Me faltan ojos para mirarte

Me faltan ojos para mirarte
las manos acariciando al aire
mientras todos tus brazos lo envuelven,
retuercen, remueven, ¡enloquecen!;
un gran mareo de lucha libre,
un fino ritmo que entreteje.
Y en cada uno de tus dedos,
fractal, se replica tu cuerpo,
danzar, como quebrado trueno.
Y gira sin parar tu muñeca,
como giras tú sobre cadera;
eres un péndulo doble, triple...
eres el caos hecho materia.

Me faltan ojos para mirarte
de tus cien pisadas el patrón,
un perverso juego de enredos:
alante, atrás, punta, talón,
derecha, izquierda, salto, vuelo...
Sobre este rito, qué misterio,
el fuego secreto que despierte.

Me faltan ojos para mirarte
tus esqueletos en movimiento.
Siete, catorce, veintiocho,
cincuenta y seis pies al unisono,
encarnan tu duende etéreo.
Hipnóticas bestias de arena,
velos al viento de ensueño.

Me faltan ojos para mirarte
como coordinas tus partes,
aquel tacón con esa palma,
ese retirarse y acercarse.
El ondear de tus faldas y capas,
de tus melenas, rizos y sombreros.
La dureza de una mirada aquí,
y languidez o complicidad allí;
mil expresiones y muecas y rostros
para los que, qué triste, qué triste,
me faltan ojos para mirarte. 

Al Conservatorio De Danza José Granero y sus galas de danza

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.

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