Posibles ventajas logísticas de vestir falda


Posibles ventajas logísticas de vestir faldainiciado a 21/1/2023, termiando a 4/2/2023


Soy consciente de que mi uso del término «logísticas» es poco convencional. Si no se entiende a lo que me refiero, sustitúyase por: materiales, técnicas, instrumentales, estratégicas o como medio para otro fin,
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Aunque de cara al título estas sustituciones capturan más o menos la idea general del texto, siguen sin adecuarse por completo a la totalidad mi imagen mental, que queda mejor ilustrada con el ejemplo en 18.
aunque confío en que la enumeración siguiente también lo aclarará.
  1. Sensoriales
    1. Una falda larga o midi es más fresca que un pantalón largo pero más cubierta que uno corto. Lo que resulta muy interesante para verano, ya que en oficinas y establecimientos acostumbran a poner el aire acondicionado bastante fuerte, lo cual puede ser molesto tanto por el frío ambiente como por el constante flujo de aire acondicionado incidiendo directamente sobre piel. En tal escenario, una falda larga o midi parece un buen compromiso entre un pantalón largo y uno corto.
    2. Una falda suelta está menos pegada al cuerpo que un pantalón. Incluso, me inclino a pensar, si este es holgado, ora por diseño (a la umanori hakama, low cut harem, jupe-culotte, divided skirt...), ora por uso de un tallaje superior al propio (como es característico en hip-hop). Propiedad que puede ser interesante como mecanismo de afrontamiento a la sobrecarga sensorial por sobreestimulación, cf. Yo Samdy Sam Autism and clothing (summer edition) 2022 (yt).
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      De hecho, en caso de TEA, podría afirmarse que «esta ya no es una cuestión meramente sensorial, sino médica». Y aunque estoy en esencia de acuerdo, esta no me parece una distinción de tipo sino de grado: si entendemos por salud un «estado de completo bienestar» (OMS 1946), el vestir prendas que me resulten agradables (al tacto, la vista, la memoria, la mente...) también es un factor que contribuye de manera positiva a mi salud. Y de ahí que prefiera recalcar la raíz sensorial de mis puntos (que en mi opinión no oculta la experiencia autista, sino que la resalta por medio de apuntar directamente a uno de sus núcleos) a modo de reivindicación de la filosofía cirenaica («que juzga lo verdadero por el tacto», citando al Aristipo de Laercio, que podría engarzar con la fenomenología de la percepción de Merleau-Ponty), tildada tan a menudo de frívola.
  2. Económicas. Respecto de un pantalón, las faldas tienen de normal menos costuras, así como patrones más sencillos. Como consecuencia:
    1. Son más accesibles al DIY.
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      De nuevo, se podría argumentar que «esto ya no es un tema económico, sino de auto-expresión o, incluso, mera diferenciación», en especial teniendo en cuenta la externalización de costes dada primero por la industrialización y luego por la globalización, posibilitando la existencia de marcas fast fashion low cost como Primark. Sin embargo, una falda DIY no compite contra una falda sobreproducida (por mucha variedad que haya), sino una personalizada (en su doble sentido de elaborada por y para mí, algo que la etimología de customizada captura peor), no sólo por estar hecha a medida o ser más única (lo que puede ser un reclamo individualista buscando la atomización del sujeto escindida del resto, pero también el resultado de la conversación con una tradición y/o comunidad), lo que nos empujaría a la artesanía textil o la alta costura, sino también por alinearse (en la elección y transformación de los materiales dentro de las posibilidades del sujeto) a las propias necesidades y valores estéticos, sensoriales, vitales, políticos, éticos..., que pueden incluir la auto-realización, la auto-gestión (como principio anarquista) o la voluntad por eludir el sistema de explotación laboral contrario a los derechos humanos en fábricas asiáticas característico de marcas como Primark. Así pues, dependiendo de la importancia y priorización que le demos a tales aspectos (algunos de los cuales el mercado no puede proveer) en relación a nuestro limitado tiempo, la opción DIY sigue compensando respecto de sus alternativas.
      Y aun con indiferencia de esto, entendiendo economía en su sentido etimológico de administración de la casa, o también en términos (quizá más marxistas) de trabajo y condiciones materiales (sociales e individuales), seguiría considerando a la práctica del DIY como intrínsecamente ligada a la economía, incluso si la motivación principal fuera superestructural, no porque concuerde en que la materialidad sea la condición de posibilidad anterior (como se cuestiona en E. P. Thompson The Making of the English Working Class 1963), sino porque esta (en forma de medio, técnica...) termina constriñendo el resultado concreto posterior; siguiendo la discusión de la estética de Ernesto Castro, toda teoría de las artes no deja de ser una teoría de las técnicas (o, si se prefiere, de las tecnologías sociales o reflexivas), como pone de manifiesto ya su etimología.
    2. Son, sospecho, más duraderas. O, si más no, no susceptibles a roturas de entrepierna, aunque reconozco que su mayor vuelo (de tenerlo) puede hacerlas más propicias a enganches, y si rígidas, a rasgaduras.
  3. Sociales. Diría que los pantalones holgados no están tradicionalmente bien vistos para eventos formales en occidente, pero una falda suelta adecuada sí, monopolizando con ello en tales situaciones sus ventajas
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    Que ya no son sólo sociales, sino ergonómicas, económicas, psicológicas...
