Ideas para una camiseta: salvaje, máquina; ese soy yo

Idea inspirada en una conversación con Encar González Gall: "You are somewhere in between the savage and the machine"

Esto último es un retículo matemático: wikipedia

Como alternativa, quizá se podría cambiar machine por computer/ordenador y usar una estética más matrix para dicha palabra (rellenando las letras con 0s y 1s verdes). O robot.
Para savage, quizá una estética más de herrumbre y yedras connotaría mejor la idea de dejadez y primitivismo, como en la siguiente escena de Aniquilación de Jeff VanderMeer (2014) con la que resueno un tanto:


"Mi norte magnético, el sitio en el que siempre pienso cuando la gente me pregunta por qué me hice bióloga, es la abandonada piscina de la casa de alquiler donde viví de pequeña. Mi madre era una artista crispada que alcanzó cierto éxito, demasiado aficionada al alcohol y siempre pendiente de encontrar nuevos clientes. Mi padre, contable subempleado, era especialista en urdir estrategias para enriquecerse tan deprisa que solían acabar en nada. Ambos parecían carecer de la facultad de concentrarse en algo durante cierto período de tiempo. En ocasiones era como si me hubieran insertado dentro de una familia en vez de haber nacido en ella.

Aunque la piscina con forma de riñón era tirando a pequeña, nunca tuvieron voluntad ni interés en limpiarla. Poco después de mudarnos, la hierba que la rodeaba ya estaba crecida. Las juncias y demás plantas altas empezaron a destacar. Los arbustos bajos que delimitaban el contorno de la piscina se lanzaron a cubrir la valla metálica. Creció musgo en las grietas de las baldosas de alrededor. El nivel del agua, alimentado por la lluvia, aumentó deprisa, y la superficie se fue espesando de algas. Las libélulas recorrían la zona a todas horas. Se instalaron algunas ranas toro y sus renacuajos, aquellas manchas informes que se retorcían, se convirtieron en una presencia constante. Insectos zapateros y escarabajos de agua empezaron a adueñarse del lugar. Cuando mis padres me dijeron que me deshiciera de mi acuario de agua dulce, eché los peces a la piscina y algunos sobrevivieron a la impresión. Aves locales como garcetas y garzas reales hicieron su aparición, atraídas por ranas, peces e insectos. Por algún milagro, también se pusieron a vivir en la piscina unas tortuguitas, aunque no tengo ni idea de cómo llegaron allí.

Meses después de instalarnos, la piscina se había convertido en un ecosistema. Yo solía entrar despacio por la portezuela de madera y lo observaba todo desde una silla oxidada de playa, que había colocado en un rincón apartado. Pese a un intenso y justificado miedo a ahogarme, siempre me encantó estar cerca de masas de agua.

Dentro de casa, mis padres hacían las típicas cosas con que acostumbra ocuparse la gente en el universo humano, algunas de ellas ruidosamente. Pero yo me perdía con facilidad en el microcosmos de la piscina. Inevitablemente, mi atención se blindaba ante las absurdas reprimendas de mis padres sobre mi timidez crónica, con las que creían convencerme de que aún mandaban ellos. Yo no tenía suficientes amigos (o ninguno), me recordaban. Y no parecía esforzarme. ¿Por qué no me sacaba algún dinero con un trabajo por horas? Pero cuando les expliqué que en varias ocasiones, perseguida por matones, había tenido que esconderme, cual reticente hormiga león, en el fondo de los hoyos de grava que había por los campos abandonados cerca de la escuela, se quedaron sin respuesta. Como el día en que, «sin motivo», le di un puñetazo a una compañera que me saludó en la cola del comedor.

Y así continuamos, cada cual aislado en sus propios imperativos. Ellos tenían sus vidas y yo tenía la mía. Lo que más me gustaba era fingir que era bióloga, y fingir conduce a menudo a ser un duplicado razonable de lo que estás imitando, aunque solo sea desde lejos. En varios diarios apunté mis observaciones sobre la piscina. Aprendí a distinguir a cada rana por separado —al Bultos del Saltimbanqui, tan distintos— y en qué meses invadían la hierba sus pequeños revoltosos. Supe qué especies de garza volvían todo el año y cuáles eran migratorias. Los escarabajos y las libélulas eran más difíciles de identificar y me costó más intuir sus ciclos, pero aun así me apliqué en intentar entenderlos. A todo esto, evitaba los libros sobre medio ambiente y biología: antes quería descubrir la información yo sola.

De ser por mí —hija única y experta en el manejo de la soledad—, mis observaciones de aquel paraíso en miniatura se podrían haber eternizado. Hasta improvisé un artilugio que se componía de una linterna y una cámara sumergibles, que pensaba hundir bajo la oscura superficie para sacar fotos mediante un alambre largo conectado al disparador de la cámara. No tengo ni idea de si habría funcionado, porque de pronto me quedé sin el privilegio del tiempo: nuestra suerte se agotó y no pudimos seguir pagando el alquiler. Nos mudamos a un apartamento pequeño que quedó repleto de cuadros de mi madre, que para mí eran como papel pintado. Uno de los grandes traumas de mi vida fue mi preocupación por esa piscina: ¿acaso los nuevos inquilinos sabrían ver su belleza y su importancia y la dejarían tal como estaba, o bien la destruirían en aras de su verdadera función?

Jamás lo averigüé, pues no soportaba la idea de volver, aunque tampoco olvidé la riqueza de aquel sitio. Lo único que pude hacer fue mirar adelante y aplicar lo que había aprendido observando a los habitantes de la piscina. Y nunca miré atrás, para bien o para mal. Ni aunque el presupuesto de un proyecto se agotara o la zona que estudiábamos se vendiera de repente para ser urbanizada, jamás regresé. Hay ciertos tipos de muerte que no se nos pueden pedir que revivamos; ciertas conexiones tan profundas que, al romperse, sientes el chasquido de aquel vínculo en tu interior.

Al descender por la torre, volví a percibir, por primera vez en mucho tiempo, la emoción del descubrimiento que había experimentado de niña. Pero, a la vez, esperaba aquel chasquido."


PS.



No debe leerse como "savage machine" sino "savage, machine": el cambio tipográfico pretende hacer de diacrisis tipográfica (como en ciertas normas de citación de bibliografía). La colación del "that's me" en medio busca capturar la idea original del "in between" vía diseño.



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