Huelga General por Palestina del 27S - Lectura del Manifiesto de CNT en Ciudad Real

(cortesía de RRB de soli)

Hay una fecha mal leída (Qana 1996, no 1993) y hacia el final me quedo sin saliva y empiezo a leer bastante regular. El texto puede encontrarse en ciudadreal.cnt.es, que es una versión simplificada del que aquí publico. Reitero mi agradecimiento a Solidaridad Obrera, que inició las conversaciones con CGT y CNT hace ya meses para esta convocatoria de huelga, que en mi empresa hemos secundado al menos 14 personas.

Cubrimiento en los medios locales: miciudadreal, lanzadigital, imas tv.

Grabación integra de la concentración:



"Los Estados deben revisar de inmediato todos los vínculos diplomáticos, políticos y económicos con Israel, incluidos los negocios y las finanzas, los fondos de pensiones, las universidades y las organizaciones benéficas [...] un embargo de armas, el fin de todas las demás actividades comerciales que puedan perjudicar a los palestinos, y sanciones específicas, incluidas congelaciones de activos, a individuos y entidades israelíes involucradas en la ocupación ilegal y políticas de segregación racial y apartheid". CIJ 7/2024

Para sobrevivir, el capitalismo necesita del colonialismo, el imperialismo y el militarismo; esa era la conclusión de Rosa Luxemburgo en La acumulación del capital de 1913. Y en efecto, la historia nos ha mostrado la dolorosa lucidez de su pensamiento, como puede constatarse, por ejemplo, en La exportación más letal de EE.UU.: la democracia de William Blum, 2013.

Hagamos un breve repaso cronológico. Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido promete al emir de La Meca reconocer un Estado panárabe independiente a cambio de su ayuda militar contra el Imperio Otomano en el conocido como compromiso McMahon, y el emir accede, siendo su colaboración un factor importante para la victoria británica. En paralelo, se establece el acuerdo Sykes-Picot entre Reino Unido y Francia repartiéndose las áreas de influencias en Próximo Oriente, ignorando el compromiso anterior. El Reino Unido asume el control de facto de Palestina en 1917, año en el que para más inri publica la declaración Balfour que inicia el proyecto político-sionista del etnoestado moderno de Israel, el cual nada tiene que ver con el Israel bíblico.

La revuelta árabe de Palestina de 1936 a 1939 hace evidente la incompatibilidad entre estas promesas; así lo reconoce el informe Peel de la Comisión Real Británica a 1937, en el cual se deja claro que el proyecto de Israel es inseparable del colonialismo de poblamiento, con la progresiva ocupación de tierras y desplazamiento de población local, y se recomienda la partición en dos Estados. El sionista revisionista Jabotinski, en La Muralla de Hierro de 1923, es aún más claro: el proyecto de Israel necesita para su culminación de la violencia contra la población local.

Para lidiar con esta cruda realidad, y como reconoce abiertamente la Jewish Palestine Exploration Society de 1917 ya en 1943 (cf. Abu El-Haj Facts on the ground: Archaeological practice and territorial self-fashioning in Israeli Society 2001), se decide instrumentalizar la arqueología en pos de dar legitimidad religiosa y cultural a los avances militares del nuevo Israel (borrando por el camino el patrimonio palestino), hasta el punto de que el general israelí Amir Drori funda y deviene primer director de la Autoridad de Antigüedades de Israel; los paralelismo con el nazismo o el racismo científico se hacen evidentes.

Nazismo que aceleró el éxodo judío hacía Palestina ante la negativa (en la conferencia de Evian de 1938) de países como EEUU a aceptar refugiades, haciendo aun más insostenible la situación. En 1947 la ONU propone una división del territorio en dos Estados independientes y pide la disolución del Mandato británico de Palestina, pero la población árabe rechaza esta legitimación de Israel. Las tensiones escalan y se sucede una guerra civil árabe-israelí que desencadena el desplazamiento forzoso de la población local en la llamada Nakba; desplazamiento que se creyó temporal, y de ahí que las llaves de sus casas sean un símbolo de resistencia palestina.