    , como podría ser su mayor:
    1. comodidad,
    2. flexibilidad, en el sentido de servir como talla única con indiferencia de cambios de peso.
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      Cf. The Chancellorfiles The Origin Of Baggy Clothes In Hip-Hop And Gang Culture 2005 (link). (No tengo muy claro que la fuente sea verídica, pero eso no quita que el argumento sea plausible, que es lo que inspira mi punto.)
    3. capacidad para disimular la propia anatomía, lo cual puede quererse por motivos tan diversos como:
      1. dismorfia corporal y/o de género
      2. estigma social, en forma de gordofobia, acusaciones de trastornos de la conducta alimentaria,
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        Cf. Aleanbh Ní Chearnaigh Skinny Shaming Is Just As Inappropriate As Fat Discrimination 2014 (link).
        miraditas (de asco, morbo...) por deformidades, desfiguraciones y amputaciones parciales... y cualquier otra manera de discriminación por lookism y sizeism y humillación por body & weight shaming.
      3. desfactorización de su influencia, no sólo en los dos sentidos negativos anteriores, sino también en referencia al efecto cuerno y su contraparte positiva, el efecto halo, en pos de neutralizar su impacto y ser por ende leíde en términos propios (o, si más no, más allá del cuerpo).
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        «Wearing baggy clothes was an attempt to shift focus away from the body and move it towards the music.» Wikipedia Hip hop fashion on female rappers like The Conscious Daughters. (No he encontrado una buena fuente fáctica al respecto, aunque lo cito más en calidad de contrafactual, como hacía con Chancellorfiles: no me interesa tanto si realmente The Conscious Daughters razonó tal cosa, sino que yo considero ese razonamiento en sí factible.)
        Otro ejemplo del sector puede verse en ET Style Billie Eilish Reveals Why She Wears Baggy Clothes 2019 (yt) y Ayme Roman Billie Eilish y la fiscalización del cuerpo de las mujeres 2021 (yt), aunque billie billie eilish talks on being praised for wearing baggy clothes 2019 (yt) complejiza esa lectura.
        En última instancia, nunca hay en verdad una desfactorización (o nulificación, puesta entre paréntesis o segundo plano, etc.) total del cuerpo, si entendemos a este como la presentificación física del ser (incluso si en forma de manuscrito, libro, audio de voz...), sino que simplemente el ser se corporeiza a través de una ropa (en este contexto particular) que puede amoldarse más o menos a (o ser más o menos independiente de) la anatomía propia (ampliando su espacio de posibilidades), sin olvidar que su ocultación es en sí una forma de comunicarla o señalizarla (ora desde el marco de la filosofía negativa, ora bajo el halo de la intriga, etc.).
        I.e., evitar caer en una instrumentalización no intencional del físico como modo de atracción de capital económico (en su mercantilización) o social (aka clout, en su flexing), generación de deseo, etc. con el fin de saber que si me invitan a una copa o si mi álbum triunfa no es por mi fisicalidad
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        Como se comenta en Martha C. Nussbaum Objectification 1995 a propósito de Kant, el sexo puede entenderse como una mutua cosificación y ello no es en sí mismo problemático. Sin embargo, incluso en el contexto íntimo del flirteo puede quererse eludir su instrumentalización si la dimensión corpóreo-sexual se considera secundaria, e.g., al perseguir una relación romántica estable y duradera (que necesita por ende trascender a la inevitable degradación y volatilidad de la carne y la salud, aunque esto también podría lograrse mediante una relación abierta a la Sartre y Beauvoir, sin olvidar que una atracción física en origen puede evolucionar a una afectiva, etc.) o un cierto tipo de proyecto familiar (como el del peculiar matrimonio entre László Polgár y Klára Altberger de 1967), o si se es asexual, etc. Y ya no digamos en la simple búsqueda de amistad, o de une socie empresarial, etc., en donde dicha instrumentalización (o percepción de tal, por confusión con su auto-expresión) podría dar a equívocos.
        sino por otros méritos que considere como propios
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        Al final del día, todo depende del autoconcepto que se tenga de sí: la fisicalidad depende de la genética y la crianza, pero también de las rutinas de entrenamiento y la dieta diaria, y lo mismo con cualquier otra cualidad: nada es intrínsecamente propio o, lo que es lo mismo, todo es reapropiable (idealmente teniendo la humildad de reconocer sus raíces, con el consecuente tributo a las mismas). Así, la fisicalidad (que técnicamente no es lo mismo que la anatomía) de un atleta de elite (o incluso de un amateur) puede ser su motivo de orgullo y su sentido vital, mientras que para otra persona puede ser algo accidental e intrascendente que no siente como parte de su identidad.
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  4. Ingenuas
    1. Hubiera dicho que una falda suelta es mejor que un pantalón para evitar las rozaduras en los muslos y otros problemas asociados a la gordura, aunque internet parece disentir.
    2. También hubiera apostado a que es más fácil obtener tallas grandes para faldas que para pantalones, pero tras una búsqueda rápida ya no lo tengo tan claro.
  5. Lúdico-artísticas.
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    «Mi cuerpo en danza se expone sincero» Fémina Mira que mira, en Traspasa 2014 (spotify).
