La tarta
PS. Creado a propósito del concurso de relato interactivo de EyL (sin llegar a participar en él)
La tartaLa tarta
La tarta
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Enchufas la máquina al último grito en realidad virtual, y un colorido menú se presenta ante ti. ¿Serán las opciones de dificultad?, ¿semillas para generar una skin aleatoria?, ¿facciones en las que agruparnos? Con intriga, eliges:
1 Azul cían
Aterrizas tu avión de combate en tu hangar privado, y te tumbas desoladamente sobre el sofá, situado en una de las esquinas: «¿para qué construirse una casa en otra parte, pudiéndola tener tan cerca del trabajo? —razonas tras acomodarte segundos después de desembarcar—. Además, ¡Dios, quién renunciaría a este olor a queroseno, napalm y pólvora! —exclamas tras inhalar profundamente».
Estos bálsamos, tan reconfortantes para tu ánimo, te son de lo más necesarios: hoy ha sido un día triste para el color azul. Por una parte, tras explorar durante hora y media una nueva ruta de este páramo postapocalíptico, no encontraste nada: ni fuentes de agua, ni vegetación que recolectar, ni animales que cazar. Por otra, cuando a la vuelta trataste de rapiñar los frutales del territorio rojo, sus antiaéreos dañaron una de tus alas. Y mientras tanto, la alacena sigue vacía y tu estomago malhumorado.
No obstante, un extraño aroma consigue sobreponerse a los petroquímicos. Levantas la vista, y lo confirmas. La sorpresa es tal, que se escapa por tu boca: «¡Una tarta de arándanos! ¡Y recién hecha! —tu cerebro se atasca unos segundos— ¡No, imposible! El azul es una especie solitaria rozando lo huraño: no, esto no puede ser un regalo amigo de algún hangar vecino... —el motor de tu mente vuelve a desfallecer unos instantes— ¡Joder, pero qué buena pinta tiene! ¡¿Ah, cielos, qué debería hacer?!»
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1.1 Te miras los pies descalzos
El desagradable sabor a cuero de tus exbotas te produce una arcada, absurda como la propia situación, pues no hay nada que vaciar. Has tomado una decisión: «¡Si he de morir, que sea comiendo!»
Te tambaleas hasta la tarta e intentas contener la ansiedad: quieres paladear cada uno de sus gramos. Aun así, no puedes evitar los temblores, y antes de que te des cuenta terminas con toda la cara manchada de un profundo azul: el reflejo sobre el fregadero, que te quedas mirando medio inconsciente un rato, te lo muestra claramente.
Y contra todo pronóstico, te percatas al fin, la tarta sigue ahí, intacta, observándote. «Entonces, este color de mis labios, de mi rostro... ¿es la lividez por desnutrición?» Tomas aliento, dejando que la volátil gasolina del ambiente entre por tus pulmones para carburar a tus... ¿alucinadas neuronas? Y cuando te dispones, ¿de nuevo?, a hincar el diente, una suerte de Diablo Negro en forma de payaso emerge del desagüe, levantando consigo, a través de su illicium, su esca en forma de tarta: adelantándose a tus intenciones, te devora.
Game Over Azul: ¿Muerte por alucinógena desnutrición, o por Rape Abisal Comehumanos?
1.2 Recuerdas qué querías ser de mayor
La profesión de catar alimentos ya no te parece tan envidiable ahora, y desearías tener alguna mascota que cumpliera ese rol por ti (aunque, ¿para qué engañarnos?, ya te la habrías comido antes de llegar a este punto). Ello te da una idea: cuando vayas a robar agua al lago del amarillo, dejaras esta tarta como ofrenda de buena voluntad; eso les despistará, permitiéndote huir sin más daños. Con suerte, tu Bambi bucket capturará también algo de pescado.
Ending Azul: «¡Una trucha!» Vives un día más.
2 Rojo magenta
La rabia se había apoderado de los corazones de toda vuestra tribu: esta mañana atacó, rapaz, el águila de azulado acero, y con su repetitivo, rápido, y afilado grito de guerra hirió de muerte a una de vuestras madres, que se hallaba recogiendo los frutos más maduros y sabrosos para honrar a los atávicos en esa velada que se prometía de júbilo. Que la artillería antiaérea dañara una de las alas de aquella mala bestia, haciendo que soltara la red de arrastre (con la que arrasaba vuestro huerto) para mantenerse a flote, no alivió vuestra ira.
Y mientras maquinabais como pueblo su venganza, tú en particular notaste algo extraño sucediendo en el vientre del que vinisteis: era de allí, y no de los arbustos, de donde emanaba un cada vez más intenso olor a fresas, al tiempo que su barriga se inflaba paulatinamente como levadura. Asombrada y expectante, la gente comenzó a congregarse ante aquel milagro, hasta que al fin su abdomen, que ahora recordaba al de una embarazada, se abrió: como si de un horno se tratase, una tarta recién hecha apareció.
