Entrelíneas
I
—¡Hola Dani!, ¿qué tal está tu madre? No la encuentro por la fiesta.
—Eh... sí, prefirió no venir. Por el resfriado, ya sabe. Gracias por...
—Por favor, Dolores, estamos hablando de cosas serias aquí. No nos interrumpas con tus fruslerías.
—Míra que gracioso se pone, Dani: se cree que por imitar a su padre es más listo que nadie. ¿Y qué es eso tan serio, Don Mel Asdoyde Importante?
—... Pues estábamos... estábamos discutiendo el último caso de... ¡Es muy complicado, mamá, no lo entenderías!
—¡Ah, ya veo! No pillasteis el último capítulo de Detective Conan, ¿verdad, Dani? Supongo que en clase de física aún no os habrán explicado eso, mmm...
—¡Oh, ¿usted lo sabe, cómo lo hizo?!
—¡Dani, por favor! No negociamos con terror... terroristas.
—¡Jo, Mel!, tu mamá seguro que nos puede ayudar a...
—Gracias, señora Dolores, pero aquí nos apañamos muy bien.
—Con que muy bien, ¿eh, tesoro?
—Muy bien le digo, sí.
—Entonces te sobrará tiempo para acompañar a tu querida hermanita Alex a hacerse una foto con el conejito de pascua, ¿no?
—¡Mamá!
—Piénsalo como uno de tus misterios: ¡ve y averigua quién se esconde tras ese disfraz, mi detective!
—...
II
Mi hermana Alex tiene 18 meses y apenas puede andar y la tengo que agarrar para que no pierda el equilibrio: es como mi padre cuando llegaba tarde del trabajo. Yo tengo 9 años y soy un experto detective: ¡me he visto todo Conan dos veces! Desenmascarar al conejo será pan comido.
Empecemos por su apariencia: es bastante... no sé, no destaca en nada, la verdad. Supongo que eso descarta algo, ¿no? Mmm... ¡Ah, ya sé!: personas obesas o enanas, por ejemplo. Sí, eso es; ¡qué listo soy! Y tampoco parece que tenga pecho, así que debe ser un hombre.
Qué más... Tiene las manos cubiertas y no le veo bien los ojos: es difícil sacarle información. Tampoco hay adultos en la sala para descartarlos: podría ser cualquier familiar de cualquier invitado...
Menuda encerrona... ¡esto es una completa perdida de tiempo! Y lo más absurdo es que, en cuanto mi hermana se ponga en su regazo, se pondrá a llorar: siempre lo hace, incluso con mi padre. Supongo que le tomó manía porque la despertaba cada noche. Y no la culpo: a mí también me daba miedo; volvía como loco.
Llega nuestro turno y me tapo los oídos y cierro los ojos con fuerza: los gritos de Alex son siempre tan fuertes que ni siquiera eso me salva, pero menos da una piedra. Así que me preparo y espero... y espero... ¿y nada? Abro los ojos confundido y veo a mi hermana con una mirada extática: esto no tiene sentido... Y antes de darme cuenta, aquel conejo me alza y me sienta en su pierna: estaba tan sorprendido, que no pude ni reaccionar para negarme; ¡a mi edad!
Y entonces lo huelo: es el mismo olor que mi madre.
—Quiero que sepas, Mel, lo mucho que me alegra tu amistad con mi Dani. Las mudanz... los cambios nunca son fáciles.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.