Sakura: cerezo en flor japonés
PS. Versión revisada aquí
Sakura: cerezo en flor japonés
Aclaración
A 4/3/2013 mi hermana me regaló el pack de 52 cartas Las cartas de Clow 1 (ed. Glénat 2009), y ya entonces pensé que sería interesante escribir una historia que las tomara como motivos sucesivos, siguiendo el orden aleatorio de la baraja.
1
Este texto no es más que un ejercicio literario de improvisación y experimentación que realiza esa idea, tomando como fuente parcial de inspiración Sakura Card Captors Wiki Significado de las Cartas Clow, de donde tomo las citas introductorias de cada escena.Éste no corresponde ni a la cronología del anime ni a la del manga, el cual sólo incluye 19. Por otra parte, la baraja no contiene las dos cartas de la segunda película, Nada y Esperanza, ni tampoco Amor, que sólo existe como carta Sakura. Cf. Sakura Card Captors Wiki Lista de la Baraja.
Notar también que el relato usa el femenino genérico por motivos diegéticos.
«un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos.» Borges Tlön, Uqbar, Orbis Tertius 1940
1 Viento
Simboliza un mensaje o algo que necesite decirse.
La comunidad aguardaba su respuesta. Sin nunca pretenderlo, Sakura se había convertido en la voz de la voluntad general, y aquel silencio confirmó de manera palpable esta evidencia. La paradójica rotundidad de este gesto sutil, tácito y público, que aún resuena entre los bosques de Skebóz, fue su legítima coronación; el quedo rumor de los oídos de la comunidad virando hacia ella, zumbando al unisono hacia sus esperadas palabras como si fueran... ¡ah, dorado néctar! Dijera lo que dijese, el sacramento sería consumado. Y la verdad, que parecía vivir como a una fluctuante o indeterminada variable aleatoria, quedaría fijada al colapsar sus labios. No había cabida a la mentira: Sakura era Skebóz, y Skebóz era Sakura, como mente es a cuerpo.
La comunidad seguía aguardando su respuesta. Cuando al fuego, en las noches de otoño, las ancianas narraban la génesis de Skebóz, no hablaban sino de la de Sakura. «¿Cómo es eso posible, si he nacido de vuestros cuerpos?», se preguntaba. Ellas respondían: «La identidad precede a la existencia. Todo era ruido hasta que tu voz puso sentido. Sólo crees que había algo con anterioridad a ti por extrapolación, razonando en retrospectiva. Pero piensa lo siguiente: cuando, recién nacida, oíste por vez primera el mundo, ¿lo escuchaste? No es hasta que el ruido de la agnosia natal se disipa, que el murciélago siente su entorno.».
«Lo sé. Sin embargo, yo no fundé la comunidad, o no sola. Por el contrario, hay tantos principios como semillas.», protestaba entonces. Hoy, no obstante, comprendía lo que querían decirle: «Los árboles no me dejaban ver el bosque. Creía escuchar sus palabras, pero sólo las oía. Me quedaba estancada en los fonemas y las personas de estas relaciones de Fundierung. En efecto, si en el origen hubiera habido una inundación en vez de un terremoto, entonces Syaoran hubiera sido de más ayuda, fortaleciéndose los lazos de la comunidad a su alrededor; el interés compuesto de la inercia y el tiempo habría hecho el resto. ¡Eso es! Yo, entendida individualmente como Sakura, soy accidental, un mero medio en el que yo, como el colectivo Skebóz, me expreso.».
La comunidad aguardaba su respuesta sin prisa. Como a una paciente tranquila, sabiéndose segura, antes de la resolución de sus pruebas, comprendiendo que éstas llevan su tiempo. Resolución que determinaría, por el acto de hacerla consciente de su estado, su ontología y destino. Mientras tanto, los pétalos de sakura seguían cayendo gráciles, al son de un suave viento, hacia la decisión.
«Toto, I've a feeling we're not in Kansas anymore. We must be over the rainbow!» Wizard of Oz 1939
2 Bosque
Simboliza el dominio y la integración del medio, de la naturaleza.