El grupo redirigió entonces la discusión hacia esta nueva cuestión: ¿qué debían hacer? No obstante, tú vacilaste: algo en ti parecía haber despertado. ¿Qué debías hacer?
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2.1 Comer tarta de fresas
Aunque el color rojo podía cualificarse de sociedad acéfala e igualitarista, que rescataba de la agogé espartana la crianza comunitaria, un arrebato individualista te poseé: fuiste el primero en llegar, el primero en observar el fenómeno y, ahora, el primero en ser seducido, cediendo a tus instintos, a una llamada que se te antoja simplemente irrefrenable. No es hasta que el olor a fresa desaparece del ambiente que el clan se percata de lo sucedido. Ya no hay tiempo para deliberaciones, ni tiene sentido el reproche ni las represalias, por lo que se limitan a contemplarte:
De tu piel brotan, cual sarampión acelerado, manchas rojas que acaban por cubrir todo tu cuerpo, momento en el cual su color se intensifica hasta la saturación, empezando entonces a rebasar un fluido viscoso y magenta por tus diferentes orificios, incluyendo la porosidad más minúscula. Pero, siendo estos insuficientes para drenar toda esa suerte de inacabable mermelada de fresa, aun se crean nuevos, emergiendo de tu espalda dos ríos que luego se solidifican y se abren como dos alas de murciélago. De similar modo, de tu cabeza surgen cuernos de sátiro y de tus dedos garras demoníacas. Toda esta mutación es dolorosa hasta la extenuación, y, sintiendo que tu carne, huesos y órganos no la logran controlar ni soportar, te suicidas con tus recién adquiridas armas antes de seguir aguantando esa tortura hasta el mismo inevitable final.
Game Over Rojo: No es tierra para elegidos. Muerte por sobredosis de poder.
2.2 Participar en el debate
Sales de tu ensimismamiento y te unes al debate, pues comprendes que esa sensación será experimentada por la comunidad al completo cuando lleve expuesta tanto como tú: eres meramente la avanzadilla, y no te corresponde a ti tomar la decisión de forma independiente.
El desconcierto general es innegable, y la enriquecedora conversación se alarga lo suficiente como para revelar una propiedad inesperada de la tarta: su olor no merma, y su calor de recién hecha no disminuye. Más aun, esta radiación parece reconfortar vuestro ánimo y elevar vuestra fisiología al siguiente nivel de la escala evolutiva, catalizando cualquier adaptación.
Ending Rojo: El nacimiento del suprahumano.
3 Amarillo limón
Los astros se alinearon y el sol refulgió: el ojo que todo lo ve os informó, a la Central, de la existencia de tres haces de luces resonantes. A saber: los laboratorios decían haber logrado sintetizar —¡al fin!— el éter de la verdad (en la forma de tarta de limón), la guardia del lago había recibido del color azul una misteriosa tarta de arándanos a cambio de un poco de agua, y el servicio de inteligencia decía haber avistado una milagrosa tarta de fresas en un campamento rojo. Si vuestras sospechas, élite, eran ciertas, la reunión de estos elementos conducirían a vuestro imperio a la singularidad.
En cuanto a la obtención de este último, una espía notó que el color rojo creía en una vieja leyenda que también involucraba su reunión: si les prestaban momentáneamente sus tartas, estos no tendrían problema en cederles la suya tras una inocente liturgia en el templo. La decisión estaba clara:
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3.1 Hacer un trato con el rojo
«Materialización de una alucinación, un alma y una investigación: ¡Triada de los Profundos, yo te invoco!».
Game Over Amarillo: En este y el otro mundo, los Primigenios condenan tu incredulidad. La vía diplomática ha fracasado, y eventualmente encuentran tu cadáver conectado al equipo de realidad virtual.
3.2 Robar al rojo
Aunque no crees en la magia, en tu posición tampoco puedes condescender a semejante absurdo: ello daría un mal ejemplo a tu imperio tecnocrático. Y de todos modos, tampoco es como si el rojo tuviera ninguna posibilidad...
El episodio intermedio sólo está disponible, en la imaginación del lector, si se se conoce el final rojo. En caso contrario, dichas páginas están censuradas, pues la historia la escriben los vencedores.
Los laboratorios habían planificado con antelación y sumo detalle, sólo por si acaso, la rápida preparación de las dosis homeopáticas de una mezcla de los tres compuestos, así como su distribución a toda la población. Antes de que el rojo se diera cuenta, el color amarillo ya lo había trascendido: a él, y a ti.
Ending Amarillo: Singularidad. Al desconectar tu equipo de realidad virtual, encuentras tu apartamento convertido en una base científica amarilla.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.