    Una falda suelta y con vuelo (bien inherente, bien adquirido vía una enagua de vuelo, una falda interior de tul, u otra forma de petticoat que dé volumen) puede dar más juego a la hora de bailar, así como hacer más vistosa una coreografía, aunque también opaque el juego de piernas.
  6. Fenomenológicas. A pesar de la masculinización de la vestimenta femenina
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    Sobre las cursivas: «Skirts were the matter-of-fact wear of many of humanity's most ancient civilizations, on both sides of the gender binary. Gauzy wraps and loincloths for Egyptians, togas denoting class and status for Greeks and Romans, ornate military costumes for Aztecs: many ancient costumes were based around the idea of the skirt, purely because they were easy to construct and created huge freedom of movement. [...]
    Two factors, theorists note, determined the use of pants by either gender: cold and the necessity for horse-riding. The evolutionary biologist Peter Turchin explained to LiveScience that you can tie the development of pants-based technology pretty closely to the introduction of animals that required riding, which just wasn't practical in skirts: from samurai riding costumes in Japan to the nomadic herders of Mongolia, horses and riding meant trousers. (Leather Mongolian riding trousers are the oldest ever discovered, at a whopping 3,000 years old.)
    If societies were gender-divided as to who rode the horses, did the fighting, and rounded up the cattle [siendo una notable excepción las amazonas escito-sármatas], it stands to reason that pants slowly developed to be a "masculine" necessity. [...]
    The big change that brought trousers definitively into the mainstream for European men, according to the Victoria & Albert Museum, occurred in the 14th and 15th centuries and was based around something practical: tailoring. The evolution, the museum notes, came down to technology [...]
    However, the demarcation between trousers-for-men and skirts-for-women wasn't actually completely set in stone until around the 19th century [por acción del dandy Beau Brummell, socialite y ministro de la moda desde 1797, cuyo porte puede observarse en Richard Dighton Caricature of Brummell 1805, wp].
    For an extremely long time, the tunic or short skirt was a key part of the male outfit in medieval and Renaissance Europe; just going out with hose wasn't seen as acceptable [como ejemplifican Everard Crijnsz. van der Maes Portrait of Johan van Wassenaer van Duvenvoirde c. 1608, wp, Claude Lefèbvre Louis XIV 1670, wp, John Closterman Portrait of James Craggs the Elder c. 1710, wp, Longhi The Dancing Lesson c. 1741, wp]. And even when the tunic overlay fell out of fashion, trousers themselves would swell to skirt-like proportions among the fashionable. 16th and 17th century nobles in England and elsewhere, for instance, were sometimes expected to wear hose, perhaps a codpiece, and giant breeches puffed to high heaven.» Jennifer Thorpe The History Of Men & Skirts, From Ancient Times To Today 2017 (link). A modo de complemento, cf. Wikipedia Men's skirts (wp), donde se atribuye el giro a la revolución francesa y la industrialización, y Trousers as women's clothing (wp).
    Por supuesto, todo esto no significa que no hubieran otros marcadores de género en la ropa: «en en un convite Dionisio invitó a todo el mundo a danzar con un vestido purpúreo, y dicen que Platón se negó diciendo: «No podría revestirme un vestido de mujer». Pero Aristipo se lo puso y al salir a bailar dijo oportunamente: «Incluso en medio de las danzas lo que es decente no se pervertirá»» (Diógenes Laercio, Vidas, Aristipo).
    (cuyo resultado se lee como andrógino bajo el presupuesto de que sólo la masculinidad puede marcar la norma y lo neutro, como ya denunciaba Beauvoir 1949
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    Para una breve introducción en la que justo se toma la falda como ejemplo, cf. Overthink Podcast Beauvoir's Second Sex: Introduction 2023 (yt). Y a modo de complemento, cf. Overthink Podcast Irigaray on sexual difference 2022 (yt) respecto Éthique de la différence sexuelle 1984.
    ) a partir de finales del XIX
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    Cf. Alison Oram Experiments in gender: women and masculine dress 2019 (link) y Katie Sutton The Masculine Woman in Weimar Germany 2011, Introduction (link), siendo uno de los ejemplos más tempranos la popularización de la bombacha en los 1850 por parte de Amelia Bloomer a través de su periódico feminista The Lily (1849-1853); casos aún más antiguos (aunque aislados, obviando la tradición drag en teatro) son los de Mademoiselle de Maupin (1670-1707) y George Sand (1804-1876). Para una perspectiva más contemporánea, cf. Charlotte Jones Borrowing from the Boys: An Analysis of Female Appropriation of Masculine Fashion 2014 (link), JADE FOX The Problem with Androgyny. We Got Scammed 2021 (yt), Keara Graves The real reason why I stopped dressing 'feminine' 2021 (yt), oliSUNvia is it an outfit or is he just a man? 2021 (yt).
    y la occidentalización
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    Desde la homogeneización (lingüística, política, económica, cultural...) del imperio romano (cuyos antecedentes quizá puedan trazarse a Macedonia, Egipto, Mesopotamia, India, China, Caral..., si bien creo que la mayoría de estos eran menos impositivos) hasta el Datsu-A Ron («Good-bye Asia») japones (1885, bajo la estela de la convención de Kanagawa de 1854) y su coetáneo «Eastern ways and Western frames» coreano (link) pasando por la colonización de África y América, que se rehabilita a partir de los 1970 por medio de la globalización en una suerte de imperialismo neolibreal neocolonial, cf. William Blum America's Deadliest Export: Democracy, the Truth About US Foreign Policy, and Everything Else 2013, Renegade Cut Global Capitalism - Rich Nations and Poor Nations 2020 (yt) o Johnthe Duncan Globalisation 2022 (yt).
