en seguida me sorprendieron unas granadas y unas uvas (algo terrosas al paladar) en la Plaza de la Alberca, y en el cruce hacia el Mirador Este un campo de girasoles que me recordó a «action button reviews boku no natsuyasumi»; «La Granja, juegos de aventura» (en cuyas veletas pude rendir homenaje a Eolo, que tanto me ha dado durante casi 10 años), con su tierno «jardín de polinizadores» y su huerto y parque de insectos aledaños, también me encandiló sobremanera.
Cruzando el Arroyo del Valdehiguera por el puente, llegué a Las Terrazas y a El Arboreto, quien me sedujo con aromáticas caricias. Notable hazaña, teniendo en cuenta lo atrofiado de mi olfato: quizá este sea el primer viaje (por influencia de una amiga con hiperosmia, sin duda) en el que tomo consciencia de esa dimensión del camino. Tan agradable era el olor de su laberinto, que si su planta no fuera tan simple, bien podría haber sido el mismo hilo de Ariadna; debieran diseñarlos siempre así. Igualmente encantadores sus puentecillos, entre los que espanté a una bandada de liebres, o la caseta, en la que descubrí que no era la primera vez que visitaba ese parque (o la parte que me quedaba de ese parque), así como el mirador de rampa en espiral.
Viéndome con tiempo, me aventuré hacia lo que Google Maps llama «Fortin Cerro Cabaña II», aunque no encontré nada allí. Buena excusa, en cualquier caso, para hacer camino (y un poco el mono y el poeta), así como encontrar unos saltos de agua, acercarme a la Virgen del Abrazo, el Lago de las Zorreras o la Plaza de los Molinos (con algunas piedras cónicas; el Arroyo hubiera sido mejor ruta de vuelta). A las 20:30 salía dirección a la T4, donde di más vueltas de las esperadas hasta llegar al bus de las 21:45; cené un par de sándwiches fríos en Rodilla algo meh, más por gula que por hambre, y me volvió a sorprender un parque infantil y el típico mercha con frases tontas que me sigue haciendo gracia (quizá porque rara vez suelo verlo en mi rutina).
Figura 3: Jesús Arévalo Jiménez Virgen del Abrazo 2018 (link). Que mis abrazos sean bálsamo
4 Miércoles 12
4.1 Una grata primera toma de contacto. Callejeo, campus y parques
A pesar de haber dormido fatal el día anterior, de la pateada, de ponerme una peli en el bus (Brave), del antifaz, los tapones y la melatonina, etc., diría que no pegué ojo (de normal ya me cuesta dormirme, pero aún más en un bus). Llegué a las 2:45 sin ningún plan, confiando en poder quedarme en la estación mientras no amanecía, como por suerte me permitió hacer la segurata a condición de no dormirme, lo cual sabía que de todos modos no conseguiría hacer, aunque mis colegas de sala sí fuesen —¡qué admirable!— capaces. Pese a estar dentro de la estación, tuve frío (la mínima fue de 18ºC), y todo cuanto había en las máquinas expendedoras era frío; aun así, por gula o por confiar en que llenar la barriga me haría entrar en calor, en las siguientes dos horas me terminé comiendo cuatro sándwiches algo meh mientras ojeaba en GPT el programa de actividades para el eclipse, alternativas al evento de ESA que incluyesen la lluvia de estrellas, posibles rutas matinales por la ciudad... (Era la primera vez que hacía uno de mis viajes desde la salida de ChatGPT, y tenía curiosidad por ver qué tal se defendía como guía; mi impresión: un sonado y reiterado fracaso.)
A las 4:45 estaba tan aburrido y tan hinchado, que salí del nido, abierto a «la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia» (Cortázar 1962); hacía frío y a tramos apenas se veía. Atravesé la avenida Lancia hasta Los sillares de una Pasión (Juan Antonio Cuenca 2022), que me dejó loquísimo, como también lo hizo una tienda de muebles con cojines tapizados con IA slop: es flipante cuánto se ha masificado, recubriendo cada esquina de la calle; desde hace tiempo, por supuesto, pero viajar me vuelve más perceptivo a las perturbaciones de la Fuerza. Subí por la muralla (donde dormía un vagabundo que me miró, como es natural, con suspicacia) y rondé por diversas plazas (Caño de Santa Ana, San Martín, Mayor, Regla, Conde Luna, San Marcelo, Cid y Puerta Obispo,
3
en las que me fui encontrando algún que otro turista y juerguista) del casco antiguo (dividido en los llamados barrios Húmedo y Romántico), aprovechando para localizar mi hostal (Hostel Quartier León Jabalquinto) y siendo bienvenido por el arte urbano mientras hacía tiempo para tomarme algo caliente en Churrería París (la primera en abrir, a las 6:30, donde ya conversaban cuatro clientes locales y jocosos por el eclipse): hubiera preferido un chocolate caliente, pero opté por un café solo (y algo tibio) para aguantar lo que se me venía encima (la segunda vez en mi vida que tomo café); buenos y baratos churros. A menudo enumeraré sin detenerme con la idea de que se me acompañe con Google Maps: podría generar una visita virtual, pero no creo que mi ruta exacta lo merezca. De hecho, aunque en el cuerpo del texto no lo destaco, las fachadas de muchos de los edificios del centro son espectaculares y bien merecen un Street View.
Figura 6: Pablo Je Je Milojos, XII Certamen de Artes Visuales Camarote Madrid 2026, coordinado por la galería de arte Espacio E. La tasca inauguró los «miércoles culturales» por iniciativa de Uriarte en 2012 (visionleonarte)
Figura 7: Mural del bar musical-cultural El Gran Café (1990), parte del circuito Dolores de Poesía en los Bares (2010-2016, link)
El parque aledaño La Granja estaba cerrado hasta las 8, así que con el amanecer subí por los parques de La Vitijera y Villaescusa, donde había muchísimo tagging (con frases tan memorables como «Si supieras al nacer lo q sabes al morir»), hasta el campus universitario, donde me sorprendieron, entre otras lindezas, unas vidrieras (cabe recalcar que ARCOVE, Asociación para la Restauración-Conservación de Vidrieras de España 2019, realiza su I Encuentro «El arte de la vidriera» en León) y un dinosaurio forjado de Juan Carlos Uriarte (1989), reconocible y reconocido escultor que puebla las calles de León (elcajondelarte).
Figura 10: Fernando Vicent del Campo Materia, movimiento y vida 1994, Facultad de Biología, representando ADN, fauna y flora. Fotografía de Daniel de Luis para AmbioCiencias #16 (unileon).
Figura 11: Luis García Zurdo 1987, Facultad de Derecho. Imagen atravesada por la luz cortesía de lanuevacronica.
Tras el paseo por el campus, la siguiente gran sorpresa fue el Parque de Gloria Fuertes, con unos murales preciosos de la AAVV San Mamés, y un punto limpio móvil muy pro. Magníficas vistas además a la Iglesia de las Ventas desde el parque canino a su vera, y fascinante la cercana fuente de José Leal Rodríguez El Abanico, que a pesar de su nombre, me evoca el instante antes de un abrazo cerrándose desde el ángulo adecuado (qué maravillosa es la disciplina de la escultura). Igualmente flipante el Jardín Ángel Barja, que contaba con xilófono, tambores y demás instrumentos.
Siguiendo sentido norte, en la rotonda junto a los Depósitos del Canal de Velilla de Aguas de León S.L., me encontré algunos murales más. Bajé por Pabellón San Esteban hasta CEAS Centro Ayuntamiento de León, Iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva y la llamativa Escalera de la Vida (link)
4
. Continué por la calle Federico Echavarría, que hospeda un mural maravilloso al otro lado de Leónjoven - Espacio Vías y el Parque Estación FEVE-Adif Matallana (aka Jardín Poético de León, con versos de Antonio Gamoneda). Cruzando la Plaza de la Inmaculada y el Puente de los Leones llegaba al Palacio de Exposiciones y Congresos de León justo para las actividades. Terminaba así lo que en retrospectiva fue uno de los mejores episodios del viaje, y de los que mejor reflejan mi forma de entrarle a una ciudad.Explicito este link de Maps porque creo que merece mucho la pena y contiene tomas harto mejores que las mías, pero insisto en que todos los nombres propios que cito pueden merecer un vistazo en Google, según el gusto del consumidor.
