Microamores III: «¿Sois pareja?» «Es complicado»
Julieta (12/10/2022)
«Romeo, Romeo, no lo jures por la luna, que es voluble e inconstante, sino por tu nombre, que es indeleble.» Y una voz respondió: «Mi nombre es Fluido.»
Me han dicho... (9/11/2022)
—Me han dicho que me quieres.
—Sin novedad en el frente:
ya he dicho muchas veces
que sois como mi familia,
y a esta se la quiere.
—Diciendo la verdad, mientes.
Este puente confidente,
si fuera como sugieres,
sería no existente.
—Jaque. Mas, insisto,
si eso es todo,
nada te han dicho.
Trivial es que quiero;
la cuestión es: ¿cómo?
«¿Sois pareja?» «Es complicado» (19/11/2022)
Yo no lo entiendo así, o al menos no en el sentido habitual del término, pero su opinión es que sí, y que yo estoy negando dicho estatus por homofobia internalizada, la cual me impediría ver la genuinidad de nuestro vínculo. O sea, cree que rechazo la etiqueta de «pareja» porque cree que pienso nuestra relación como inauténtica en base a unos prejuicios heteronormativos que presuntamente yo estaría teniendo, y que por extensión veo en su persona un sucedáneo de lo que podría tener con alguien de otro género, y que terminare traicionando a mi propia identidad queer por amoldarme a esas expectativas sociales promovidas por los medios y nuestro entorno si sigo sin reconocer la cualidad especial de nuestro compromiso emocional.
Lo que es irónico, porque justo dicha excepcionalidad, que proclamo sin reticencias como mucho más profunda que cualquier unión convencional que haya tenido, es lo que me lleva a cuestionar lo apropiado del significante «pareja». Y así se lo digo, criticando de bifóbico su comentario de «traición», y añadiendo mi sospecha de que en su juicio están hablando sus inseguridades y complejos, y que son ellos los que están poniendo entre paréntesis la totalidad de mi plena implicación en base sólo a una desavenencia académica malinterpretada como personal, y que en el origen de su opinión podría esconderse un sometimiento a las presiones de los ideales de la amatonormatividad y heterotemporalidad, como si la única manera de legitimar nuestra existencia individual y conjunta a nuestra edad fuera cediendo a la noción de «pareja», con toda la carga de preconcepciones de prácticas y objetivos vitales que ello conlleva.
Y entonces, un «entonces» (como los anteriores) que no remite a la cronología de una conversación en específico sino a la evolución progresiva del estado lógico de nuestra deconstrucción, es cuando me dice que yo ya sé a la perfección que eso no es así, que aquí nadie tiene ningún interés en cohabitar ni formar una familia en el sentido tradicional de la palabra, y que el problema es mi alonormatividad, y que es su condición ace la que me hace recelar del término «pareja», ante lo cual me quedo pensando en silencio un rato hasta terminar sonriendo con complacencia al haber llegado al fin al fondo del asunto gracias a la brillante inteligencia que me enamoró, abrazando entre arrumacos su cuerpo en el mío.
Por supuesto, a ello siguió una discusión semántica (socio- y meta- lingüística) entorno al propósito del lenguaje y su función comunicativa y cognitiva (haciendo hincapié en Lakoff), la posibilidad y necesidad de su resignificación en los distintos juegos del lenguaje públicos y privados, las estrategias de mitigación de la problemática del escarabajo de Wittgenstein como los parecidos de familia (ejemplificados en las inspiradoras disecciones de Martha Nussbaum Objectification 1995 y Penelope Maddy Set-theoretic foundations 2017) o la comunicación no verbal a través de las neuronas espejo... Pero en fin, que somos un par de personas íntimamente entrelazadas no se volvió a dudar.
Disparador: David J Bradley Alone. Not Alive. | A Queer Reading Of Company 2020 (youtube).
Otras referencias que tenía en mente durante la escritura: Kat Blaque, David Jay, Verity Ritchie y «Living Apart Together» (vía el ejemplo paradigmático de Beauvoir y Sartre)
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.