    Lo cual es relevante en tanto que para otras tradiciones las faldas no tienen marca de género, como constata el kilt escoces, la fustanela balcana, el sarong del sudeste asiático (conocido como pareo y lavalava en Hawai y Polinesia, dhoti, lungui y mundu en la India), el caftán de África del Norte, el thawb (aka jubbah) musulmán, el yukata y andon hakama japones...
    de la vestimenta de otras culturas, me tienta afirmar que aún hoy la mayoría de personas (o al menos una porción más que significativa de ellas) han experimentado el día a día de llevar falda.
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    Debido a la explosión demográfica iniciada en el XIX y acelerada en el XX, puede que no limitarnos a la actualidad tampoco modifique demasiado la estadística, si bien en lo personal me parece un tanto reduccionista quedarnos directamente con el número en bruto: más interesante me parece (y en particular desde una perspectiva fenomenológica) cocientar dicho número por los diferentes modos de ser (dados por época, cultura, posición socio-económica, generización, racialización...).
    De hecho, desde este prisma puede que la diferencia sea radical, pues aunque a más población también hay (en potencia y en valores absolutos) más gurús y fabricantes y, por extensión, más heterogeneidad, el número de personas que han dictado (de manera deliberada o no) la moda del grueso de la población (ni que sea indirectamente a través de su influencia sobre la producción y demanda) en cada momento de la historia ha sido bastante limitado (incluso si admitimos que ha ido creciendo), sin olvidar que la explosión demográfica vino de la mano de una globalización homogeneizante de la producción (lo cual podría decirse que en cierto modo permite la monopolización de dichos dictámenes por cada vez menos voces, proporcionalmente hablando), frente a una tradición local y fragmentada más susceptible a la emergencia (entendida como disrupción desde abajo) así como a una mayor variabilidad.
    Así pues, ¿por qué habría yo de privarme de una vivencia tan universal y marcada como distintiva, teniendo la posibilidad
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    Añado el matiz ya que, e.g., el parto es también una vivencia bastante universal y distintiva, pero que sin embargo depende de ciertos condicionantes biológicos (no sólo por requerir de ciertos órganos, que han de ser sanos y fértiles, sino por estar acotado a cierta ventana de edad) y de otro tipo (pues se trata de una decisión personal con muchas implicaciones vitales, positivas o no según toda una serie de circunstancias).
    Por supuesto, se podría criticar que algo con tales dependencias no parece muy universal. Sin embargo, muchas experiencias que se tildan de universales son contingentes a una época o cultura, mientras que el parto es transversal a toda la historia humana y a varias especies, así que no me parece una concesión fuera de lugar, sin olvidar que toda persona tiene una relación indirecta (o pasiva) con el parto en tanto que nacida por este (con o sin anestesia, cesárea, etc., ya que no considero que el concepto de parto vaya intrínsecamente ligado a un procedimiento concreto).
    y vistas las ventajas
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    Por supuesto, si fuera tan sencillo como eso probablemente no habría tardo tantos años en planteármelo, ni habría sentido la necesidad de escribir esto, y de ahí el séptimo y último punto.
    ?, ¿hasta que punto puedo comprender la denuncia de Bloomer sin ponerme en sus faldas, o la experiencia material y social base para la disforia y euforia de género, o la extensión de los aspectos puramente logísticos que terminan trascendiendo a una cognición corporeizada,
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    A modo de ejemplo, concibo como una cuestión puramente logística que, según si se viste minifalda o pantalón, sentarse con las piernas abiertas presenta al cuerpo de forma distinta (visibilizando más unos y otros aspectos), dando lugar a lecturas sociales diferentes de la misma postura. En este entendido, pues, la materialidad de la prenda (y su forma, movilidad, ajustamiento... asociado) cambia el significado social (contingente a época y (sub)cultura) de las acciones de quién la viste, y en ello, juicios técnicos sobre las propiedades físicas y estructurales de la ropa son desplazados a juicios sociales y psicológicos sobre los atributos del sujeto, los cuales se proyectan de nuevo sobre la vestimenta (conviviendo de manera confusa con sus características ergonómicas, sensoriales, estéticas, económicas..., aumentando con ello la entropía de un escenario ya de por sí complejo), que se instrumentaliza (en una o varias de dichas dimensiones) por parte del sujeto (como en el esencialismo estratégico de algunos activismos, en el caso social). Más aún, el sujeto, que a la vez mira y es mirado, inmerso en un bucle retroalimentado, con el tiempo termina así aprendiendo socialmente y configurando personalmente un vocabulario asociado a cada una de sus formas de presentación (que a su vez deriva en una cognición corporeizada) que puede emplear de manera intencional (e.g., dirigiendo a alguien particular dichos verbos a modo de señalización o comunicación corporeo-gestual, lo que no significa que no pueda dar lugar a equívocos) o en el que se puede incurrir por despreocupación (cayendo víctima de miradas, lentes y murmuraciones indiscretas a las que no iba destinada).