Los pensamientos de Sakura, como pétalos arremolinados al viento, acabaron sobre la hojarasca de un bosque de juventud; nutría de ese modo la tierra, la cual alimentaba a su vez las ramas de las que venía, cerrando el círculo de la vida. Y a medida que éste giraba, más se enraizaba, entrelazando íntimamente bosque y tierra, reflexiones y recuerdos, modelos y datos.
Tanto era así, que a nadie extrañó cuando este terreno se salvaguardó de los estragos del terremoto. Por supuesto, algunos de estos abrazos se desligaron, emergiendo del subsuelo las extremidades de aquellas colosas milenarias. Pero para Sakura, el significado de ese levantamiento de esqueletos ancestrales era claro: no se había roto ningún vínculo sagrado, sino que la Naturaleza, intencional, tendía sus curativos dedos al malherido pueblo.
Captando esto, Sakura no tardó en juntar a un pequeño grupo de supervivientes ilesas, emprendiendo una expedición de recolección en la que aprovechó para explicar qué raíces, cortezas, hojas, savias... debían extraer, y cómo, repartiéndose las labores según las habilidades de cada cual; había mucho por hacer, y esa pequeña inversión inicial compensaba. La urgencia tampoco empujó a Sakura a obviar el carácter ceremonioso de sus métodos, que incluían una oración de agradecimiento personalizada por la generosidad ofrecida, de la que se prometía no abusar, que cerraba con: «hermanas plantas, aun si no me entendéis, sirvan estas palabras como autorecordatorio de vuestra importancia, firmando con ellas la contraída deuda.».
Fórmula que no era mera retórica, pues incluso la cabezota más frívola e instrumental concedería que convendría reponer lo tomado, como si se tratasen de excedentes en un silo, para futuras emergencias; o para que, por selección natural, al ayudarnos de manera mutua entre especies, incrementásemos lo beneficioso de nuestra simbiosis, dado el suficiente tiempo. Por supuesto, Sakura nunca entendió estas racionalizaciones, ni su necesidad, pues un anhelo de reciprocidad emergía naturalmente de ella; aquellos árboles la habían cobijado entre sus cuerpos con sombra y calma en los días de sol y rabia, y las flores colindantes, con sus efluvios, la habían devuelto el ánimo en los días insípidos. Alegar aquellas groserías sobre sus almas gemelas era como afirmar que la gente sólo hacía amistades por lo que pudieran conseguir a cambio.
En cualquier caso, cabe recalcar que dichas recitaciones eran además autoexplicativas, asistiéndola a la hora de seguir una serie de protocolos para distinguir lo curativo de lo venenoso, así como para no echar a perder sus propiedades, mientras examinaba y operaba sobre sus amigas. Su esencia repetitiva la ayudaba también a mantener la concentración para ejecutar dichas tareas, transportándola de nuevo a las plácidas escenas que había interpretado entre esos bosques, abstrayéndose de las presiones externas. Por un instante, trascendía del presente y se integraba por completo en ese paraíso terrenal.
3 Agua
Simboliza los sentimientos, la expansión, la habilidad de la adivinación.
Ya fuera porque el grupo reunido había ganado cierta autonomía y ya no la requería tan seguido, ya fuera porque se había encantado buscando a las más reservadas y sabias de sus compañeras, el caso es que Sakura se había adentrado en el bosque lo suficiente como para escuchar el rumor del río. Ese sonido serpenteante la atravesó con una visión:
Siguiendo su vera hasta la cascada, y cruzándola a través de la velada gruta en la que había experimentado sus viajes emocionales más intensos, creciendo como persona en el proceso, se encontró con que el terremoto había debilitado toda la estructura. Cuando el techo cediese, la corriente se perdería por aquella cavidad hambrienta de estomago sin fondo, cesando el agua de circunvalar el bosque hasta el poblado, y secando a ambos.