Figura 16: ¿León? Más bien, Osón. (León es toda Europa, que diría Atlas Pro)
4.2 Eclipsa mi alma baldía
Al gusto de mi mente cuadriculada, la organización general fue espantosa. El Palacio abrió sobre las 10 ya con algo de cola y no poca confusión (e.g., gente preguntando por las gafas, y staff aclarando que se repartirían por la tarde), y como puede verse en el programa, varias de las actividades no tenían mucho que ver con los eclipses o estaban muy enfocadas a un público infantil. Hasta ahí, ni tan mal; el problema fue lo que sigue. Para empezar, no había un plano general sobre la ubicación de los stands (menos aún de sus horarios), y en la recepción principal solo sabían dónde se localizaban las actividades de la Universidad de León, redirigiéndome para el resto al personal de turno (en plan, «pregunta por allí»). Para seguir, la gestión de colas de los dos stands de CESAR ESA fue desastrosa: tras 1h esperando en el de sonificación (la cola de la cámara oscura era kilométrica, pero esta era eterna; con qué facilidad nos equivocan los sentidos), nos echaron del recinto justo cuando a mi grupo nos empezaron a dar la explicación (intenté hacer cola antes, a las 12, pero esa hora estaba reservada para la ONCE o algo así). Los tres stands de ESA parecían algo mejor planificados, con generosas cuadrículas de asientos, pero sus charlas me parecían muy genéricas y no me quedé a ninguna (no ayudó que las fueran alternando y no hubiera un programa de horarios). SIU (Southern Illinois University) dio una serie de cuatro charlas distintas de 30min con un horario preprogramado y una cuadrícula de sillas algo insuficiente: me gustaron mucho las dos de la investigadora Corinne Brevik, tanto por su calidad científica como por su sentido del humor (lo mejor de la mañana con diferencia); el otro ponente me aburrió y lo dejé a medias. En varios stands la gente se agolpaba para escuchar la explicación de turno, que se impartía prácticamente de forma individualizada en varios casos (para mi desconcierto, teniendo en cuenta la masificación: si no la preveían, en cuatro horas bien podrían haber replanteado el enfoque); todo muy agobiante, en suma. Estuve en Oráculo Alfonsí, Federópticos San Agustín y Arqueoastronomía: me parecieron interesantes, aunque hubiera esperado más profundidad (según «el programa de mano», el tercero debía durar una hora, pero diría que nos liquidó en unos 15 minutos). Me dijeron que para la actividad del telescopio había uno solo.
Tras el chasco, me fui a comer a Casa Chus, muy próxima; buena comida (garbanzos y costilla a 15€)
5
. Me pareció gracioso que entráramos tres personas casi seguidas para comer solas: cuando me tocó mi turno, pregunté al siguiente si quería que comiéramos juntos para que no tuviera que esperar y aceptó (ante el divertido desconcierto del camarero). Curiosamente, era también matemático, de México, especializado en juegos topológicos (Berger 1957), tema del que no tenía ni idea y sobre el que estuvimos hablando. Me recordaba mucho físicamente a Danton, hasta se llamaba David, pero no podía ser él: ¿quizá un familiar?Supongo que es el efecto de la inflación, teniendo en cuenta que hace mucho que no viajo y ya no tengo la costumbre de comer fuera, pero me sorprendió que todos los menús de mi viaje rondasen esa cifra.
6
En cualquier caso, fue bastante entretenido: pocas veces tengo el gusto de hablar y pensar in situ y de tú a tú sobre la especialidad de un investigador (y que me digan «qué idea más interesante, creo que nadie ha escrito sobre eso») o, para el caso, sobre mi propia disciplina en términos no divulgativos. Al pagar, dudé entre irme enseguida o continuar de cháchara, pero él tenía que ir al servicio y yo al check-in, así que me despedí. Juraría que he visto alguna vez la cara de David en el estado de whatsapp de Danton si no fuera porque la memoria es una frágil evidencia, aunque a posteriori pueda confirmar que no era la de Danton.
Tras dejar mi equipaje en el hostal (una mochilita con poco más que una muda por día, calzoncillo y camiseta
7
), a las 17:30 ya estaba de vuelta en el Palacio. La apertura de puertas era a las 18 y el acto comenzaba a las 18:30 (el inicio del eclipse era a las 19:33, alcanzándose la totalidad a las 20:28), pero la entrada ya estaba petada; de nuevo, pésima organización: en vez de formarnos en fila, parecíamos una balsa de agua filtrándose por un desagüe medio atascado. Ya dentro, la mayoría de gente (yo incluido) se echó al césped en sombra (la temperatura era de unos 34ºC),Lo especifico porque he llegado a viajar con mucho menos equipaje, incluido nada para igual duración.
8
aunque obviamente desde ahí no se vería el eclipse: para ello, una explanada adyacente, en la que personas más preparadas montaron su campamento de sillas, cartas y sombrilla. Como puede verse en el programa, las primeras charlas eran publicidad de la ESA, y me medio dormí; las siguientes tampoco las recuerdo demasiado instructivas (e.g., ninguna mención a las shadow bands). Sobre las 19:15 la gente más inquieta se empezó a desplazar a la explanada; hubo espacio de sobra, sin amontonamientos incómodos. Me acoplé a la conversación de dos tipos que tenía detrás que parecían entender del tema (aunque al intentarles describir las shadow bands creyeron que hablaba del descenso de Kukulcán en Chichén Itzá durante los equinoccios) y que también se acababan de conocer (de hecho, por un momento uno creyó que yo estaba con el otro). Como dicen que está feo escuchar conversaciones ajenas, escondo esta anécdota en una nota al pie. A mi lado había una aparente pareja, y el chico estaba super preocupado con lo de quedarse ciego, hablando por teléfono con su madre al respecto con una condescendencia y exasperación bastante ridículas, y no pude evitar que se me escapara una risilla, compartida con la pareja del chico; dicho sea de paso, también me llamó la atención que hubiera cola en el baño de hombres (más los retretes que los urinarios, también es cierto, dando lugar a curiosas preguntas).
A pesar de que el presentador pidió silencio durante la totalidad, la multitud no pudo contener su euforia. Uno de mis acompañantes improvisados comparó la totalidad, extasiado, con una lámpara. Ambos estaban tan emocionados que se pusieron a fantasear con viajar a Egipto para el eclipse del año que viene (tres veces más duradero), comentando que el esfuerzo logístico de venir a León había merecido la pena; yo les escuchaba más bien impasible, o incluso disimulando por no aguarles la fiesta. O sea, reconozco que es bastante surrealista ver un perfecto aro de luz dominando el cielo, adornado con los hilos de un curioso campo magnético, nada de lo cual he visto capturar fielmente en ninguna fotografía (como tampoco el cambio de temperatura o la variación apagada en los colores por el efecto Purkinje), pero no sé si la respuesta de la gente (a la vivencia particular, y a todo el fenómeno en general) es aún más llamativa. Quiero decir, que una experiencia sea singular (ni que solo sea por su no reproducibilidad) no significa por sí mismo mucho: la infancia, cuando todo es novedoso y un aprendizaje continuo, es una sucesión de singularidades (positivas, negativas y neutras), y nuestro mundo es tan vasto, que perfectamente cada día podría estar gobernado por el asombro (el de la ciencia de frontera, el de los deportes de riesgo y las experiencias límite, el de lo exótico, el de los nichos de interés, el del aprendizaje de nuevas habilidades, el de descubrir cada día un poco más el universo entero que habita en cada una de las personas de esta tierra, el de la pérdida, etc.)
9
. Sea como fuere, creo que sí es algo que merece la pena vivir, incluso no pudiendo disfrutar de shadow bands ni de la reacción de animales no humanos, aunque respeto igualmente a la población autóctona que escuché durante los días siguientes que habían pasado del tema; en particular, a quien observó cómo se oscurecía e iluminaba de nuevo la estatua que tenía por costumbre contemplar en sus tardes de descanso. No sé, no le hubiera prestado tanto espacio a esto si no hubiese tanto rebombori con ello. Por añadir algo de especificidad, hay estudios que relacionan la experiencia del eclipse con la experiencia de lo sublime (We’re “awe” in this together: collective solar eclipse viewing amplifies awe 2025), típicamente asociada a paisajes naturales extraordinarios: auroras boreales, buen avistamiento de la Vía Láctea, grandes montañas y cataratas y cañones, la inmensidad del océano y el desierto, tormentas y miradores espectaculares..., algunas de las cuales son relativamente accesibles. También, un concierto especialmente sentido, el trance del baile en una disco y del canto en un karaoke (y, por qué no, el hiperfoco de la práctica artística, el flow entre el aburrimiento y la ansiedad de un pasatiempo), festividades como nochevieja o carnavales y demás celebraciones (mucha gente vive muy intensamente el deporte, por ejemplo), etc. El síndrome de Stendhal, los rituales religiosos, las manifestaciones sociales, los actos de bondad, la psicodelía... Para gustos, los colores.
Mis colegas de eclipse me invitaron a acompañarles a cenar, pero yo estaba exhausto y me fui a dormir.
5 Jueves 13
5.1 Pequeña vuelta matinal
El museo de León no abría hasta las 10, así que a las 8:45 salí a dar un pequeño rodeo por la zona (el hostal ya incluía desayuno y ducha), incluyendo el Palacio de Don Gutierre (que en ese momento no exponía), la Plaza del Grano (con destacable soportal de madera), el Monasterio de Concepcionistas (con repostería artesanal aún cerrada), una quesería vasca (encontré muchas queserías en mis paseos) y el Jardín de San Francisco (con una tierna estatua en un claro). Aunque mi foto no le hace justicia, la mirada del busto de Alfonso V en Plaza San Marcelo me atrapaba cada vez que por allí pasaba; gracioso también el león, que según el ángulo intimidaba o todo lo contrario.