    De hecho, son estas propiedades sociales emergentes a la mera materialidad lo que hace a la teoría de la performatividad de género de Butler una ontología social del cuerpo; teoría que se enmarca en la lingüística pragmática de Wittgenstein, Austin y Searle y las tecnologías del yo y mecanismos de subjetivización de Foucault (Technologies of the Self 1982, The Subject and Power 1982, partiendo de la tecnificación [machenschaft] del mundo como representación en Heidegger Die Zeit des Weltbildes 1938 y Die Frage nach der Technik 1953, que engarza bien con J. B. Foster Marx's theory of metabolic rift: classical foundations for environmental sociology 1999 o la crítica a la razón instrumental en Horkheimer Eclipse of Reason 1947), y que se complementa bien con Bruno Latour Where are the missing masses? The sociology of a few mundane artifacts 1992 (desde la teoría del actor-red), Mufwene Language as Technology: Some questions that evolutionary linguistics should address 2013 (desde la ecolingüística) o la lingüística cognitiva de Lakoff y Langacker, cuya reivindicación de la metáfora me recuerda a la tradición dada por Nietzsche y Ricouer.
    etc.? «The change of clothes [from men's to women's] had, some philosophers will say, much to do with [Orlando's raised modesty …] They change our view of the world, and the world’s view of us.» (Virginia Woolf Orlando 1928).
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    A modo de adenda, véanse mis Kant: representación, fenómeno, noúmeno e idea a través de ejemplos 2020 (enumeración final en 2.2., introducida por una reivindicación del biohacking como percepción aumentada), ¿Mata el pensamiento el humor? 2023 (a propósito de la libre variación imaginativa de Husserl como medio para ampliar los horizontes de nuestra perspectiva) y Las conversaciones en mi cabeza: complementos 2023 (suerte de caso de estudio de corte más personal), en los que también exploro esta motivación fenomenológica, que podría poner en conversación con el tema de la cognición corporeizada (desde Merleau-Ponty Phénoménologie de la perception 1945 hasta Lisa Feldman Barrett The theory of constructed emotion: An active inference account of interoception and categorization 2016 pasando por Andy Clark y David Chalmers The Extended Mind 1998; para una introducción, cf. Philosophy Tube Transhumanism, Part 2 y 4, yt).
  7. Desontologizante.
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    Con ese palabro he visto describir a P. B. Preciado Manifeste contra-sexuel 2000 en conexión al anti-humanismo de Heidegger Ser y Tiempo 1927 y Carta sobre el Humanismo 1947 (que tiene sus precedentes en Max Stirner El único y su propiedad 1844, Nietzsche La genealogía de la moral 1887 o según según Althusser Marxism and Humanism 1964, Marx), y aunque no he visto que sea un término común en la literatura, me parece que captura bien el espíritu de ambos, eludiendo además la carga peyorativa de «anti-humanismo». Otra noción (a mi parecer) próxima es la de desautomatización (o despragmatismo) del formalismo ruso (en estudios literarios), cf. Shklovsky Воскрешение слова 1914.
    Sea como fuere, en este contexto se puede traducir a la posición abolicionista de género, que también se encuentra en George Dvorsky y James Hughes Postgenderism: Beyond the Gender Binary 2008, Donna Haraway A Cyborg Manifesto 1991, Shulamith Firestone The Dialectic of Sex 1970, la revista de estudios de género Urania (1916-1940), la utopía postgénero Irene Clyde Beatrice the Sixteenth 1909, Nikolay Chernyshevsky («Но когда-нибудь будут на свете только «люди»; ни женщин, ни мужчин», carta a Юлинька del 1/3/1878, link, cuyo ideal se encuentra implícito en su utopía ¿Qué se debe hacer? 1863) y, de manera más tentativa, utopías como Mary E. Bradley Lane Mizora 1881 o Margaret Cavendish The Blazing World 1666.
    La notada arbitrariedad de la generización de la vestimenta no hace menos patente su poder
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    Del mismo modo que la arbitraridad del lenguaje no quita su utilidad, en la línea de vlogbrothers Arbitrary but Useful 2021 (yt) o el ficcionalismo de Vaihinger Philosophie des Als Ob 1911, aunque cabría matizar que el lenguaje (ni nada, en verdad) no es completamente arbitrario, como ilustra el efecto bouba/kiki o la continuidad historiografica de las etimologías, en la línea del Crátilo de Platón.
    (que trasciende su carácter locutivo, como mero verbo,
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    En la línea de lo dicho en 18, o como ilustra que «umanori hakama» pueda traducirse literalmente como «horse-riding hakama».
    a lo ilocutivo, como acto ontologizante, por medio de unas estructuras sociales que dotan de unos efectos perlocutivos a dicha locución)
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    Por citar un par de ejemplos típicos, «yo te bautizo Sékioz» o «yo te debo 5€» son locuciones que, enunciadas en el contexto adecuado (como un registro civil o notarial), tienen unos efectos perlocutivos (por medio de una serie de contratos sociales, escritos o no) de carácter ilocutivo, como pasar a llamarse Sékioz o tener 5€ menos, transformando (hasta su misma ontología) la realidad social y material del sujeto.
    , como se objetiva en las vidas de Santa Marina El Monje (f. 508),
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    Al morir su madre, su padre decide ingresar en un convento. Y por no dejar a la joven sola, le sugiere que busque marido. Pero ante la negativa de Marina, acuerdan que se haga pasar por Marino para seguir viviendo juntos en su nueva vida monacal. (Historicidad defendida en Clugnet Vie et office de Sainte Marine 1905, si bien es discutida, cf. wp).