Su primer instinto se dirigió hacia: «¿cómo podría fortificarla para evitarlo?». Pero enseguida se persuadió de que semejante proyecto ingenieril superaba con creces su ingenuidad más optimista, incluso sin las limitaciones que imponían el estado de emergencia. Eso la entristeció, desprendiendo en despedida una lágrima por cada atesorado recuerdo representado sobre aquel escenario. Esferas acuosas que, devolviéndole la mirada, reflejaban dichas recreaciones. Una la golpeó especialmente:
«...
—¿Cómo me has encontrado?
—Siempre supe que este era tu lugar secreto, pero nunca me atreví a profanarlo, por el respeto que te guardo.
—Tu presencia no podría perturbarlo, o de otro modo no te hubiese retado ha encontrarlo, ya desde nuestra más juguetona infancia. Por favor, no te quedes fuera. Puedo sentir tu preocupación, y quiero que me veas y la disipes: la confortable melodía que tocaste tras la cortina de perlas despejó la niebla que me aquejaba y que tanto temes. Puedes comprobar que no he cometido ninguna estupidez esta vez.
...
—¿Lo oyes? Si te concentras... ¿cómo explicarlo?
Y tomando a Syaoran de la muñeca, la volteé, posicionando mi dedo medio, quizá subconscientemente indecisa entre la imparcialidad del índice y la intimidad del anular, sobre su vena, resiguiéndola con cuidado desde el antebrazo hasta la palma de la mano, donde describí una curva que, rodeando la eminencia tenar, volvía sobre sí misma.».
Con un eureka, su visión emergió a través de una de las goteras de la tambaleante cubierta: ¡ahí estaba! Era un meandro lo que recorría la parte dañada: si se estrangulaba, el peso a soportar disminuiría. ¡Sí! Mantendrían el control y rápido acceso al río, crucial durante esta crisis.
4 Ola
Simboliza la adaptación, la comunicación, la expansión.
Un parpadeo después, saliendo de aquel transparente trance, Sakura se sintió embestida por una descomunal ola, despertando también de sus arremolinados pensamientos oníricos. «¿Cuánto tiempo haría del terremoto? Estas memorias son aún tan vívidas y nítidas...», farfulló para sí mientras se levantaba del lecho.
La resolución será adaptativa o no será fue su motto cuando decidieron destruir la vieja presa durante aquella fatídica jornada. Con ello lograron aumentar el caudal repentinamente, arrasando con el estrecho que separaba a ambos extremos del meandro, comunicándolos. A Sakura aún le costaba creerse que su idea hubiera funcionado, al menos de momento...
En su día ese fue un tema muy debatido: ¿era este sólo un apaño provisional?, ¿si se derrumbaba el suelo, el nuevo curso del agua remontaría la gruta hasta su desembocadura usual?, ¿lluvias y arroyos convertirían al meandro en un lago que acabaría desmoronando su región interior, llevándose consigo al río? Nunca se llegó a ningún acuerdo, y eventualmente se empezó a argüir que la situación era estable, o de otro modo ya habrían sufrido las consecuencias. Poco después ya era tabú hablar de ello, tanto por la tragedia acontecida, como por el desgaste que dichas discusiones causaban en la comunidad.
Pero quizá ya era hora de romper aquel silencio y reabrir la cuestión. ¿Acaso no había madurado Skebóz desde entonces? Las nuevas generaciones estaban ansiosas por emprender sus propias aventuras, admiradas por las madres que habían asentado su querida matria; no un territorio, o unas instituciones, sino un ecosistema biológico, social y cultural de difícil delimitación. Más aun, que la habían reconstruido, reintegrando, que no enterrando, con un característico ímpetu holísta, las «raíces levantadas» y los traumas descubiertos.