5.2 Museo de León
No soy demasiado fan de la numismática (aunque de peque hiciera colección), pero me quedé embelesado media hora con sus escasos paneles informativos (y solo con ellos, porque varias de las vitrinas estaban mal iluminadas), con su estilo, perspectiva y selección de contenidos (títulos refraneros, socio-lingüística,
10
la picaresca de las falsificaciones, el endiosamiento de acuñar tu semblante en moneda...), que me parecieron mucho más juguetones de lo habitual; quizá fuera por cansancio, pero los paneles del resto del museo me parecieron algo más sosos o estándares, quizá incluso impostadamente solemnes«Expresiones que utilizamos hoy en día, en ocasiones sin conocer su significado, tienen su origen en aquellos motes populares: «estoy sin blanca», «no vale una miaja (fracción de dinero medieval)», «eres la caraba»... La calderilla alude a la extracción de láminas de calderos para acuñar moneda de escaso valor o fraccionaria. [...] ¿Y el euro?» Contante y sonante
11
, aunque a ratos contuvieran versos realmente bellos («Con la primera palabra nace el miedo y, con el miedo, se incendia la hojarasca del conocimiento y del olvido» Llamazares La lentitud de los bueyes 1979). En el lapidario tenían una «proyección» que me dio flashbacks pesadillescos de la mañana anterior: duraba unos 8 minutos y oscurecía toda la sala mientras un sistema de focos iluminaba distintas piezas, obligando a cualquier transeúnte que deambulara por sus pasillos a tragarse el teatrillo entero antes de continuar (que fue más o menos lo que me ocurrió cuando, tras la narración, seguí deambulando por los pasillos de la sala hasta que entró un nuevo grupo). Otra cosa que me pareció nefasta fue la audioguía: tuve que pedirle a GPT que me parseara las URL de la web porque desde el móvil no se mostraban.«La piedra permanece. Su uso para perpetuar la memoria cultural de los pueblos es una constante desde la Prehistoria hasta nuestros días. Su presencia sólida, contundente, su material en apariencia inalterable, ha sido y es refugio del ansia de inmortalidad del hombre y sus realizaciones. En ella se han encarnado nuestros principales monumentos, esos artefactos concebidos para superar las barreras del tiempo y de la muerte.
La invención de la escritura perfeccionó la transmisión de la propia herencia cultural. Este nuevo y decisivo instrumento de comunicación consiguió que tal legado fuese más explícito, más riguroso (a pesar de su parcialidad, pues quien escribe no puede evitar serlo)...»
No te digo que no, pero cielos; fina es la línea que separa a la poesía de la cursilería.
Por obvio que parezca, una de las cosas que más me sorprendió cuando comencé a viajar por España fue que los museos homónimos a la ciudad fueran siempre sobre su historia, y también lo similares que eran entre sí, aunque siempre hubiera alguna vitrina o sala que destacara más aquí o allá. Esa repetición con pequeñas variaciones es en sí interesante (e.g., tardé varios museos en entender los exvotos o la conexión entre «moler», «molino» y «piedra ligeramente cóncava», acostumbrado a entender «molino» como la imagen externa de un molino de viento), pero también puede ser a ratos aburrida y no creo que merezca aquí una crónica.
12
Destacaría las piezas listadas en su audioguía «El final del Mundo Antiguo» (link), la variedad de formas de los Cristos y la expresividad de los rostros de varias piezas como La Quema de Libros (de San Gregorio Magno) de Juan de Juni, Cabeza de San Francisco de Asís de Carmona o Joven lectora en la mecedora de Enrique Dorda. Piezas como Santa Lucía sacándose los ojos (link), ángeles sirviéndose la sangre de Cristo (link) o el franciscano zombie (San Francisco sostenido por ángeles de Abarca) son un buen recordatorio de que el gore y el BDSM son algo muy católico. Me gustó el detalle/homenaje de Carlos Álvarez Cuenllas Fregona 2008, y la vara de cuentas (link), que me remonta al hueso de Ishango y similares.Guardando las distancias, algo parecido puedo decir del resto de museos, catedrales y demás puntos turísticos, por lo que, para no eternizar este diario, intentaré ser breve. Insisto, mi recomendación es explorar sus colecciones a través de sus respectivas webs, Maps, Google, etc.
5.3 Bodega Regia (1956)
A las 13:10 salía del museo, y 20 minutos después entraba en el Restaurante Bodega Regia, donde comí unas lentejas exquisitas (creo que es la primera vez que pruebo un chorizo que genuinamente me gusta), una carrillera bien (algo cara, teniendo en cuenta que las he comido mucho mejores) y una tarta de castañas con chocolate caliente que ni fui ni fa (la curiosidad mató al gato).
El camarero veterano era un amor de persona. Le comenté que había oído que la trucha era típica de la gastronomía leonesa, y me aclaró que esos eran tiempos pasados, que siguiera con mi primer instinto de pedir la carrillera en vez de pescado. Noté mucha complicidad suya con otros clientes. En una mesa, le alabaron por su trayectoria como corredor: por lo visto, seguía pisando la pista, pero menos, debido a la edad y a la quimio por la que estaba transitando; cruzamos una mirada. En otra mesa, risas por motivos que ya no recuerdo, risas que también me sirvieron en mis labios. No sé si por algo de ello o por la pequeña propina que dejé, cuando ya estaba cruzando la puerta me invitó a volver y me regaló una cuchara de madera con motivo del 70º aniversario del local.
5.4 Casa Botines de Gaudí
A las 14:45 ya estaba en Casa Botines, que me pareció sosamente musealizada. Para empezar, apostaría a que la audioguía (con fecha de hacía unos meses) estaba redactada con IA (link): contenía pasajes prácticamente repetidos o incluso de relleno, sin aporte ninguno; una prosa tan biensonante como vacía, que ni los peores fragmentos del Museo de León. Si tuviera que repetir, optaría por la guía humana, que además incluía salas extra.
Para seguir, comparado con la maravillosa recreación de la vivienda original que ofrece la visita virtual (que creo que refleja el estado anterior del museo), el contenido en sí de esa primera planta también me resultó decepcionante: salas medio vacías con elementos mal integrados (salvo contadas excepciones), como sillas en expositores, máquinas de escribir, réplicas y otros enseres dispuestos como en el éter (con una artificialidad y torpeza que no se merecía el espacio), planos del edificio junto a un discurso glorificando su reforma...
En cuanto a la segunda planta sobre Gaudí... reconozco que el trencadís estaba brillantemente explicado, pero la explicación se alargaba sin aportar nada nuevo, por ejemplo. También es verdad que, habiéndome criado en Barcelona, buena parte de lo que contaban ya me resultaba familiar.
Todo ello, por supuesto, sin menoscabo de que se tratase de una edificación formidable (con notable sistema de ventanas exteriores, minuciosamente explicado en uno de los vídeos del recinto
13
) de historia atípica (preciosa la anécdota de guardar los planos en el San Jorge). Y un aplauso también por su trabajo de digitalización en colaboración con Google (link)5.5 Museo San Isidoro
A las 17:20 salí para el Museo de San Isidoro, en el que no se podían hacer fotos, aunque Google Maps y su web están llenas de ellas. Destaco la complejidad y la finura de ejecución del techo de la Sala del Pendón (link, audioguía), de la Escalera Prioral (link, audioguía) y de las ilustraciones de algún libro (link), aunque se publicite más el Cáliz de doña Urraca (obscena ostentación de riqueza) o el Panteón Real (apodado «Capilla Sixtina del arte románico», link; estilo que no es de mi mayor gusto). De nuevo, musealización mejorable, aunque a esas alturas ya debía estar negativamente condicionado: muy artificial la sala sobre el parlamentarismo, por ejemplo.
5.6 Noche de flamenco
A las 18:50 salía con un tremendo dolor de cabeza (que me había ido creciendo desde la comida), posiblemente por estar tanto tiempo bajo el sol el 12 (pasé el test de Federópticos, así que nada grave). Tras tomarme un ibudol y tumbarme un rato en el hostal, tuve que salir a comprarme un nuevo antifaz y unos tapones para los oídos (por lo visto, el servicio creyó que mi cama se había liberado y los tiró; desorganización «all the way down», León).
Normalmente cuando viajo suelo aprovechar las noches, cuando está todo cerrado y yo agotado, para irme al cine, pero como esos días había en León festival de flamenco, aproveché y pillé entrada para Montse Cortés «Recordando a Paco de Lucía» en Centro de Interpretación del León Romano - Casona de Puerta Castillo a las 21:30. Aunque, siguiendo con la racha de caóticas desdichas, el concierto se retrasó media hora y Montse no vino (se quedó cuidando a su hijo), así que no tengo claro cuánto fue improvisado y cuánto preparado, y a menudo me cuesta distinguir cuándo el público aplaude el arrojo o la calidad, sin quitarle por ello mérito al curioso baile finalmente interpretado. Por el camino me topé con algunas esculturas curiosas, como La Familia de Manuel Díez Rollán, Las Tres Infantas de María Salud Parada Morollón y La Mosca de Eduardo Arroyo.