    Para una contraparte masculina, también semi-mítica, me remito a la leyenda de la monja-varón del convento de dominicas Madre de Dios de Las Cadenas (Úbeda, 1570-1869, donado a la muerte de Vázquez de Molina y expropiado con la desamortización de Mendizabal), por la cual criaron como monja a un bebé abandonado en pos de eludir su prohibición de hombres. Para un ejemplo contemporáneo documentado, redirijo a Frank Tavares (aka sor María Margarita Tavares), intersexo criado en un convento de monjas desde los cuatro años (cuando se queda huérfano), viviendo como tal hasta los 26.
    Brita Olofsdotter,
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    Se hace pasar por hombre para entrar en el ejercito entre 1558 y 1569, iniciando una larga tradición, cf. Wartime cross-dressers (wp), en la que a menudo encontramos experiencias lésbicas como las de Antonio/Catalina de Erauso (1585-1650), Ulrika Eleonora Stålhammar (aka Vilhelm Edstedt, casada con Maria Lönnman en 1717) o Francina Broese Gunningh (casada con Alida Landeel a 1814), así como alistamientos conjuntos con sus maridos al estilo del Batallón Sagrado de Tebas (fl. 371 aC).
    Dualmente, Charles Edward Stuart se hace pasar por la criada Betty Burke para escapar de la batalla de Culloden a 1746 (siendo Aquiles una suerte de precedente literario de la estratagema), Jeong Mi-su (hijo de 1456 de la princesa Gyeonghye) es criado como niña en vistas a la amenaza del rey Sejo de Joseon de asesinarlo (por motivos de herencia política) si nacía niño, y en Afghanistan es común la práctica del bacha posh (desde al menos el reinado de Habibullah Khan, 1901-1919) por la cual en tiempos de guerra la hija mayor (en ausencia de hijos) pasa a actuar como niño para no restringir la libertad de acción de la familia (lo cual me recuerda al hermafroditismo del pez payaso).
    Una tercera tradición la ofrecen las memorias de Chevalier d'Éon (1728–1810), según las cuales nació mujer (aunque la evidencia sugiere, a lo sumo, intersexo), fue criado como hombre por su padrastro para que pudiera recibir su herencia y logró infiltrarse en la corte rusa a base de hacerse pasar por mujer, que es como pasó los últimos años de su vida (condición que se le impuso para retirarle el exilio, puesto que se rumoreaba que era una mujer). Casos especulativos aparte, de Sylvin Rubinstein (1914–2011), Shi Pei Pu (1938-2009) o Ehud Barak (n. 1942) sí consta que se hicieran pasar por mujeres para obtención de información, sabotaje y asesinato, mientras que en el caso de Henk Jonker (1912–2002) fue para su trabajo como periodista de guerra.
    Mark/Mary Read,
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    La principal fuente historiográfica es Captain Charles Johnson A General History of the Robberies and Murders of the Most Notorious Pirates 1724, poco después de su arresto.
    James Barry,
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    Se hace pasar por hombre desde los 20 años (1809) para acceder a los estudios médicos, manteniendo su nueva identidad tanto en la esfera pública como en la privada hasta su muerte. Otros casos similares son los de Charles Hamilton (fl. 1746) y Margaret King (1773-1835). Para más ejemplos motivados por la mayor movilidad social y laboral de los hombres, cf. Joseph Harris Hidden Agendas: Cross-dressing in 17th-century France 2005, Catherine A. Craft-Fairchild Masquerade and Gender: Disguise and Female Identity in Eighteenth-Century Fictions by Women 1993, Peter Boag Re-dressing America’s frontier past 2011.
    Annie Hindle
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    Aunque en China existe una larga tradición de actrices especializadas en el empersonamiento de hombres —remontándose a la dinastía Tang (618-907), posiblemente por influencia del reinado de la emperatriz Wu Zetian (690-704)—, en la anglo-esfera su origen se sitúa en Susanna Centlivre (fl. 1685), siendo Annie Hindle el primer ejemplo en el que veo claramente que esta habilidad se instrumentaliza en la vida privada, empleándola para casarse con su modista mujer a 1886, aunque a juzgar por Rictor Norton Lesbian Marriages in 18th-century England 2010 y Jen Manion Female Husbands: A Trans History 2020 (del 1746 al 1910), esta era una estratagema usual (que quizá podría remontarse al «sal-zikrum» babilónico), a pesar de que Timeline of same-sex marriage (wp) no la refleje, apenas citando a Jens Andersson (bigénero, con Anne Kristine Mortensdotter a 1781) y Anne Lister (con Ann Walker a 1834) como los primeros matrimonios lésbicos.
    En cuanto a la contraparte masculina, los historiadores Tacitus, Dio Cassius y Suetonius relatan que el emperador Neron se casó como esposa con Pitágoras (aunque realmente no es comparable con el caso de Hindle, ya que no ocultó su identidad como Neron), y también consta que el emperador Heliogábalo se presentaba en la vida pública como mujer, cf. Campanile et al. TransAntiquity: Cross-Dressing and Transgender Dynamics in the Ancient World 2017, siendo un posible análogo sumerio el concepto de «assinu».