Preservar esa homeostasis era justo uno de los objetivos de Sakura. No se trataba de asegurar el aprovisionamiento de agua a cualquier precio, acometiendo algún proyecto titánico de los propuestos, que tal vez ni siquiera llegaran a tiempo. No, ello sólo drenaría la buena salud de la comunidad. Pues entonces las mejores ingenieras pasarían a dedicar el grueso de su tiempo y esfuerzo a aquel faraónico delirio mientras, como subproducto, descuidarían sus labores mundanas, como dar clases, escribir manuales, avanzar en sus investigaciones, despertar vocaciones mediante la divulgación, resolver las consultas de otras profesionales o de las actas de deliberación... En resumen, mermando la calidad y cantidad de sus intervenciones en la comunidad, y lo mismo con muchos otros grupos de trabajadoras, repercutiendo negativa y exponencialmente en las futuras generaciones. Todavía más, tan demandante causa afectaría también a sus vidas personales, distanciándose de sus familias y, por extensión, ironías, de la propia comunidad. Skebóz no estaba preparada aún para semejante empresa; una redistribución tan drástica de sus células conduciría a su apoptosis o a su mutación en cancerígenas.
Antes que eso, el paso natural a dar, o la manera más orgánica de crecer, juzgaba Sakura, era la exploración. Pues si todo está conectado, ésta siempre es autoexploración, autoconocimiento, lo que podría brindarles reveladoras perspectivas para con su problema, ampliando lateralmente su pensamiento. De este modo, su búsqueda de nuevos horizontes no perseguiría fundar colonias a modo de plan b en caso de sequía, pues esa mentalidad sólo iría dejando tras de sí un reguero de muerte. Por el contrario, su propósito era aprender de otros ecosistemas para reintegrar sus adaptaciones al propio. Y en esto tampoco se trataba de tomar el riesgo de expandirse mar abierto, o comandar grandes flotas: la excusa de cartografiar la costa con un pequeño navío podría ser suficiente.
Así habló Sakura, con estas u otras palabras, durante el desayuno comunal. La decisión había sido tomada.
5 Aro (The loop)
Simboliza la continuidad, la perseverancia, una prisión.
Las ancianas solían decir: «Sólo hay tres posibilidades. O la costa no se termina nunca, o lo hace en algún punto, o se cierra sobre sí misma.». Como a una prisión, continuaban las lenguas más fatalistas, como a un hogar, las más cantarinas. Y este era en definitiva el debate en juego, y la duda que seguía corroyendo a Sakura: el afán de supervivencia que inspiraba aquella expedición... ¿la limitaba, forzándola a hacer algo que de otro modo ni concebiría, o bien la liberaba, desprendiéndola de las presiones mundanas e invitándola a pensar fuera de la caja? En otras palabras, ¿sus acciones venían constreñidas por ese instinto primitivo, o éste actuaba en cambio como a una regla generadora de la que emergía una incesante y creativa variabilidad? Ambas proposiciones parecían igual de ciertas, y la pregunta una falsa dicotomía, mas... ¿era eso posible?
Observando a las poetisas, por ejemplo, ¿no despertaban el ingenio las restricciones de la métrica, la rima y demás recursos, dando origen en el proceso a su arte?, ¿no eran como diseñadoras y tejedoras de enigmas, que luego ellas mismas se consumían en intentar resolver?, ¿la privación que estrechaba su camino, no lo enfocaba a su vez, permitiéndoles encauzar las más agudas y veladas alegorías? Pero al mismo tiempo, cuando alguien se adentraba a esos microcosmos, el mundo entero se reducía a ellos, pues los himnos al cielo ya no lo son a la tierra. Y si ese pequeño universo se expandía para dar cabida a otros, ¿dónde habría de parar, si nunca? Y ese voraz crecimiento, ¿no sería al final baladí? Pues, ¿acaso llegaría a abarcarlo todo en algún futuro? Ello implicaría que la música de Syaoran o la pintura de Tomoyo son decibles, cuando a Sakura se le presentaban como inefables. «Letra, sonido, color... son todo hogareñas y reconfortantes prisiones entre las que transitamos y pernoctamos.».