6 Viernes 14
6.1 Mercado y catedral
En mis viajes tengo por costumbre desayunar en el mercado con fruta, frutos secos y queso, así que sobre las 8:30 me aventuré al mercado Conde Luna, donde (a esa hora) apenas encontré una parada de fruta y una de embutido; probé el queso pata de mulo (que no me terminó de llamar la atención) y la cecina (que me gustó más de lo que me esperaba, aunque siga sin ser su mayor fan). Con dos nectarinas, 2 de 3 plátanos, 100g de queso y ~30 de 100g de cecina en mi barriga, entraba satisfecho a las 9:30 en la catedral, el primer sitio del que puedo recomendar sin reservas su audioguía (link), plenamente competente.
Las catedrales, esa inmensidad sublime y muy gótica, son siempre de lo mejor de la ciudad, aunque creo que mi favorita (quizá por sesgo de anclaje) sigue siendo la de Málaga, a pesar de no ser de las más populares ni estar protegida por la UNESCO. Sobre las particularidades de la de León, me impresionó el largo historial de reformas, y que la catedral llegase a estar a cielo abierto. Sobre sus tallas, destacar la virgen embarazada, poco representada.
La catedral tiene asociado un museo diocesano, que se paga aparte, en el que no podían hacerse fotos: como ya se habrá notado, no soy precisamente devoto, pero aun así lo recomiendo: creo que había algunas piezas muy buenas, incluyendo una Santa Catalina de Alejandría (link) que me transmitía muy buena vibra. También me sorprendió ver un Cristo de Burgos (aka Cristo de las enagüillas), de Cerezo (link): no sabía que Cristo inventó el ballet: ¡así cualquiera cree en Cristo! Destacar por último la policromía de la Puerta de la Virgen del Dado (link),
14
buen proxy de lo que debió ser la escultura grecorromana, blanqueada con la erosión de los siglos. A las 12:00 ya estaba en mi siguiente parada.De mandorla particularmente vulvosa, si se me permite. «Across medieval visual arts, this is evident in the vulva-shaped mandorlas that enclose the representations of the Virgin Mary, as seen in the selected images in the manuscript» Andal The Maternal Body as a Space 2021, «there seems to be evidence that the ancient association of this ovoid shape with the female vagina and sexuality was not forgotten in the medieval era,» Pearson Revealing and Concealing 2002.
6.2 Museo Diocesano y de Semana Santa
Reconozco que me impresionaron algunas de sus tallas procesionales, como el rostro deformado del Santo Cristo de las Injurias (Amancio González, 1995), la expresiva pose de María Magdalena de la Sexta Palabra (Manuel Martín Nieto, 2008, link1, link2) o las manos agarrotadas de Virgen del Camino, Esperanza Nuestra (José Antonio Navarro Arteaga 2022). También había un San Bartolomé muy bdsm (link), un Cristo zombie, un romano voyeur, un Dios Padre merluza..., así como una exposición temporal con tintes japoneses.
Por no saturarme de arte sacro, hubiera preferido visitar la Fundación Vela Zanetti, que encontré de vacaciones, mientras hacía tiempo para la visita guiada de las 13:00 en Pambley, pero aun así me alegro del fortuito encuentro.
6.3 Museo Sierra Pambley
Visita guiada de 1h sin fotos muy bien explicada de un caserón del 1848 (link), con poca musealización, y conservando en buena medida la decoración original; de las mejores cosas de la ciudad de León. De hecho, un par de leonesas algo abuelas alabaron el museo comentando que era una pena que no fuera más conocido (una de ellas se acababa de enterar de su existencia).
Destacar, entre otras cosas, un magistral cuadro flamenco y juguetes originales de la época perfectamente conservados por falta de uso (el propio guía comentó su sorpresa al verlos por primera vez y saber que no eran réplicas). Me encantó también lo de la chofeta para calentarse los dedos, el «despacho portátil» (a lo Gregory Kane «Travelling Cabinet» 1851, link, en el marco de la «Campaign Furniture»), el uso de materiales de peor calidad para rellenar los colchones infantiles (por los meados accidentales nocturnos), la omnipresencia de escupiteras más o menos disimuladas según la estancia, bastones-espadas, las salas diferenciadas por género y demás anécdotas.
El museo acoge además la Sala Cossío, con contenido docente fascinante de la Fundación Sierra Pambley asociado a la krausista Institución Libre de Enseñanza (1876-1939), de cuyo impulso renovador surgió la Residencia de Estudiantes de Madrid (1910); la Escuela Moderna (1901-1906) de Ferrer i Guardia, perteneciente a otra corriente, difícilmente podría ignorarla como precedente. Lástima que la visita guiada no ligara más ambas historias (el caserón perteneció a algunos de estos pedagogos) ahondando en los principios e innovaciones de la ILE, al estilo de la visita del MeL. (La sala no la visité hasta el 15 a las 17, pero lo anoto aquí por consistencia.)
«Al igual que en el taller de carpintería, en el de cerrajería los alumnos percibían una remuneración por los trabajos para particulares. El mismo Don Paco encargó algunos, que insistió en pagar.La Sección de niñas incluía Ampliación de Instrucción Primaria y corte y confección, formación que permitía a las alumnas acceder a los estudios superiores de Magisterio o Comercio.»
6.4 MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León)
Camino al MUSAC pasé por la Explanada de los Pendones Leoneses, los Jardines de la Cruz Roja (con enternecedores murales) y la Glorieta del Avión, comiendo en Sinestesia, de estilosa cubertería; tomé una deliciosa ensalada y una carrillera muy similar a la de Bodega Regia por un precio mucho más módico. Como MUSAC no abría hasta las 17 y el lumbago me estaba matando (como siempre que viajo), me regalé un masaje en Space Of Peace and harmony de Ana del Mar; tras esa noche no me volvió a doler.
Figura 27: La filosofía de mis sueños (oníricos) + Rebecca Swan estuvo aquí
Junto con la catedral, para mí los museos de arte contemporáneo son un imprescindible y usual estrella de cualquier ciudad, aunque también sean una absoluta caja sorpresa. En el menú de ese día tenían algunas visiones de Detroit por Jordi Bernadó (1999) y de Ciudades efímeras por Sergio Belinchón (2001) bastante impresionantes (aunque quizá ya algo vistas
15
), el sugerente extrañamiento de Concha Pérez Solar con sofá 2002 (link), Alexander Apóstol Residente pulido. Ranchos 2003 (link), Enrique Marty Padre y madre 2001 (link) o Sawa Dwelling 2002 (link), la delicadeza de Mitsuo Miura Brisa de verano 1990 y la bastedad de Lara Favaretto Gummo II 2007, el sentido compositivo de Elena Fernández Prada Vivienda rural 2001 (link)... Había una obra de Fontcuberta (Googlegramas 2005), algo floja/manida para mi gusto comparada con su Herbarium o Fauna (1982-1985, link), que dialoga con Něco z Alenky 1988, la criptozoología (Heuvelmans 1955) y los hoaxes. Muy recomendable también el trabajo de Maté (link) y chocante la propuesta de Tiravanija Caravana 1999:No sé si será su caso, pero es curiosa la posición del pionero: creas un nuevo paradigma, te imita todo quisqui, y de repente el rompedor innovador es indiferenciable de sus clones.
«A modo de epílogo a este recorrido por la Colección MUSAC, esta obra constituye una invitación a experimentar el museo de manera diferente. Tiravanija construye un hogar temporal en la sala, descontextualizando tanto el espacio doméstico como el expositivo. Por sí sola, la estructura es una cáscara vacía; el salón y la cocina necesitan habitantes para cobrar sentido. De manera crucial, es la decisión consciente de recrear los elementos esenciales de un hogar ordinario lo que genera estas oportunidades de socializar y convivir. Al abolir la formalidad del espacio de arte y transformarlo en un lugar para anidar, la obra plantea una última y lúdica pregunta: ¿es posible habitar el museo?»
Había una TV con VHS que me tentó, pero entre el cansancio, las horas y, por qué no decirlo, la intimidación de la institución museística, no intervine la obra, aunque en otras circunstancias fácilmente lo habría hecho. Salía del museo sobre las 19:20.
6.5 Noche de monólogo
Tras comer el plátano y la cecina que me quedaba y comprar en el Alimerka una crema de queso azul Valdeón de Garganta del Cares (Denominación de Origen Protegida) por pura gula, me pasé por el Parque Santos Ovejero, de hermosos murales (link).