    En cuanto al dual respecto al oficio de empersonamiento de género, cabe notar que: «in ancient Greece and the medieval world, and in England at the time of William Shakespeare, only men could become actors, and women's roles were generally played by men or boys. While Ancient Rome did allow female stage performers, only a small minority of them were given speaking parts. The commedia dell'arte of Italy, however, allowed professional women to perform early on; Lucrezia Di Siena, whose name is on a contract of actors from 10 October 1564 [lo que pudo haber motivado la prohibición del Papa Sixtus V, vigente del 1588 al 1798], has been referred to as the first Italian actress known by name, with Vincenza Armani and Barbara Flaminia as the first primadonnas and the first well-documented actresses in Italy (and in Europe).[4] After the English Restoration of 1660, women began to appear onstage in England.»
    De hecho, quizá no sea casualidad que el origen del drag queen (fuera del escenario) pueda remontarse al XVII (como discutiré más adelante), cuando el empersonamiento de mujeres comienza a ser menos demandado en estos espacios, si bien la tradición se preserva en el género de la pantomima (especialmente en su cristalización c. 1900, aunque su formato ya se consolidase en el XVII, bebiendo de los Mummers Play del XIV, la Masque del XV y la commedia dell'arte del XVI, en las que también se daba cross-dressing), en el que podría enmarcar a los vaudeville de Douglas Byng o Julian Eltinge en los años 1920. A modo de complemento, cf. Pantomime (wp), Minstrel show (wp), Travesti (theatre) (wp), Onnagata (wp), Cross-dressing (wp).
    o Harry Allen (1882-1922), así como las experiencias de Adrian Piper The Mythic Being 1973 (link), los drag workshops de Diane Torr a partir de los 1990,
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    «Arousing Reconstructions with Bradley Wester at Danspace Project at St. Mark’s Church in 1982 explored androgyny, while Girls Will Be Boys Will Be Queens with Chris Koenig and Lizzie Olesker at BACA Downtown cultural centre in 1986, drew on Michel Foucault’s research into the 19th-century hermaphrodite Herculine Barbin. [...] From 1989 onwards, she began experimenting with the physical movements and expressions that would permit her at just 5’3” to pass as male in everyday situations. Together with the transsexual make-up artist Johnny Science in 1990, Torr developed the highly influential Drag King Workshop at The Annie Sprinkle Transformation Salon, where women were encouraged to venture out into the city, posing as male characters of their own invention. Initially viewed by Torr as a form of feminist empowerment, an opportunity to experience male privilege first-hand, her workshops became internationally important in the emergence of Drag Kings as a popular feature of lesbian subculture. [...] And as transgender identities also became increasingly accepted within queer culture in the 1990s, Torr’s workshops were used by many trans-curious participants as a means to experiment with new, male identities.» Martina Meijer Diane Torr (link). A modo de complemento, cf. Man for a day, woman for a day. | Diane Torr | TEDxStGeorg 2016 (yt).
    En cuanto al movimiento drag queen, sus raíces pueden trazarse en la festividad del carnaval (donde San Isidoro de Sevilla ya describe cross-dressing a s. VII, y cuyos orígenes pueden remontarse al Anthesteria griego, la Saturnalia romana o el Julfeest germano, en las que el orden social se interrumpía o invertía), las pantomimas itinerantes conocidas como «danças dos fanchonos» (aka «esparramão», descritas por la Inquisición en Lisboa c. 1620), las fiestas privadas de Juan Correa (confesadas a 1656, con más de 70 años, en México), las Molly houses inglesas (con representantes como Mother Clap y Princess Seraphina en los 1720, conformando una subcultura gay consolidada), las urningsball germanas de mediados del XIX (descritas en Hirschfeld Berlins drittes Geschlecht 1904, ch. 2),..., las revistas Das 3. Geschlecht (1930-32) y Transvestia (Virginia Prince, 1960-86), el espectáculo Jewel Box Revue (1939-75), José Sarria (actuando como Carmen en los 1950 para el Black Cat Bar, e iniciando su activismo político en 1961), Queens Liberation Front (Lee Brewster, 1969), Street Transvestite Action Revolutionaries (Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, 1970-3),..., cf. Masquerade ball (wp), Cross-dressing ball (wp), Drag show (wp), Drag queen (wp), Transvestism (wp), Transgender history (wp).
    P. B. Preciado Manifeste contra-sexuel 2000, Norah Vincent Self-Made Man: My Year Disguised as a Man 2006, The Art Assignment Become Someone Else | Tameka Norris 2015 (yt)...
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    Otro ejemplo interesante son las protestas tipo Ceffyl Pren y las Rebecca Riots (1839-42), en las que los hombres se vestían de mujer y se pintaban la cara de negro para preservar su anonimato, lo que me recuerda al black bloc.
    Sin embargo, todo ello no significa que no se pueda tratar de diluir su poder dinamitando los cánones de la división,
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    Huelga decirlo, el objetivo de romper con dicha forma de poder no es desempoderar a quienes la han usado a su favor, sino que dicha estratagema no sea necesaria en primer lugar, ya que a fin de cuentas el passing (wp) no es igual de accesible para todas las personas (e.g., por cuestiones genéticas o de crianza), requiriendo de una inversión (en tiempo de práctica, esfuerzo mental, dinero...) muy variable. Como comentan en Wikipedia respecto de Arresting dress: A timeline of anti-cross-dressing laws in the United States 2015 (link), «Throughout time, anti-cross-dressing laws [dating back to 1848] became difficult to apply, as the definitions of feminine and masculine presentation grew more obscure.»