Otra paradoja: para preservarse, hay que cambiar; nada permanece en su estado original. En su haber, Sakura sentía arder infinitas antorchas, relevos de distintas carreras cuya salida y meta se perdían en el horizonte, y que exigían su continuidad. Sus madres, por ejemplo, se habían preservado dándole a ella sus fuegos; transmitiéndole no sólo parte de su cuerpo, sino de sus costumbres, conocimientos y recuerdos. Sí, algunos de ellos se apagaron, pero también otros se avivaron, o incluso nacieron de cero. Cargaba de esa forma con el legado familiar, en compañía de sus parientes, al tiempo que encarnaba las fogosas ideas de hija, nieta, hermana, prima, sobrina, tía... Pero este no era su único maratón: como líder de la comunidad, tenía además la responsabilidad de mantener la llama de Skebóz, así como de la noción misma de líder. Y bajo todas estas diferentes personas dentro suyo, una raíz común: el ardor del conato, que la incendiaba por entera. Pues cada una de estas lumbres no sólo se representaba a sí misma, sino que era una manera particular de responder al problema de la supervivencia. En efecto, ser humano era sólo un modo particular de ser, uno de los muchos que la vida había adoptado, siguiendo su naturaleza replicante y diversificante.
Estas y otras contradicciones se estrechaban cual aro más y más entorno al cuello de Sakura, cortándole la voz hasta la asfixia: la nulidad la absorbería por completo sino rompía pronto con ellas y tomaba cartas en el asunto. ¿Qué o quién era...? ¡No! ¿Qué o quién quería ser Sakura? ¿Qué prisiones quería mantener, y cuales abolir? La respuesta no podía esperar más: si no elegía activamente que fuegos alimentar y venerar, estos crecerían al azar y sus allegados aplicarían sus propios criterios para determinar de cuales aprender, delegando o aniquilando en ello su agencia.
«The reality we live in is constituted by a myriad contradictions» Gian–Carlo Rota The Pernicious Influence of Mathematics Upon Philosophy 1991«Contradiction is the stuff of revolutionary struggle. The point is not to deny the reality of contradiction but to utilize the space of contradiction to come to a greater understanding.» bell hooks Tough Talk for Tough Times 1996 (entrevista por Sally Owen)«Then he [The Star Child] waited, marshaling his thoughts and brooding over his still untested powers. For though he was master of the world, he was not quite sure what to do next. But he would think of something.» Arthur C. Clarke 2001: A Space Odyssey 1968
6 Laberinto
Simboliza la desorientación, una prisión.
Buscando en su interior, Sakura halló un laberinto, a cuya entrada una inscripción la sobrecogió. Se trataba de un diálogo entre unos tales Augusto y Unamuno, en el que el segundo afirmaba haber escrito al primero. Reflexionando al respecto, Sakura se preguntó si aquella debía ser la manera en la que la Suma Deesa se presentaría, advirtiéndola en clave metafórica de la naturaleza sagrada del lugar. Porque... ¿aquello no podía ser literal, verdad?
Quiso saber entonces como terminaba aquella historia, y ésta se completó ante sus ojos, adentrándose por el pasillo. Al leer de ella «¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabra, de haber pensamiento, había algo?», recordó entonces a las ancianas aclamando «la identidad precede a la existencia», y al instante siguiente oyó vibrar tras de sí la pared: de ella había aparecido grabado un ensayo firmado como «The Primacy of Identity, by Rota».
Intrigada aun por Augusto, continuó leyendo sus desventuras hasta «En cuanto le ha puesto un nombre a algo, ya no ve este algo; no hace sino oír el nombre que le puso o verlo escrito. La lengua le sirve para mentir, inventar lo que no hay y confundirse. Y todo es en él pretextos para hablar con los demás o consigo mismo.», cuando emergió de nuevo a su espalda otro texto: «se distinguía de casi todos los demás idiomas en que su vocabulario cada vez era más reducido en vez de más amplio. Cada disminución era una ganancia, puesto que cuanto más reducida era el área de elección menor era la tentación de pensar. En último extremo, se tenía la esperanza de que el lenguaje articulado llegara a salir de la laringe sin el concurso de los centros cerebrales superiores.». Se añadía así una nueva paradoja a su urticante colección: la palabra, ¿invisibilizada la realidad, o justo lo contrario?