Además del ciclo «Veranos Flamencos» (link), estaba en curso «Noches de humor» en Parque Quevedo (link), que se iniciaba a las 21 horas. Aunque, siguiendo con la desorganización que caracterizó el viaje, en lugar de intervenir Eva y Qué lo hizo Darío Mares, cuyo sentido del humor no resonaba mucho conmigo, aunque fue curioso escuchar anécdotas sobre los bares del centro de León y sobre el problema de la gentrificación.
7 Sábado 15
7.1 Una mañana algo decepcionante. San Marcos, centro romano, parlamentarismo y ProMonumenta
El plan original era viajar el sábado a Astorga para poder ver completo el domingo el cartel de flamenco (de 19 a 23) sin tener que recortar en el viaje a Astorga, pero el pronóstico de lluvia me hizo dudar tanto que, para cuando quise sacar el billete la noche del 14, ya no quedaban, por lo que terminé dedicando el sábado a visitar los museos menores que me quedaban pendientes (el lunes cerraban); en retrospectiva, veo que me dejé uno de los posiblemente más interesantes: el museo de arte.
Salí del hostal a las 9 (tras terminarme mi queso azul) con la intención de visitar el monumental Convento de San Marcos, que abría a las 10, no siendo consciente de que parte de sus estancias solo se podían acceder vía visita guiada no gestionada por el propio museo, y que buena parte del edificio es un hotel: la parte pública apenas se reduce a unas mínimas estancias que recorrí en una media hora; la factura de sus techos y fachada es exquisita, en cualquier caso. Por el camino me topé con la extraordinaria La Negrilla de Amancio (link), e hice tiempo entre los patos y pavos reales del Parque Quevedo. Tras encandilarme con las fuentecillas de Plaza San Marcos y su estatua de peregrino, ande para el Centro de Interpretación del León Romano (link, audioguía).
No sabría decir si es que ya estaba aburrido de tanto museo, si es que Roma y sus ejércitos (León se funda como campamento militar para el control territorial de las minas de oro astures) aún me interesa menos que el arte sacro, si es que el centro era sencillamente flojo en forma y contenido, o si tardé demasiado en encontrar el baño, pero el caso es que se me hizo un poco insufrible: mucho texto, que no me terminaba de enganchar, y pocos reclamos; la audioguía y la peli-documental (con dramatizaciones impostadas y sobreactuadas) me dieron mucha pereza, no encontraba sustancia (algo diferencial o distintivo) en nada, aunque procuré atender durante la hora que estuve allí (a esas alturas me preguntaba por qué cada ciudad tiene que forzarse a tener su propio museo romano). Lo único que me gustó genuinamente del centro fue la cartelería folclórica y las fotografías históricas.
A las 12:40 entraba en el Centro de Interpretación del Reino de León en el Palacio del Conde Luna, de idéntica sosería, aunque me impresionó alguna réplica, y el documental era ameno y contaba una historia graciosa; le dediqué unos 40 minutos.
«XXIII. Pero el siervo a quien, por testimonio de hombres verídicos, se probase que es siervo, ya sea cristiano o agareno, sea entregado a su dueño sin juicio alguno.»«XXXVIII. Ninguna mujer sea llevada contra su voluntad a elaborar el pan del rey, a no ser que sea su sierva.»Fuero de León
Para cerrar la mañana, me acerqué a Casa de las Carnicerías, sede de la Asociación ProMonumenta, donde uno de sus voluntarios me explicó (maqueta y porfolio mediante) el encomiable trabajo que hacen. La verdad es que podría haber sido interesante visitar alguno de los espacios que restauraron, pero sin la autonomía de un coche lo vi complicado. El edificio hospedaba también un par de exposiciones fotográficas en la línea del proyecto.
Comí en Entreversos un plato combinado bastante rico, ojeé la Basílica de San Isidoro (el 13 sólo llegué a ver su museo), me tomé un delicioso helado en Albany, le di unas monedas a un random para un vending, y me dirigí a mi siguiente parada.
7.2 MeL (Museo de la Emigración Leonesa)
A las 16 comenzaba la visita más espectacular de todo el viaje, que cumplía una doble función. Por una parte, explicar la «Age of Mass Migration» (migración masiva de Europa a América entre 1850 y 1914, que desde la perspectiva actual tiene un punto de ironía)
16
tomando como caso de estudio al leonés Díez, mudado a México en 1905 con ayuda de un tío (Díez, a su vez, ayudaría a establecerse en México a una sobrina suya en 1949). Por otra parte, poner en valor el edificio en sí, casona de 1925 del culto carpintero Pérez. Supongo que mi afinidad personal por ambas temáticas, y la habilidad para intercalarlas, contribuyeron a mi profundo respeto por la iniciativa, que además mantiene un entrañable contacto periódico con la familia Díez (link). España se suma a esa ola más tarde, a partir de finales del XIX; después, esa emigración se entrelazaría con los exilios políticos del XX. Respecto a las causas generales del fenómeno europeo, destacan las mejoras en el transporte (ferrocarril, barco de vapor a partir de 1870), que reducen la fricción de viajar (tiempo, precio, regularidad), las promesas de enriquecimiento del Nuevo Mundo (promesas difundidas gracias al telégrafo, los consulados... y encarnadas en la figura del indiano «haciendo las Américas»), la apertura de fronteras de los países receptores (que incluso podían llegar a financiar el viaje, cf. Recluta masiva de emigrantes andaluces y su inserción social en Argentina (siglo XIX), link), o las redes de familiares facilitando la migración en cadena (a base de pagar el billete, ofrecer estancia, trabajo...). Todo lo cual convirtió a estos viajes en una industria capitalista, generando sus propios mecanismos de incentivación.
Aunque para mí, la verdadera joya de la visita fue la guía, una auténtica bestia que estuvo una hora hablando a toda máquina, interpretando con soltura y una complicidad casi íntima un exquisito y curado guion; si un completo desconocido quisiese tratar de seducirme, no podría haberlo hecho mejor. Para más inri, la visita fue casi personalizada (solo éramos dos, y el otro apenas intervino no trivialmente una vez), envalentonándome a preguntar y profundizar sobre algún que otro detalle: la frontalidad con la que admitía que algún punto no lo sabía pero que lo investigaría me pareció si cabe aún más admirable. Por ejemplo, ante lo fastuoso del baño (en una época en la que ni siquiera eran habituales, como anotó la guía), pregunté si el propietario pertenecía al movimiento higienista, respondiéndome que no sabía bien a qué me refería con eso, y cuando reformulé mi pregunta a «¿pertenecía a la intelectualidad de la época?», sí me aclaró que era una persona de gran cultura y, sospechaban, masón, lo que respondía sobradamente mi duda (escuché la misma conexión en Pambley y en Botines). Y sobre las pésimas condiciones de los viajes transatlánticos, pregunté si había estadísticas de defunciones,
17
admitiendo que no las tenían pero que lo mirarían, lo que me llevó a preguntar si se trabajaría a bordo (a la «working one’s passage») para mejorar esas condiciones, pero tampoco me supo decirPor lo que estuve viendo después, existe regulación legal de 1889 y 1907 exigiendo prestaciones mínimas, pero estas garantías no siempre trascendían el papel («en muchas otras ocasiones los buques presentaban grandes deficiencias en su cumplimiento», link) y tampoco evitaban las frecuentes muertes entre la población más vulnerable: ««entre dos y seis niños muertos era el balance habitual de cada travesía del Atlántico», llegándose a alcanzar en el barco Fanfulla en 1889 [...] trece.» (link), «En España, en los seis primeros meses de 1889, la travesía trasatlántica se saldó con el fallecimiento de noventa niño» (link).
18
.Por Recluta masiva de emigrantes..., se me hace poco probable. Y aún menos tras leer: «En ocasiones algunos emigrantes ayudaban en la cocina a pelar, limpiar, lavar platos, haciendo su estancia más amena.» (La diáspora salmantina a los Estados Unidos de América durante el último cuarto del siglo XIX y primera mitad del XX, link). Pero claro, demostrar una inexistencia es complicado.
Por si fuera poco, tenía un tierno sentido del humor (como la propia casa), con un perfecto control del timing y delivery. Por ejemplo, y como puede verse en la web del museo (link), que admite visita virtual, varias de las salas están fuertemente musealizadas y enfocadas a público infantil, y a menudo nos preguntaba con algo de picardía si queríamos interactuar con alguno de esos elementos antes de pasar a la siguiente sala: «luego si queréis os podéis hacer el pasaporte», «aquí hay un vídeo-tutorial de bailes regionales, por si os apetece»
19
, etc. En otra, nos sacó a la antigua entrada principal del edificio asegurándonos que nos volvería a dejar entrar. Mismamente, nos preguntó casi coqueta si no veíamos nada de extraño en la chimenea (en referencia a la falta de salida de humos), y nos hizo notar la discreción del lujo (de puertas adentro, incluyendo radiadores tras armarios). No sé, había como un entusiasmo contagioso en su trinar. Por lo que hablé con ella tras la visita, el proyecto lo gestionaban ella y la directora, ambas restauradoras (la directora, además, historiadora); supongo que esa cercanía con el proyecto, esa implicación directa, ayuda.La verdad es que estuve a muy poco de ponerme a bailar.
