Benatar y la asimetría dolor-placer

Benatar y la asimetría dolor-placer \AtBeginDocument{\providecommand\fnref[1]{\ref{fn:#1}}}

Preámbulo

«(1) the presence of pain is bad,
(2) the presence of pleasure is good.
[...]
(3) the absence of pain is good, even if that good is not enjoyed by anyone,
(4) the absence of pleasure is not bad unless there is somebody for whom this absence is a deprivation.
[...]
Of the pain of an existing person, (3) says that the absence of this pain would have been good even if this could only have been achieved by the absence of the person who now suffers it. [...] Clearly (3) does not entail the absurd literal claim that there is some actual person for whom the absent pain is good.
[...]
First, the asymmetry between (3) and (4) is the best explanation for the view that while there is a duty to avoid bringing suffering people into existence, there is no duty to bring happy people into being. [...]
It might be objected that there is an alternative explanation [...:] we have negative duties to avoid harm but no corresponding positive duties to bring about happiness.
[...]
There is a second support for my claim about the asymmetry between (3) and (4). Whereas it is strange (if not incoherent) to give as a reason for having a child that the child one has will thereby be benefited, it is not strange to cite a potential child’s interests as a basis for avoiding bringing a child into existence. If having children were done for the purpose of thereby benefiting those children, then there would be greater moral reason for at least many people to have more children. [...]
Thirdly, [...] Bringing people into existence as well as failing to bring people into existence can be regretted. However, only bringing people into existence can be regretted for the sake of the person whose existence was contingent on our decision. [...]
Finally, [...] Whereas, at least when we think of them, we rightly are sad for inhabitants of a foreign land whose lives are characterized by suffering, when we hear that some island is unpopulated, we are not similarly sad for the happy people who, had they existed, would have populated this island. [...]
Now it might be objected that just as we do not regret the absent pleasures of those who could have existed, we do not take joy in the absent pain of those who could have existed. [...] But joy is not the appropriate contrast to regret. [...] Thus the important question is not whether we feel joy —the opposite of melancholy— about absent pains but whether the absent pain is the opposite of regrettable—what we might call ‘welcome’ orsimply ‘good’.»
David Benatar Better Never to Have Been 2006, Capítulo 2,
Sección Why Coming into Existence Is Always a Harm,
Subsección The asymmetry of pleasure and pain
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A modo de complemento, cf. Solar Sands Voluntary Extinction 2021-3-20.

Aunque sus cuatro asímetrias auxiliares me parecen muy potentes o persuasivas, y más que suficientes para defender su conclusión antinatalista, no las considero una justificación de la asimetría principal dolor-placer. Como él mismo expone, me parece más natural el framing de las negative-positives duties,
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En este sentido, para mí, la reflexión de Benatar rompe una lanza en favor de la adopción (u otras formas no tradicionales de relaciones paterno y materno filiales) y, más en general, de la intervención social (voluntariado, activismo, participación ciudadana, ONGs...). I.e., aboga por mejorar nuestra situación actual antes de complejizarla aun más trayendo a ella nuevos elementos. Lo cual puede abstraerse nuevamente, en una suerte de minimalismo filosófico (ontológico, epistémico, ético...): preocupémonos primero de mejorar las infraestructuras preexistentes, y dediquémonos a los problemas ya establecidos, antes de abrir nuevos objetos y métodos de investigación o intervención. (Aunque este enfoque podría atacarse, alegando que a veces nuevos caminos catalizan o desatascan viejos; al final, como siempre, el problema es encontrar un balance.)
A este respecto, quizá la Paradoja de la mera adición (Derek Parfit Razones y Personas 1984) sea más incisiva, la cual no podemos resolver rápidamente apelando a alguna suerte de maximin (análogo al minimax de Rawls), pues entonces podríamos caer en el Monstruo de la Utilidad (Nozick Anarchy, State, and Utopia 1974). O por ponerlo en términos menos abstractos, ¿donde ponemos el corte en la existencia de unos privilegiados muy felices a costa de otros menos felices, frente a una sociedad en la que todos son igual de felices pero sólo en un punto intermedio de felicidad? Indiferentemente de como se responda a la pregunta, el caso es que traer a más gente al mundo no parece ayudar.
y tampoco me convence su diferenciación entre regret y melancholy: para mí, ambas ausencias son la misma ausencia.
Elaborar sobre este último punto es el objetivo de esta anotación, aunque en cualquier caso en ello voy a recontextualizarlo (por lo que no puede considerarse una refutación suya, sino una reflexión a propósito suyo), ya que tampoco tengo nada en contra de su restricción de dicha asimetría al caso de la natalidad, concordando con: «(4) is not bad because there is nobody who is deprived of the absent benefits. [...] we should have to regret, for X’s sake, that X did not come into existence. But it is not regrettable.»