Este proceso siguió repitiéndose, sintiendo siempre una fuerte conexión entre lo que leía y pensamientos pasados. Encontró en la discusión de los genes y los memes de Dawkins su alegoría de los fuegos, y en la Oulipo y el juego de la vida de Conway sus reflexiones sobre la limitación como fuente de creatividad, y en las tesis de incomensurabilidad de Kuhn y Feyerabend un eco a su sospecha de que la música y la palabra pertenecían a lenguajes intraducibles entre sí, y en Wittgenstein la constatación de aquella prisión que sólo podía contentarse con ampliar: «Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.».
Admirada y desorientada, se preguntó por el significado mismo de aquel espacio extraterrenal. ¿Tal vez aquella fuera la legendaria biblioteca sobre la que murmuraban las ancianas, en la que cada pensamiento era expresado? Y al sopesar esto, se iluminó un relato bajo el título «La biblioteca de Babel, por Borges». Ello, continuó meditando, explicaría porque a veces las ancianas usaban términos cuyo origen y etimología eludían revelar, como Fundierung; las letras de Husserl, como sintiéndose aludidas, hicieron acto de presencia sobre aquellos muros.
«—¿Le ha ocurrido alguna vez —replicó León— encontrar en un libro una idea vaga que se ha tenido, alguna imagen oscura que vuelve de lejos, y como la exposición completa de su sentimiento más sutil?» Flaubert Madame Bovary 1856, II.2
7 Espejo
Simboliza el reflejo, la protección.
Horas, días, meses o años, nunca supo cuanto tiempo pasó en aquella inagotable y perspicaz sala, que ensanchaba con cada vez más sutiles matices su entendimiento. Sin embargo, a pesar de lo fructífero de la experiencia, ante tan aplastante exhibición no podía evitar sentirse abatida, desbordada, empequeñecida, impotente, agobiada... En esos momentos en lo que caía rendida sobre sus rodillas, venían a consolarla palabras de esperanza, como: «no vaya a ser que no pase usted [Laberinto, Deesa] de un pretexto para que mi historia, y otras historias como la mía, corran por el mundo. Y luego, cuando usted se muera del todo, llevemos su alma nosotros.». Recuperada así su confianza, el ciclo se reiniciaba.
Siguiendo, a pesar de la erosión que la demacraba, los múltiples hilos de sus contradicciones, llegó eventualmente al centro del laberinto. Allí flotaba una enorme esfera de cristal que la reflejaba, y en la que todas las intersecciones recorridas se encontraban. Su búsqueda había sido siempre una identitaria, por lo que no la sorprendió hallar en el núcleo de todos sus pensamientos a aquel espejo omniabarcante.
Llegados hasta aquí, conviene que esta narradora, a la vera del fuego otoñal, haga una aclaración. Si hay un momento propicio para ella, es este. Yo soy Sakura. Sí, lo sé; Sakura es ahora una anciana como la de sus leyendas.
Hasta ahora había querido distanciarme de ella, de mí, para evitar el embarazo de narrar en primera persona ciertos pasajes: ¿se compadecería la oyente de mí?, ¿me tomaría por una engreída?, ¿creería que la edad me hace fabular? Mucho más sencillo consentir a este fingimiento feliz. A fin de cuentas, ¿acaso soy la misma? Ya entonces mi identidad era lo suficiente fragmentaria o kaleidoscopica como para no atreverme a afirmar una homogeneidad. Más aun, que ya no me reconozcáis, mi pueblo, refleja también la fragilidad, lo efímero, de esa condición.
Dicho esto, conviene despejar también el McGuffin con el que inicié esta historia: habíamos descubierto a un grupo huyendo de la comunidad para fundar una propia. Las crías volando del nido, una inevitabilidad. Sin embargo, aunque entendible, el modo subterfugio de proceder levantó muchas cejas, alegándose robo y traición (aunque a mi juicio, toda apropiación de una hija a una madre es legítima e irremediable). La justificación de aquellas peregrinas fue: «disparidad de opiniones»; la comunidad deseaba crecer de manera más orgánica y pausada de lo que ellas podían tolerar o esperar, y preferían separarse antes que erosionar a Skebóz desde el interior. Algo dentro suyo las llamaba a emprender su propio viaje fuera de nuestra mirada, y nada podría reprimir ese sentimiento sin que asomara de una u otra manera.
