Microamores 6: autoseguro
—Es un lugar hermoso, ese buffet libre que me recomendaste. Por él, mi gula te guardara amor eterno.
—¿Y tú?
—Yo ya te lo debía...
—¡Ja...! Qué visión más curiosa, la de un reino dominado sin ser sus habitantes domados.
—Que se lo digan al pueblo hyksós y la superficialidad de su conquista de Egipto, que no capturó los corazones de sus gentes, posibilitando la xenofobia que terminó por expulsarles.
—¿Estás insinuando que te estoy aculturando para evitar ese mismo desenlace?
—En realidad sólo pretendía ilustrar tu imagen con un ejemplo histórico, pero si lo quieres interpretar de esa manera, aclararé que lo estás haciendo mediante la estrategia de la integración, para mi beneplácito. Es como si dicho pecado me hiciera de nudo autobloqueante, en el ascenso de nuestra relación.
—Puesto así, suena como si mi recomendación tuviera a gateway drug effect, first one's free to get you hooked and create a need of me, following the foot-in-the-door selling technique and the forced free trial & free sample marketing (as in the periodic cross-selling behind the razor and blades business model & the loss leader pricing strategy); todo por ganarme tu cariño y mantenerte de mi lado para seguir explotándote, si he de suscribir tu símil, como en la la parábola del burro, el palo y la zanahoria que tanto gustaba a Bentham.
—O como en el soma gubernamental de Huxley y la substance abuse coercion del tráfico de personas y la violencia doméstica, si quieres continuar con tu exagerado paralelismo de la drogadicción.
—Ejemplos a un paso del síndrome de Estocolmo y el trauma bonding de Carnes, cuyo abuso es tan a menudo romantizado, y que puede llevar a la pendiente resbaladiza del The brain adapts to dishonesty de Garrett y la teoría del control de Hirschi y la de asociación diferencial de Sutherland.
—¡Sure..., Artful Dodger! And I'm Twist-ed by your seduction. Ni que los pecados fueran adictivos e ilegales...
—Morales sin duda no: describiéndolos como checkpoints o puntos de control impidiendo cualquier posible fuga, accidental o no, parece que te esté envolviendo en una telaraña del vicio cada vez más ajustada, como en una escalada de chantajes en la que poco a poco voy exprimiendo tu jugo, exigiéndote un tributo progresivamente mayor por el cual a su vez puedo subir la apuesta de mi chantaje, devorándote a mi antojo hasta que me aburra de ti y te deseche como chivo expiatorio, a lo Nate con Taylor en Euphoria.
—¡Oh, no me vengas con puritanismos! ¿Qué tienen hoy de sustancioso la gula y la lujuria, la pereza y la avaricia, si son el pan nuestro de cada día? ¿A quién podría interesarle esa información?
—No sólo los capitales son pecados... ¿Cuál será el octavo, el sexagésimo nudo autobloqueante?
—¡Cielos! No te dejes engañar por mi uso liberal del término, era sólo un recurso retórico para darle un poco de vidilla al asunto. Cualquier tipo de experiencia puede fortalecer el apego y hacer de freno.
—Por supuesto, ¿y? ¿Es eso bueno? ¿La creeping normality de Diamond y la escalation of commitment de Staw entrando por la puerta de atrás del misattribution of arousal de Dutton y Aron? La asimetría de la dependencia emocional y atontamiento de un amor o idolatría unidireccional es cuanto menos preocupante, al ceder la autonomía y futuro de un sujeto en manos de los arbitrios y humores de otro.
—Una posición aún más sensible la tienes en la crianza, al menos hasta la adolescencia, y no por ello se nacionaliza al estilo de la agogé espartana o Progeny de Philip K. Dick.
—Lo que tampoco solucionaría mi problemática, como ejemplifican los culture-bound crimes tipo ablación del clitoris, quis custodiet ipsos custodes?, sino que sólo volvería colectivo al perpetrador, y de ahí mi antinatalismo: si la gente se siente capaz de traer vida a este mundo, bien por ella, pero yo no me puedo ni imaginar cumpliendo semejante rol sin tener un ataque de ansiedad; la sola idea de acaparar tanto poder sobre alguien me da escalofríos.
—Pero esas asimetrías abundan en la existencia social, presentes al tomar un taxi en una ciudad que visitas por primera vez, o recibir un presupuesto de obra, o contratar asesoramiento financiero... Todo servicio profesional funciona como una caja negra en la que tienes que confiar a ciegas, creyendo de buena fe que no te timaran o que te has comunicado con la suficiente claridad como para que actúen como tú lo habrías hecho si tuvieras sus conocimientos teóricos y prácticos. ¿O no sientes esa misma indefensión cuando lees una analítica o un diagnóstico médico?
—Esa es una denuncia de Our Bodies, Ourselves que sigue vigente, sí. Un poco más de transparencia y accountability en esas interacciones no estaría de más, porque especializarse en cada rama del saber cada vez que surge la necesidad y la duda no parece viable, aunque algunos ateneos populares lo intenten.