Quedé tan impactado, que me tentó preguntarle qué más me recomendaba visitar, retomando una pregunta que nos hizo durante la visita, donde se produjo la única intervención del otro visitante, quien se marchó antes de la despedida. Me tentó incluso preguntarle si hacía algo después del curro, pero me vi tropezar un poco con mi implícito elitismo, al extrañarme por triplicado cuando me contaba que estaban realizando una investigación independiente sobre la casa sin participación de la universidad (esa institución en la que siempre tanto he creído /s), así que decidí retirarme antes de liarla más.
20
En cualquier caso, era una chica joven y guapa que debía estar acostumbrada a recibir ese tipo de propuestas y atenciones no deseadas, así tampoco era necesario sumarme a ellas, pensé recordando El contrato sexual de Carole Pateman.En mi defensa diré que he visto muchos mathematical cranks, y de ahí mi suspicacia inicial, por mucho que esté completamente a favor de toda forma de investigación desde abajo. A modo de disculpa (aunque no les pidiera explícitamente perdón por mis extrañamientos), les envié un email felicitándolas por su trabajo y por el proyecto.
Tras salir de Cossío sobre las 18, y viendo que iba a llover, fui a ver Este/Oeste en Van Gogh Cines; tuve que esperar casi 90 minutos para mi pase, pero tampoco se me ocurrieron otras opciones para resguardarme. Al salir, me comí una buena pizza en La Pampa, donde confundí al staff en la puerta con clientes.
8 Domingo 16
8.1 Camino a Astorga
Salí del hostal sobre las 8 para tomar el ALSA de las 9 que llegaba a las 9:50, abriendo el museo a las 10:30; para hacer tiempo, callejeé un poco por el Parque del Melgar, la Iglesia de Santa Colomba y Santa Ana en Puerta de Rey o el Parque infantil Museo del chocolate.
8.2 Museo de chocolate
En términos puramente objetivos, supongo que el museo era relativamente modesto, pero me gustó mucho el olor que lo impregnaba
21
y cómo estaba planteado, repleto de anécdotas curiosas: el uso del cacao como moneda y su falsificación (cambiando el interior por barro), que en el XVIII se distribuyera principalmente en farmacias y monasterios, que se considerase que no rompía el ayuno religioso, que hubiera cartillas de racionamiento por considerarlo alimento de necesidad, el prestigio social que conservó hasta el XX y su marketing, el Diploma de Honor en Alejandría de 1901 (en una feria comercial en busca de mercados internacionales), etc. A la salida del museo daban chocolate de muestra y vendían; en el pasado he hecho encargos a chocolates Alonso, pero con el calor que hacía, cualquier cosa que comprase se me iba a estropear en cuestión de minutos.Al principio creí que era el aroma natural del chocolate, pero en el baño me disparó un ambientador automático y empecé a verlos por todas partes, así que ya no lo tengo claro. En cualquier caso, bienvenido sea.
«Los cromos fueron el mejor método publicitario para el consumo de chocolates. Se encontraban dentro de cada tableta y podían reunirse en un álbum. Cada fabricante ofrecía diversas colecciones, con temáticas de innegable interés y carácter pedagógico: fauna, flora, historia, literatura, cine, geografía, religión, incluso juegos de cartas coleccionables.Las colecciones de cromos dieron lugar a una relación sumamente interesante de intercambio y comunicación social y despertaron una sana curiosidad y un afán instructivo.Pequeños cuentos de diferentes editoriales se introdujeron, al igual que los cromos, en las tabletas de chocolate. Los más conocidos fueron Los Cuentos de Calleja.A finales del siglo XIX, con una tasa de analfabetismo en España que superaba el 60%, el editor Saturnino Calleja planteó una empresa en la que pudiera acercar sus libros a la mayoría de la población. Introduce en las tabletas de chocolate los Juegos Instructivos (1876-1915) que enlazan cuentos tradicionales, biografías de personajes célebres, fábulas y pasatiempos.»«La costumbre de tomar chocolate se convirtió en un ritual social que dio lugar a vajillas especializadas que podían constituir el servicio para una sola persona, como El Solitario, compuesto por la taza para el chocolate y el vaso para beber el agua o la leche a continuación. Si era para dos comensales, este conjunto de piezas recibía el nombre de Tú y yo.También se contaba con conjuntos transportables que permitían preparar el chocolate en el momento y lugar deseado, como muestra el excepcional juego de la Chocolatera de Viaje.»
8.3 Paseíllo
A las 12 salía del museo hacia el centro, pasando por la Iglesia de San Bartolomé y la Basílica Nuestra Señora de Fátima (el contraste entre su fachada exterior simple y sus elaborados techos interiores me impresionó más que su reverso, más habitual en León), la Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, el precioso Jardín de La Sinagoga, la chocolatería La Cepedana (que no me di cuenta que era también museo), una maternidad de Castorina o los asombrosos murales relacionados con la ciudad (Astorga celebra su festival de cine desde 1998).
8.4 Catedral
Nada más entrar me dio mucha más impresión que la de León: su arquitectura más diáfana me la hacía parecer más amplia, más como la de Málaga, mientras que la de León se sentía por momentos algo angosta. La fachada exterior también me pareció más elaborada, aunque no ayudaba a León que su plaza estuviera en obras.
La visita guiada duró de 13 a 14:30, con un estilo anecdotario muy ameno, e incluía ascenso al campanario. No soy el mayor fan de los retablos, pero reconozco que el de Gaspar Becerra (apodado, cómo no, «el Miguel Ángel español») para La Capilla Mayor, y particularmente su Asunción, me dejó boquiabierto (muy bien conseguido el efecto de flotación), dedicándole el guía una buena porción de la visita. Me encandilaron también las vidrieras con diseños modernistas, las policromías de un portal de piedra, y algunos otros pequeños detalles. Mis fotografías son particularmente malas y la web oficial ha hecho un gran trabajo en ese apartado, así que remito a esta.
8.5 Cocido Maragato
Si hubiera sabido a lo que venía, ni habría cenado tan fuerte, ni habría desayunado, ni habría almorzado el chocolate astorgano; realmente entré casi sin hambre. Comí el famoso plato en Restaurante Casa Maragata II por 35€, y fue con diferencia la mejor comida de todo el viaje y el dinero mejor invertido: teniendo en cuenta la cantidad y la calidad, pagaría sin complejos 70€ por volverlo a probar. Un tomate que nada tenía que envidiar a los de mi pueblo, un surtido de carne muy variada y sabrosa (aunque no voy a negar que algunas piezas las comí un poco a disgusto: que el producto y la cocina sean excelentes no quita que haya ciertos sabores o texturas que no me gusten), unos garbanzos con col sin parangón que nada tienen que envidiar a las legumbres que comí en El Punto De La Calzada de Gijón, una rica sopa y un bizcocho. La sopa no me la pude terminar, y acabé con un empacho descomunal: lo pasé fatal durante las próximas horas, aunque de eso no tiene ninguna culpa el restaurante: antes de servirme los garbanzos ya me preguntaron si quería continuar, por ejemplo. Medallita de oro por preguntarme si quería más garbanzos cuando me los vieron rebañar: sin duda Astorga es astur.
8.6 Palacio Episcopal de Gaudí
La visita guiada de 1h comenzaba a las 17, y se me hizo un poco pesada la explicación del sótano, la parte más románica del edificio (que, como dije, no es un estilo que corteje); de hecho, varias personas terminamos pasando del guía (aprovechando que la explicación era con auriculares) y deambulando por la instalación, muy centrada en la epigrafía (lapidaria), que tampoco es que sea una temática muy de mi interés. Es más, diría que en general el contenido museográfico era más bien olvidable (aunque siempre te sorprenda alguna Águeda de Catania y demás frikadas católicas), al menos en comparación con la auténtica joya de la visita, su arquitectura, en la que también se centró el guía (de su explicación, destacar el compromiso de Gaudí por incorporar el trabajo de la alfarería local, por ejemplo). De nuevo, mis fotos no hacen justicia al edificio, por lo que redirijo a la web. Tras las explicaciones, terminé de recorrer por mi cuenta (algo aturdido y desganado) el espacio, incluyendo el jardín. En la última planta había unas gafas de realidad virtual cuyo contenido parecía buscar ante todo la espectacularidad, con escenas de armas y fuego, resultándome en su conjunto algo gimmicky, aunque tenga mérito ver el palacio a vista de pájaro.
Tras una visita express por el museo catedralicio, marchaba corriendo para el ALSA de las 19:25.
8.7 Noche de flamenco
Tras rondar un poco por la ciudad, aterricé en la Plaza Mayor, donde estaba previsto para las 21:30 un concierto de Estrella Morente, aunque como venía siendo habitual, hubo retraso; estuvo bien, en cualquier caso; de hecho, me inspiró un poema, aunque no lo escribiese hasta la vuelta de León (apenas anoté el título y un término).