La fragmentación de hábitat es un catalizador para la evolución: una lectura moralista de sus actos no procedía. Además, tratar de proteger la integridad de la comunidad castigándolas sólo la polarizaría más. Por el contrario, era preferible que se difuminara la identidad de Skebóz dándoles nuestro beneplácito. Si finalmente ocurría una especiación, que al menos pudiéramos mantener con ellas una relación simbiótica mutualista.
Obvio, las inseguridades estaban a flor de piel, y afrontar esto de forma tan abierta y directa no parecía lo más apropiado. Fue por ello que en aquel desayuno comunal recuperé el asunto del meandro, mera excusa para apaciguar las aguas e incentivar la incursión.
«Pero con todo el trabajo no se consigue la pretensión de ser tratado por todos con cariño; al contrario, se está solo, se es un objeto de curiosidad. Y en tanto que digas "se" en lugar de "yo", no es nada y se puede contar esta historia, pero en cuanto te confieses que eres tú mismo, entonces eres formalmente atravesado y estás aterrorizado.» Kafka Preparativos para una boda en el campo 1907
8 Niebla
Representa la confusión, lo difuso.
A veces una sabe perfectamente lo que tiene que hacer, pero su cuerpo no le responde, o no de inmediato. Como cuando he de levantarme de la cama, o he de ejercitarme, o pedir perdón. Esa latencia, ¿alguien diría que es disociativa? La mente que manda y el cuerpo mandado, y viceversa, siguen siendo una y la misma entidad.
Por supuesto, cuando durante el desayuno comunal expuse mi caso, la respuesta fue en inicio fría. ¿Quién les culparía? Pero yo, Sakura, seguía siendo Skebóz. Aquella confusión no era en nada disímil al entumecimiento matinal.
Sin duda, las voces más críticas se quejaran diciendo que mi defensa no es falsable. Pero el caso es que nunca fue necesaria una defensa, ni nunca la razón fue la verdadera justificación de nada. El anarquismo epistémico no es una prescripción, sino una descripción. Pretender que las líneas que trazamos son nítidas y provenientes de firmes brazos, una ilusión.
Cierre
Del 14/4/2020 al 21/8/2020 cursé clases de filosofía, que no terminé de transcribir (mera excusa para pensarlas) hasta el 28/3/2021, y que me inspiraron (por activa o por pasiva) ensayos hasta el 1/7/2021. Comencé este proyecto a 2/8/2021 con la intención de desintoxicarme, purificarme, despejarme o romper con ese ambiente o espacio mental que me había creado, pero parece que no estoy consiguiendo mi objetivo, por lo que he decidido abortar el proyecto a 13/8/2021.
Mi impresión es que esta primera parte cuenta una historia completa que no necesita de continuación, y que ésta exigiría un cambio de narradora, pues es claro que Sakura no puede acompañar a las disidentes. Sospecho además que esa posible segunda parte requeriría profundizar en el lore del universo, o de otro modo se sentirían muy inconexas; ahora bien, el worldbuilding y las grandes historias ni me interesan demasiado, ni me parecen apropiadas para el tono y escala del texto. También siento que los motivos de las cartas son un tanto repetitivos, y que alargar el experimento me haría perder el rumbo, percibiéndose como aleatorio.
Aun con todo, como me apetecía jugar, traté de bosquejar de manera más ágil una posible línea narrativa, dedicando una frase a cada palabra. Sin embargo, eso la hacía sentir trivial, pues la gracia de todo el asunto era justo la exploración de los distintos motivos. Peor aun, ello aguaba en retrospectiva la primera parte. Así que al final he preferido desechar también esa idea y cerrar aquí. Listo seguidamente las cartas restantes a modo de tumba.
- Movimiento. Simboliza un cambio, un movimiento.
- Poder. Esta carta simboliza la superación de obstáculos.
- Lluvia. Simboliza la cancelación de planes o procesos debido a agentes externos.
- Regreso. Simboliza la repetición de algo pasado, el mirar hacia atrás.
- Arena. Simboliza la seguridad y la tranquilidad.