Es importante detenernos aquí en el origen último del susodicho éxodo judío: el antijudaísmo occidental, que es casi tan antiguo como el propio judaísmo. El caso Dreyfus de 1894, en el que se acusó falsamente a un oficial judío del ejercito francés de espionaje y se le condenó a cadena perpetua, fue para Theodor Herzl la gota que colmó el vaso, llevándole a proponer en 1896 la creación de un Estado judío que sirviera de refugio al antisemitismo europeo. Esa es la tremenda ironía del apoyo occidental a Israel, apoyo que nos intentan vender como solidaridad con el pueblo judío, cuando hoy, como en 1938, en realidad nos están diciendo: «judíos sí, pero fuera de mi país». Porque el imperialismo capitalista es también inseparable del racismo, porque nuestra lucha debe ser internacional e interseccional. «No en nuestro nombre», dicen múltiples colectivos judíos condenando las acciones Israel, como los judío-palestinos de Neturei Karta desde 1938 (defendiendo un sionismo puramente religioso en vez de político), los judío-israelís B'Tselem desde 1989, los ex-militares israelís Breaking the Silence desde 2004 o los judío-estadounidenses Jewish Voice for Peace desde 2006.

Tras la Nakba, Gaza queda bajo control de Egipto, y Cisjordania, bajo Jordania. La falta de autonomía política y la desigualdad socio-económica entre el país dominante y la población local llevan a la fundación del Fatah (Movimiento Nacional de Liberación de Palestina, de corte político-militar) en 1959, y, bajo el patrocinio de la Liga de los Estados Árabes, la coalición OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en 1964. Por su parte, en junio de 1967 Israel, no contento con los territorios que le reconoce la ONU, decide ocupar militarmente Palestina, Siria y el monte Sinaí (Egipto), recibiendo el apoyo abierto de EEUU (por su interés geopolítico en la región) durante el contraataque de Egipto y Siria en el llamado Yom Kipur de octubre de 1973. La OLP comienza a operar entonces en Jordania hasta que esta la traiciona en 1970, mudándose la OLP al Líbano, que Israel invadiría ya en 1978 y 1982 como respuesta. Por su parte, en 1979 Egipto hace las paces con Israel para recuperar el monte Sinaí, desentendiéndose de la Franja de Gaza que antes administraba. Como puede verse, la historia de Palestina es una de traiciones y resistencia.

Esta frustrante situación lleva al pueblo palestino a la Primera Intifada en 1987, también conocida como la revuelta de las piedras, con protestas, actos de desobediencia civil y disturbios, y durante la que se funda la organización político-militar Hamás, la cual Netanyahu tuvo la oportunidad de desfinanciar y no lo hizo, lo que recuerda a la táctica policial «Síndrome de Sherwood»: justificar una represión como defensa ante un ataque de un manifestante infiltrado. Tratando de calmar la situación se firman los acuerdos de Oslo de 1993-1995, que son incumplidos sistemáticamente por Israel en, por ejemplo, la Masacre de Qana del 18/4/1996 o la murificación israelí de Gaza entre 1994 y 1996 y la de Cisjordania en 2003, denunciada por la Corte Internacional de Justicia en 2004. Ante la inoperatividad de la cumbre de Paz de Camp David del 2000 se da una Segunda Intifada. 

Las diferencias estratégicas entre los partidos mayoritarios en las elecciones parlamentarias palestinas de enero de 2006 marcadas por el desencato, Fatah y Hamás, llevan a un conflicto armado que desemboca en la toma de Gaza de junio de 2007 por parte de Hamás. Como respuesta inmediata, Israel inicia un sitio/bloqueo de Gaza, convirtiéndola de facto en una cárcel a cielo abierto a modo de castigo colectivo, lo cual está tipificado como crimen de guerra en el Convenio de Ginebra.

Desde entonces, Israel ha bombardeado la zona en varias ocasiones, como en la llamada Masacre de Gaza de diciembre de 2008. Su sadismo aún se hizo más evidente durante la Operación Margen Protector de 2014, cuando se difundieron imágenes de civiles israelíes en áreas cercanas a Gaza, como Sderot, sentados en sillas de playa o mantas sobre las colinas observando los ataques aéreos como si de un espectáculo de fuegos artificiales se trataran. 

Decir que el genocidio en curso es una respuesta de autodefensa legítima de Israel al 7 de octubre es ignorar esta historia. Decir que Palestina no tiene derecho a la respuesta armada es ignorar la resolución de la Asamblea General de la ONU de 1982 al derecho de autodeterminación (https://www.un.org/unispal/document/auto-insert-185486/).

Y no solo es Gaza: Cisjordania, gobernada por Fatah, se encuentra igualmente en un estado de apartheid y limpieza étnica impuesto por Israel que las atrocidades en Gaza invisibilizan.

Khalidi en Palestina, cien años de resistencia es claro. No podemos seguir así. Se hace necesario que el pueblo diga basta para que los gobiernos y las empresas escuchen. Este genocidio no lo haréis en nuestro nombre. No en mí nombre.



 



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