    Aun con todo, he de admitir que la postura abolicionista, a pesar de ser con la que más resueno, es una manzana envenenada, como ya noté en mi De las etiquetas 2021: «Sometimes there are ways to minimize the importance of gender in life, or to confuse gender categories so that they no longer have descriptive power. But other times gender can be very important to us, and some people really love the gender that they have claimed for themselves. If gender is eradicated, so too is an important domain of pleasure for many people. And others have a strong sense of self bound up with their genders, so to get rid of gender would be to shatter their self-hood. I think we have to accept a wide variety of positions on gender. Some want to be gender-free, but others want to be free really to be a gender that is crucial to who they are.» Gender Performance: The TransAdvocate Interviews Judith Butler 2014 (link).
    En última instancia, necesito reconocer que «[toda filosofía es] la autoconfesión de su autor y una especie de memoires», y que no tengo por ende derecho a imponer mi agenerismo: «nada de lo que como real llega al corazón humano debe ser anulado ni mandado fuera o dejado a la puerta; nada real debe ser humillado, ni tan siquiera esas semirrealidades» (María Zambrano Claros del bosque 1977, V). O, citando Simone Weil L'Enracinement 1943, Parte 1:
    «A un campo de trigo no se le debe respeto por sí mismo, sino por ser alimento para los seres humanos.
    Análogamente, a una colectividad, sea la que sea —patria, familia u otra cualquiera—, no se le debe respeto por sí misma, sino como alimento de cierto número de almas. [...]
    El grado del respeto debido a las colectividades humanas es muy elevado, por varias consideraciones.
    En primer lugar, cada una es única, y si se la destruye no puede ser reemplazada. Un saco de trigo siempre se puede sustituir por otro. El alimento que una colectividad suministra al alma de sus miembros no tiene equivalente en todo el universo.
    Además, por su duración, la colectividad penetra en el futuro. [...]
    Por último, por su duración misma, la colectividad hunde sus raíces en el pasado. Constituye el único órgano de conservación de los tesoros espirituales juntados por los muertos, el único órgano de transmisión mediante el cual los muertos pueden hablar a los vivos. Y la única cosa terrena que tiene una relación directa con el destino eterno del hombre es la irradiación —transmitida de generación en generación— de aquellos que tuvieron plena conciencia de tal destino.
    A causa de todo ello, bien puede ocurrir que la obligación para con una colectividad en peligro llegue incluso al sacrificio total. Sin embargo, de ello no se deriva que la colectividad esté por encima del ser humano. Pues también sucede que la obligación de socorrer a un ser humano en peligro deba llegar hasta el sacrificio total, sin que esto implique superioridad alguna por parte del socorrido.
    Un campesino, en determinadas condiciones, puede tener que exponerse, para cultivar su campo, al agotamiento, a la enfermedad e incluso a la muerte. Pero siempre tiene presente que en definitiva se trata únicamente de pan.
    De forma análoga, incluso en el momento del sacrificio total, a ninguna colectividad se le debe más que un respeto análogo al que se debe al alimento.
    Sin embargo, muy a menudo se invierten los papeles.
    Ciertas colectividades, en vez de servir de alimento, devoran a las almas. Hay en tal caso enfermedad social, y la primera obligación es intentar un tratamiento; en determinadas circunstancias puede ser necesario inspirarse en los métodos quirúrgicos.
    También en este punto la obligación es la misma tanto para quienes están dentro de la colectividad como para quienes están fuera.
    Puede ocurrir también que una colectividad proporcione a las almas de sus miembros un alimento insuficiente. En ese caso es necesario mejorarla.
    Por último, hay colectividades muertas que, sin llegar a devorar a las almas, tampoco las alimentan. Si es seguro que están completamente muertas, que no se trata de un letargo pasajero, hay que aniquilarlas.»
    para lo cual no basta con que las personas generizadas mujer vistan pantalones (o, en general, con un estilo masculino), sino que las generizadas hombres han
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    Obvio, no como obligación, sino a voluntad, para lo cual es necesario erradicar el estigma y prejuicio asociado (externo e internalizado) y anteponerse a mala fe (en el sentido existencialista de Sartre y Beauvoir, en el que nuestro autoconcepto estaría supeditado a una cierta imagen pasada o futura de sí).
    a su vez de vestir faldas (y demás prendas asociadas a la idea de mujer)
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    Para un ejemplo distinto al de falda, cf., e.g., Abby Cox The 200 year old History of Your Purse 2023 (yt).
    . Porque, del mismo modo que me resulta entre ridículo y perturbador que en los eventos formales todos los hombres vayan uniformados prácticamente iguales, o que me haya parecido desde peque incómodo y violento saludar con un beso en la mejilla (tratando de evitarlo en lo posible siguiendo el ejemplo de mi abuelo, aunque reconozco que el completo borrado de tan interiorizado automatismo es difícil), también aquí me encuentro con una diferencia en la que no creo y que no obstante estoy reificando.
«You're so masculine [...] Dripping confidence [...] I love the way you wear that dress / Making everyone upset»
Charlotte Sands Dress 2020 (spotify)


 

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