—En balde, porque les sigue faltando el brazo ejecutor: da igual que determines y sepas aplicar el tratamiento adecuado si no puedes costearlo o si no está aprobado por la regulación, por ejemplo.
—Y luchar contra el sistema es desolador, como muestra Abigail Thorn I Emailed My Doctor 133 Times: The Crisis In the British Healthcare System a través de Complaint! de Sara Ahmed.
—Estamos a merced de fuerzas que nos superan por mucho, en esta jerárquica sociedad: si ni el mercado ni el estado cubre tus intereses por ser demasiado de nicho como para que tu voto, con la cartera o en las urnas, sume suficiente inercia, has perdido.
—Quizá eso explique mi simpatía por el anarquismo, el DIY o las ecoaldeas, y sea mi tendencia asocial mi manera de combatir el disgusto que todo ello me genera.
—Pero volviendo a la raíz de tu problematización, la tienes también en sociedades igualitarias, recordando el aprendizaje por observación de Bandura: no podemos evitar idealizar a individuos como modelos encarnados de conducta, puntos con los que navegarnos por el mundo cual estrellas polares o faros.
—Y una vez caes en su encanto, firmas tu condena al desengaño, sí.
—¡Oh, no me seas fatalista! La realimentación positiva de una figura de referencia también puede ser virtuosa.
—¿Y qué no es un arma de doble filo?
—Nada, y por eso mismo tienes que aprender a lidiar con la vulnerabilidad y responsabilidad que conllevan.
—... ¿Y si hubiera una perspectiva que se nos estuviera escapando que disolviera de plano esa tensión?
—Quizá, pero mientras tanto no vamos a quedarnos de brazos cruzados cabilando: «el movimiento se demuestra andando». Además, volviendo sobre mi metáfora de la cuerda autoasegurada, por si te sirve de consuelo, reimagínala más como un resguardo o mecanismo de seguridad en la prevención de riesgos interpersonales para la propia persona, no para la relación o la otra parte. Incluso si te has adentrado en una peliaguda burbuja de fanatismo, pincharla de forma abrupta puede ser más peligroso que desinflarla de a poco, por lo que estos escalones pueden ayudarte a salir de ella sin forzarte a tirarte en caída libre: semejante aceleración podría destruirte todavía más.
—Aun así... No sé, encuentro algo de inquietante en poner trabas al opt-out, en que unas green flags sembradas de modo conveniente puedan hacer pasar por alto unas red flags posteriores, como en la manipulación y chantaje emocional de las relaciones tóxicas.
—Cuya raíz, apostaría, acostumbra a ser más la ignorancia y error humano que no una intención maligna, teniendo en cuenta nuestras carencias sociales en educación emocional e interpersonal. Y sin necesidad de justificar, excusar o perdonar por ello como meros deslices tales actos, creo que por lo general es preferible dar al menos una oportunidad y espacio para explorar lo sucedido, deteniéndose un momento a reflexionar y hablar con la otra mitad al respecto, incluso si no se pretende mantener el contacto: salir huyendo a la primera de cambio, como en el falsacionismo ingenuo sin cinturón, puede desembocar en una personalidad evitativa que va a terminar tirando a la basura conexiones en potencia muy valiosas sólo por no querer invertir en su reparación, además de dejar en la inopia a la otra parte, libre de malinterpretar lo ocurrido y volverlo a repetir.
—¿Estás sugiriendo que es responsabilidad de la víctima educar a su victimario?
—No. Más bien que tal generosidad y coraje podría hacer de este mundo un lugar mejor, y que según la gravedad de la red flag y la fortaleza de la víctima, dicho sacrificio podría ser asumible, en cuyo caso seguiría sin entenderlo como una obligación, sino, insisto, como un regalo.
—¿Y dónde pones el límite? Yo creo que ahí estás cavando tu propia tumba. ¿Sabes que la gran mayoría de violaciones se cometen por conocidos? Esas buenas intenciones pueden acabar explotándote en la cara, y por querer deconstruir una falta menor, aumentarla.
—Si no ha habido un abuso o asalto sexual previo, por leve que este fuera, lo que ya no sería una red flag sino un crimen, no creo que se vaya a saltar directamente a ese nivel. Además, dicha charla se haría a distancia, o en un espacio público con el conocimiento o compañía de personas de confianza.
—Sigo sin tenerlo claro: un porcentaje muy alto de víctimas de asalto sexual siguen viéndose con su agresor, por lo que este podría aprovechar una situación ventajosa en la que se quedarán a solas para tomar represalias.
—¿Hace un rato que ya no estamos hablando en abstracto, verdad?
—... ¿Nunca se habla del todo en abstracto, no?
—¿Quieres un chocolate caliente?
—Sí, por favor.
Comentarios
Publicar un comentario
El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.