Aunque mis palabras no lo acaben de reflejar, mi excursión a Astorga fue muy revitalizante y me devolvió la motivación inicial por el viaje: es cierto que nunca he estado cerca de ser un apasionado trotamundos, pero mi estancia en León me estaba dejando un sabor algo amargo, como si descubrir la ciudad no me estuviera compensando el trajín. La causa de ese renacer la sitúo en mi gusto por el chocolate y en recuperar esa sensación de inmensidad de las grandes obras arquitectónicas, pequeños templos incluidos.
9 Lunes 17
9.1 Una excursión por Los Pinos
Este fue otro de los días estrella, y de los más anticipados: como todo cerraba, preví dedicarlo en exclusiva a la naturaleza y la calle, saliendo del hostal sobre las 9.
Pasé por el Parque de la Tolerancia (con un enorme y cuco mural de animalicos, además de tags bastante brutales) y Las manos de Manuti (link), revisité los tags de Parque de la Villaescusa (donde encarné un videojuego, controlando el timing para cruzar el camino de baldosas sin mojarme con los aspersores) y redimí mi yo pasado entrando en Parque de La Granja. Accedí al río Torío por C/ Candamia y lo bordeé hasta el Parque de los Prados del Agua, adentrándome desde ahí a las 11 en Los Pinos (aka Pinar de Las Lomas, Pinar de La Candamia), creo que por la ruta de los miradores.
Anduve por un siseante camino hasta el Altar de la Virgen de los Pinos (link) y el mirador «Lomas Lejos» y luego me volví bordeando la urbanización y desviándome al «Mirador de Las Lomas TRES» (link) a las 13, donde me terminé el chocolate astorgano (del que apenas había comido tres cuadrados al comprarlo, y que se encontraba ya completamente deformado por el calor) junto con un paquete de 125g de almendras, viendo que no regresaría a la civilización hasta tarde. Bajé por un estrecho y frondoso «sendero» a Fuente del Oro de La Mora (link) y luego volví a subir a la cima por uno empinado y más árido hasta el Mirador La Candamia para volver a bajar a tierra firme (esta vez, con sumo cuidado) un poco más adelante, a la altura de la Pasarela de los Deseos que conecta con Parque de la Candamia (link), donde llegué a las 14. Tras dar una vuelta por este, con encantadores y arqueados puentecillos y un estanque, emprendí mi siguiente ruta.
9.2 Una excursión por el río
Continué río abajo, alternando de lado a lado a base de cruzar los distintos puentes, pasando por Huertos Urbanos de Ocio La Candamia, Parque del Japón,
22
Pump Track Puente Castro... hasta llegar a la confluencia del Río Bernesga y río Torío, junto al Observatorio astronómico municipal Pedro Duque. Atravesé el Torío por el río (mojándome un poco los pies) con la idea de cruzar desde ahí el Bernesga, pero tras «increparme» unos obreros con «cómo narices has entrado aquí, no puedes estar aquí» o algo parecido, y tras bordear la obra por el río creyendo que encontraría alguna conexión, tuve que desistir. Me planteé cruzar por alguna de las presas naturales, pero no terminaba de conseguir acceder a ellas (era un terreno complejo y frondoso) para evaluar su riesgo (no tanto por mí, sino por el móvil), y como había quedado a las 17 cerca de Quevedo para un masaje de pies (para ver si me aliviaban como con el lumbago) y eran ya las 15:50, claudiqué ante las bolsas de seda de oruga.«Alégrate, porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora», se lee bajo su Torii; por lo visto, en 2016 se inauguró La ruta del conocimiento como hermanamiento entre León y Japón (lanuevacronica).
9.3 Masajista
Finalmente llegué a tiempo a mi masajista, un hombre entrañable (que hacía precio especial a peregrinos) a punto de jubilarse. Cuando comenté que qué lástima, que su clientela debía estar muy triste por ello, me respondió que ésta (que decía incluir colegas de profesión) estaba mal acostumbrada: cuando no podía atenderlos, le aseguraban que no había otro como él. Tampoco tuvo aprendices ni creó escuela, aunque pudiera haberlo hecho, aclaraba.
Le advertí que tenía los pies mojados debido a mi extraña aventura, y me respondió que «para bicho raro, yo», relatándome todo tipo de anécdotas. Contaba que se recuperaba de sus esguinces nadando (era entrenador); que curó en una boda reciente un par de dolores de cabeza masajeando la nuca; que había aprendido de un coreano a masajear con ropa (sin pérdida de calidad); que en un evento deportivo en el que participaba como masajista para atender a las lesiones le habían acusado de intrusismo laboral por no tener el certificado, pero que lo avaló el médico del evento por considerarlo el mejor, acordando que le derivaría los casos más graves; etc. Me habló también de las dificultades de enseñar natación a menores que no quieren aprender y de lidiar con familias que consideraban sus métodos demasiado estrictos; de las quejas y halagos que recibía por su forma de nadar y de sus rutinas de natación (hacía 2500 m diarios, si recuerdo bien), etc. Me precisó además que mis pies no eran del todo planos (algo debieron hacer las plantillas médicas de mi infancia), pero que en efecto el callo del pie lo tenía desplazado respecto de la norma, recomendándome usar plantillas.
Me llamó la atención que me hablase mientras me masajeaba, a veces incluso parando para cruzar miradas; nunca me había ocurrido algo así. Ni que me «retuviesen» (gratamente) a la salida para charlar porque odiaba la parte burocrática de su trabajo.
Aunque al momento me alivió mucho el dolor general de las plantas, este me empezó a volver al levantarme, y no desapareció como por arte de magia al día siguiente, como sí me ocurrió con el lumbago. Supongo que no puedo pedir milagros (como él mismo me advirtió), teniendo en cuenta la inadecuación de mi calzado y las horas de trote. Por otra parte, desde hacía unos días tenía un dolor raro e intermitente en uno de los empeines, y eso no lo identificó ni, por extensión, trató específicamente: no pensé en avisarle porque creí que sería evidente al tacto de un profesional. En su defensa, me regaló otros quince minutos de masaje («mejor eso que el papeleo»). La tarifa era de apenas 30€, pero le di 50, que sigue siendo menos del precio habitual.
9.4 Barrio La Lastra y algunos parques
Tras el descanso, sobre las 18:30 volví sobre mis pasos por el Paseo de la Condesa y de Papalaguinda para disfrutarlos con más calma, y me adentré en el Jardín del Chantre, quizá el parque más hermoso de la ciudad, en el que deambulaban patos e (inesperadamente) gallinas en torno a un pequeño estanque. Proseguí por el Parque de los Reyes de España, el Parque Luis Vives y di un rodeo por el joven barrio de La Lastra, urbanizado entre 2004 y 2011 con el boom inmobiliario, retomándose sus obras en 2024. Con la crisis, el proyecto había quedado inconcluso: donde en Maps se leía Jardín de Lisboa, de Praga, Londres, Estocolmo..., lo único que se veía eran enormes y asalvajados solares. Ni siquiera las partes aparentemente terminadas, tan vacías, tan sobredimensionadas, daban la sensación de estar completas: ¿cadáver o bebé, quién lo distingue? Destaco del barrio la glorieta Intramuros (link), el Parque de la Cámara de Comercio de León (con un impresionante mural de dibujos animados, link, y el conjunto escultórico Los cuatro elementos, link) y el Parque de la Participación Ciudadana (con unos fabulosos murales, unos inesperados sofás y una peculiar escultura, Sueño Reflejado en el Tiempo, link).
Para ir cerrando mi día, me acerqué al Parque Virgen del Camino, donde me comí una buena empanada sobre las 21 y los pájaros se pusieron como locos. Y desde ahí, pasando por la Fuente de Santa Ana (link), los Jardines de Anastasiia, el ajedrez gigante de Parque Infantil Corte Inglés y los tiernos murales de CEIP San Claudio, me retiré a la sesión de cine de las 22 (en la sala solo estábamos yo y dos chicas, y la peli era medio erótica; espero que mi presencia no les aguara mucho la fiesta).
10 Martes 18
10.1 Una serie de catastróficas desdichas
Cuando me desperté, me encontré a gente durmiendo medio embalsamada, enrollada en sus sábanas como si fueran momias o bolsas de cadáver; no tengo claro si por pudor, o por frío. Me chocó un poco, considerando que yo pasé calor; posiblemente por la cena copiosa, teniendo en cuenta que ni siquiera estoy demasiado acostumbrado a cenar.
