Microamores V: poli-entrevista

 

Microamores V: poli-entrevista


«—¿Quieres casarte conmigo, princesa...? —preguntó el rey Solito, emocionado.
Se quitó la corona, colocó la diadema sobre su cabeza y contestó:
—Claro que quiero, Solito.»
Rafael Estrada El rey Solito 2002


—¿Te gusto?
—Creo que debería responder con un simple «no», aunque la realidad es un poco más complicada que eso, si bien en la práctica se traduce a lo mismo.
—Eso no suena muy convincente. ¿Por qué no dejas que decida yo?
—Qué Kant de tu parte: ocultarte mis cartas es privarte de tu libertad, ¿no?
—Sólo digo que tu narración no parece demasiado confiable, y que prefiero tener una segunda opinión de diagnóstico, por si estuvieras dando un paso en falso; no es bueno dejar crecer a sus anchas los granos enquistados.
—Como quieras, yo era por no marearte con mis paranoias mentales. Podrías caer en una espiral absorbente que te sustrajera el alma.
—¡Oh, por favor! Con lo que me encanta verte cortocircuitar mientras tratas de explicarte haciendo aspavientos.
—Uy, mírame, la viva imagen de Molière: represento comedias creyendo que son tragedias.
—Sí... enredándote en tu propio hilo como una caótica araña abrumada... La pantomima de las palabras, lo llamamos.
—Vaya, no sabía que fuera el alivio cómico del grupo.
—Más bien la estrella, así que puedes hincharte de orgullo.
—En fin, el caso, en el fondo, es bien sencillo: dado que nunca he tenido pareja y soy medio asocial, no tengo muy claro si mi atracción es puramente platónica, como amistad, o si es otra cosa. Lo único que tengo claro es que no es sexual.
—Oh, muchas gracias por el cumplido.
—Ah, no me malentiendas, no es personal. Simplemente no es un tipo de atracción que sienta.
—Okay... Aunque no veo cómo de eso se sigue que no te gusto.
—Bueno, técnicamente yo no he dicho tal. Si pensé que debiera responder con un simple «no» es, supongo, porque me da miedo enturbiar lo que tenemos, sea lo que sea.
—Yo he puesto sobre la mesa la pregunta. ¿De verdad piensas que haría eso si no creyese que somos personas lo suficiente maduras como para hablar abiertamente sobre sus sentimientos, o si sospechase que ello pondría en riesgo nuestro vínculo?
—Touché. No me lo había planteado así, la verdad. Aunque aún hay otro motivo.
—¿Vas a seguir moviendo la portería de sitio mucho tiempo más?
—No, creo que ya hemos llegado al núcleo del asunto. Perdona mi razón dialéctica, es difícil navegarse por dentro.
—Sin problema, sólo te estaba picando; ya te dije que me agrada. Aunque imagino que debe de ser agotador conducirse dando bandazos.
—Claro. Pues haya voy: dado que ya estás en una relación de pareja, me pareció que contestar con un «no sé» introduciría complejidad y tensión innecesaria. Aunque en realidad tu punto anterior anula esta condescendencia mía, y en cualquier caso hoy día el concepto de pareja está vaciado de significado.
—¡Oh, qué amable! ¿Para cuando auguras la separación?
—No, o sea, lo que quiero decir es que, con toda la moda del poliamor, la noción de pareja se ha ampliado tanto que a priori es irrelevante a esta conversación.
—Te estaba vacilando; a mí me vas a contar.
—Ja...
—Mmm...
PS. Boceté la idea a 3 de enero y la ejecuté a 7 de febrero, aunque debido a un viaje no pude limarla hasta el 28.
Por otra parte, sobre la no trivialidad de la demarcación amistad-romance, he de decir que me he sentido muy vindicado por Overthink Podcast The Story of Romantic Love and Polyamory: Michael Milona and Lauren Weindling 2023 (yt). Para una perspectiva jurídica sobre este fascinante tema, me remito a Overthink Podcast Elizabeth Brake: Just Non-Monogamies: Non-Monogamy and the Law (yt) y Kat Blaque Polyamory and Discrimination: From the Workplace to the Mormon Church 2023 (yt). Para una exploración de otras relaciones íntimas distintas a las románticas y amistosas, redirijo a Caribou-kun Naruto and Sasuke: Not Just Rivals (yt).

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