- Sombra. Indica el sigilo, secreto, enigma, incógnita, misterio.
- Escudo. Simboliza la protección, tanto personal como de algo que nosotros consideremos muy valioso.
- Disparo. Representa la agresión
- Silencio. Simboliza un secreto, el pensar antes de hablar, la represión de la libertad de expresión.
- Dormir. Simboliza la paralización, el despiste, el descanso.
- Nieve. Simboliza el bloqueo, la inmovilidad y el fin de los problemas.
- Canción. Simboliza el trabajo duro, la entrega y la pasión por las cosas que hagamos, especialmente en la música; representa la paz, la tranquilidad y la alegría.
- Tormenta. Simboliza el caos, los problemas.
- Dulce. Simboliza la dulzura, la infancia, la protección de nuestros padres.
- Espada. Representa el ataque, la agresión.
- Atravesar. Simboliza el camino, el cambio.
- Trueno. Simboliza la parálisis, la energía.
- Tiempo. Simboliza el paso del tiempo, su escasez.
- Gemelos. Simbolizan la dualidad, la compañía, la multiplicación.
- Voz. Simboliza la autoridad, la convicción.
- Flecha. Esta carta simboliza la precisión, la certeza, un objetivo. La flecha es una carta que apunta hacia un objetivo o plan que uno tenga en mente, que seguramente se cumplirá según nuestras expectativas. Ese plan u objetivo puede subdividirse, y cumplirse sólo algunas de esas subdivisiones, pero generalmente las más correctas o beneficiosas para nosotros. También nos indica que debemos de cambiar forma de ser o de actuar, aunque no nos parezca lógica o correcta.
- Grande. Esta carta simboliza el crecimiento, el avance, el éxito. La Grande nos indica que algo que apenas percibíamos, o considerábamos insignificante comenzará a crecer, hasta alcanzar su punto máximo. También nos dice que avanzaremos en la dirección adecuada, con pasos cada vez más seguros, creciendo con ellos nuestro éxito. Otro de sus significados es el ocultamiento de nuestros puntos débiles para los demás, por lo que nadie podrá bloquear nuestro éxito o avance.
- Burbujas. Simboliza la multitud, la unión, el camuflaje.
- Nube. Esta carta simboliza incertidumbre.
- Creación. Simboliza la creación, la imaginación, el desafío. También significa el poder y la mentalidad que tiene una persona al crear algo fantástico.
- Cambio. Esta carta simboliza cambio, apariencia, adaptación. También simboliza la posibilidad de mejorar situaciones de actuar como camaleón y aprovecharse de pasar desapercibido, por otro lado simboliza hipocresía y falta de identidad.
- Oscuridad. Simboliza lo oculto, lo que aún está por descubrir, la ventaja. Representa la noche.
- Carrera. Simboliza la velocidad, los reflejos, la capacidad de actuar rápidamente
- Sueño. Simboliza el futuro, la adivinación, los sueños premonitorios.
- Tierra. Simboliza la solidez, la sujeción y la vida.
- Borrar. Representa la desaparición, el olvido.
- Pelea. Simboliza la destreza y la lucha.
- Fuego. Simboliza la creatividad, la creación, la fuerza de voluntad y el amor.
- Flote. Simboliza la capacidad de tener una visión general sobre algo, o de evadirse de un problema.
- Flor. Representa la salud, el comienzo de un amor, o el florecimiento de algo.
- Vuelo. Simboliza la libertad, la evasión.
- Hielo. Simboliza la dificultad al avanzar, un bloqueo, o la parada de algo.
- Brillo. Esta carta simboliza la iluminación.
- Ilusión. Simboliza la esperanza, las ganas, la alegría.
- Salto. Representa la evasión de los problemas.
- Equilibrio. Simboliza la verdad, el equilibrio. La idea de la escala se utiliza también como un símbolo de la justicia y la verdad.
- Luz. Simboliza la claridad, la revelación, un futuro brillante. Representa el día.
- Pequeño. Simboliza el retroceso, el decrecimiento, el fracaso.
- Candado. Simboliza la soledad, la ignorancia, el misterio.
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