Me acerqué al museo egipcio a las 10, cuando se suponía que abrían, pero tras esperar unos 15 minutos y curiosear en el colegio de arquitectos aledaño, desistí. Luego pregunté por la visita guiada del centro romano, ya que solo a través de esta se podía acceder a dos de los restos romanos de la ciudad, pero como me dijeron que duraba toda 1h en el propio centro y solo media hora (incluyendo desplazamiento) en solo uno de dichos restos (porque el otro estaba temporalmente cerrado), se apagaron mis tibias ganas. El día anterior había escrito a Space Of Peace preguntando por otras de sus modalidades de masaje (la vi buena profesional, y me dio curiosidad), pero me respondió que estaba de vacaciones, así que esa chispa tampoco prendió. También vi el lunes que el martes cerraba un restaurante con una estrella Michelin al lado de mi hostal (con un precio del estilo de la Bodega Regia) y La Factoría Vegana Restaurante
23
. Ante todo esto, y tras echar una breve ojeada a la cafetería-librería Tula Varona, tiré hacia Parque Quevedo, con la idea de continuar mi ruta de ayer río arriba, llegando a este a las 11:20. En retrospectiva, si en verdad quiero incorporar la gastronomía a mis viajes (como le arguyo a mi madre para no contentarme con un bocata DIY vía súper por ahorrar, aunque algunas de las cosas más autóctonas que comí en el viaje fueron justamente de tienda), debería planificar mis comidas lo mismo que los museos, vigilando días y horas de apertura y haciendo reservas, pues más de una vez me echaron del local por falta de hueco.
Pero no debí escoger bien la orilla del río (que iba alternando), pues salvo por contados tramos, no fui capaz de recorrerlo bordeándolo: casi siempre circulaba tras los árboles que lo perfilaban, desprotegido ante un sol pletórico: sorprendentemente, no fue hasta ese día que me quemé la nuca y los antebrazos, probable causa de la profunda fatiga que me asoló desde el mediodía. Frustrado, traté de incursionarme por hoscas sendas en busca del secreto pasaje al misterio, en cuyas disimuladas charcas mis pies se ahogaron; caminos sin salida que me obligaron a trepar paredes casi verticales de tierra quebradiza. Mejor, supongo, porque cuando momentáneamente tocaba a la ribera, esta me devolvía una sucia mirada: latas, pilas, condones usados y toda clase de inmundicia cubriendo sus hombros. Una lástima: me viene a la memoria el íntimo paseo del Eresma que bordea el Alcázar de Segovia, que no veo por qué no podría reproducirse en León; o sea, aunque disfruté de la ruta del lunes por los ríos (y sospecho que su confluencia es una perla de la que gozan pocos pueblos), en su conjunto, y en comparación con tantos otros ríos por los que he circulado, y por mucho que las vistas desde sus puentes cosquilleen mis adentros, he de desprenderme aquí de otro quejido.
Sea como fuere, a las 12:20 cruzaba el puente para proveerme en Espacio León, antes de adentrarme no sabía muy bien dónde, sospechando que ese día tampoco comería en mesa. Caí en la tentación de un buen kebab de falafel con queso, y seguí marchando río arriba por intrincados caminos (si se me permite la hipérbole) de piedra, arena y árboles caídos. A las 13:10 topaba con un campo de golf que me desincentivaba continuar por ahí, así que abandoné el río para atravesar la urbanización Santa Engracia y los «Corrales de la Media Legua», confiando encontrar en ello una apertura a la Cima del Monte San Isidro. Nuevo error: el paraje no solo era desolador, propio de una peli de terror, sino que estaba completamente vallado —¡poner puertas al campo, qué ideas!—, incluida la puerta de entrada —¿tú también, hijo mío? Hasta el monte me falla hoy—, por lo que tuve que deshacer mis pasos para recorrer, siempre a sol descubierto, la carretera Carbajal (que se me hizo eterna, teniéndome que sentar a descansar, mi cuerpo y mi moral, en la parada de bus) hasta llegar a la entrada principal (junto a Residencia de Mayores GeneSenior León), que alcanzaba a las 14:15. Tras rellenar mi botella de agua, me volví a sentar en la sombra, cosa que seguiría haciendo a lo largo del día de manera más recurrente y prolongada de lo usual: estaba genuinamente destrozado. Y me resultaba muy extraño, porque normalmente en mis viajes lo que me limita físicamente es el lumbago y los pies, pero estos no los tenía tan mal gracias a los masajes, haciéndome muy difícil entender y aceptar el origen del agotamiento, de la languidez que caracterizó el andar del resto del día.
10.2 Parque Público Monte San Isidro
Creo que llegué demasiado cansado para apreciarlo: en mis viajes, suelo evitar el uso de todo transporte con el fin de obligarme a callejear los espacios liminales menos turísticos que siempre terminan por sorprenderte con anécdotas, pero ello acarrea también un coste.
Sea como fuere, había algo de inquietante, como en La Lastra, en contemplar un parque infantil tan grande en un monte tan extenso y prácticamente desierto: ¿para quién, aquellas señales a lo largo del camino batido? En la entrada, dos personas, y en el fondo, con una cámara profesional colgada, otra, que encontré removiendo un barrizal entre cuatro árboles cintados: si no fuera porque luego la vi haciendo fotos al parque infantil, hubiera pensado que era la guardabosques o algo así, y no una simple curiosa como yo. Me tentó hablarle, porque lo del barrizal era un tanto intrigante, pero en su lugar me senté en un banco cercano: de verdad que no podía con mi alma; y como el sol estaba tan vertical (por la hora), la sombra no era tanta como la esperable para esa densidad de árboles.
El monte incluía una ruta de esculturas, pero no ofrecía acceso a los Jardines del Hospital Monte San Isidro ni al Parque Monte del Cueto del Moro; vayas a donde vayas, vallas. Siguiendo la carretera Carbajal por dentro del monte, sí pude acceder a la parte sur y a su cima, en cuya zona me encontré a un saltarín cervatillo (que supongo que explica el porqué de tanta valla, teniendo en cuenta que el monte está lamentablemente rodeado de coches, cuyos ruidos penetran molestos en él) y a un enorme dildo negro pendulandose sugerentemente que, al acercarme, resultó ser un anti-plagas: los oasis, ya se sabe. Cómo no, en la vuelta (por un espacio que creí en origen inaccesible por las vallas) me encontré también en este parque a un tipo medio desnudo, aunque este ni corría, ni te hacía correr.
10.3 Baja el telón
A la salida del parque sobre las 18 me compré una bandeja de cuatro plátanos, que fui comiendo por el camino, y una empanada, que me senté a comer junto a un hormiguero: dejé un momento a mi espalda el cartón grasiento, y al recogerlo al finalizar para tirarlo ya estaba completamente recubierto de hormigas.
Con suma lentitud recorrí el camino de vuelta, parando en La Vianda de León con la idea de llevarme a casa algún producto típico, que finalmente terminaría comprando al día siguiente en La Casa del Embutido: unos imperiales y unos nicanores.
El planning de esa noche era una zarzuela en la estación, pero me confundí de estación y terminé llegando unos 15 minutos tarde. Por suerte, era una antología, así que pude engancharme sin problemas, aunque me costó mucho entender la vocalización. En origen, la tarde del 18 iba a ser mi día de vuelta, pero la alargué por la zarzuela. En retrospectiva, tanto por esta como por el día en general, no tengo claro que esa fuese una buena idea.
11 Miércoles 19
De 9:45 a 10:30 estuve curioseando un poco por la biblioteca, otra de las cosas que suelo hacer en mis viajes; en la sección de mates, descubrí una curva arácnida (archive). Visité el museo egipcio (maps), que no permitía fotos y parecía más bien una colección privada; aplausos por su exposición fotográfica y algunas de sus piezas, como un estilizado Ibis. Terminé también de visitar algunos parques, encontrándome un tierno homenaje a los donantes de sangre (maps) y una inesperada réplica de la armadura de la escalera del palacio de Enrique II (S. XIV), y ojeé algunas tiendas de cómic: Elektra tenía un rinconcito con exposición de arte local, y Nivel 13 mesas para partidas de juegos de mesa con surtido a disposición. No las he ido citando, pero hay muchas otras tiendas con encanto por la ciudad, como Mr. H. La parada del coleccionismo, taller Telaraña Cartón Piedra, El escribrano, La Cacharrería, Artesanos Leoneses - Restauración de Antiguedades, Creación Artesanías.Exposición - Venta... Y bares con nombres tan peculiares como Los cazurros.
El último día siempre es un poco extraño, siempre atento al reloj. Comí a las 12:50 en Casa Chus y me fui a dar una vuelta por el barrio tras la estación, descubriendo otro museo que se me había pasado, El Palacín, además de muchos murales, que voy a omitir por brevedad. Para quien tenga curiosidad, la colección fotográfica completa puede consultarse aquí.

























































































































































































































































Comentarios
Publicar un comentario
El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.