El espectro dolor-placer

Algo que me molesta de su argumento es su binarismo: de acuerdo, el dolor es malo, pero, ¿cuán malo?
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Y análogamente para la pareja placer-bueno, aunque no lo diga cada vez: me limitaré a este caso por simplicidad.
Equiparar el bueno de la ausencia de dolor al de la presencia de placer, y considerar al malo de la presencia de dolor equivalente al bueno de la presencia de placer, me parece muy reducionista o corto de miras. Peor aun, en su discusión se trata al dolor y al placer como a entidades completamente separadas, cuando en realidad son duales, compartiendo una íntima relación. Es más, incluso podríamos complejizar el término «malo»: ¿malo para qué? ¿Las cosas son malas en sí mismas, o en relación a un cierto marco? Y en este último caso, ¿no podrían ser entonces buenas o malas al mismo tiempo según diferentes contextos o puntos de vista?
Por supuesto, soy consciente de que su argumento precisamente quiere prescindir de dichos matices (tanto de la circunstancialidad relacional, como de la contingencia del dolor
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Obviar su contingencia es igual de problemático que obviar su ya discutida circunstancialidad, pues, ¿acaso puede existir el dolor en abstracto, sin la presencia de un ser sintiente que lo experimente? ¿Y dicha experimentación no va a manifestarse en un espectro, en lugar de como a un binario?
), y ascender con ello a la categoría de metafísico-ontológico, pero no tengo nada clara la legitimidad de este enfoque, sintiéndose muy similar al argumento ontológico de la existencia de Dios y demás divagaciones de corte platónico o especulativo.

Por tanto, supongamos que el dolor y el placer:
  1. Sólo pueden existir materialmente.
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    Con esto no quiero decir que me limite al dolor físico, sino que voy a exigir que el dolor se exprese a través de un objeto material (e.g., un humano concreto) para poder hablar de él y de su existencia.
  2. Viven (o se expresan, manifiestan...) en un espectro, que va del máximo dolor que un ser puede experimentar, hasta su máximo placer.
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    Los receptores del dolor y el placer son algo material que puede saturar, por lo que podemos tomar esto como proxy. Aun con todo, no descarto que haya otros factores que influencien la experiencia del dolor y el placer, dejando de lado la tremenda sobresimplificación de «hay unos receptores del dolor que dan cuenta de todas las experiencias a las que llamamos dolor».
    Por otra parte, dado que dichos receptores pueden bloquearse con anestésicos y demás, o atrofiarse con el tiempo, o variar en número en razón del sujeto particular, dichos máximos van a depender del momento y el ser que se evalúe. Cuestión a parte es si son experiencialmente alcanzables, pues, e.g., una persona puede desmayarse al superar un cierto umbral del dolor.
  3. Los podemos representar mediante el intervalo real [ -1,1 ] .
  4. Sin perdida de generalidad, podemos considerar que todo x<0 constituye un dolor perceptible.
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    Es posible que haya dolores tan ínfimos que ni siquiera nos demos cuenta de ellos (o que no nos molesten), y que sean por ende (en la práctica) ausencias. Sea en tal caso [ c,d ] dicho subinterlo imperceptible. Entonces podemos construir una nueva escala en la que dicho subintervalo se colapsa (o se envía) a 0.
Y ahora preguntémonos: ¿a igual cantidad de dolor y placer (en valor absoluto), estos son percibidos de manera diferente (o con distinta carga ética)?,
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Por lo dicho en Nota al pie 9, piénsese en [ a,b ] .
¿si no sufro, me encuentro en una agradable paz (incluso si no hay presencia de placer en esa paz), mientras que si no gozo, simplemente estoy neutral?
El fraseado «agradable paz» debería hacernos sospechar. De acuerdo, para Epicuro, el mayor de los placeres no es un placer en sí, sino la ausencia de dolor (aponia), que es el camino hacia esa descrita paz (ataraxia). Sin embargo, ¿por qué la aponia no debería ser considerada un placer en sí mismo, en el momento en el que la reconocemos como placer? ¿No es ello muy arbitrario? Y si admitimos que la ausencia de dolor es buena simplemente porque es una presencia de placer, ¿no podría ser que la ausencia de placer fuera una presencia de dolor?
Pensemos, e.g., en el péndulo de Schopenhauer:
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«Si ya en la naturaleza carente de conocimiento vimos que su esencia era un ansia continua sin fin ni descanso, al considerar el animal y el hombre eso se nos presenta con mucha mayor claridad. Querer y ansiar es todo su ser, en todo comparable a una sed imposible de saciar. Pero la base de todo querer es la necesidad, la carencia, o sea, el dolor, al cual pertenece en origen y por su propia esencia. En cambio, cuando le faltan objetos del querer porque una satisfacción demasiado fácil se los quita enseguida, le invade un terrible vacío y aburrimiento: es decir, su esencia y su existencia mismas se le vuelven una carga insoportable. Así pues, su vida, igual que un péndulo, oscila entre el dolor y el aburrimiento que son de hecho sus componentes últimos. Esto se ha tenido que expresar de una forma muy extraña: después de que el hombre hubo puesto todos los sufrimientos y tormentos en el infierno, para el cielo no quedó más que aburrimiento.» Schopenhauer El mundo como voluntad y representación 1819, Libro Cuarto, Sección 57.
¿la ausencia de placer no conlleva intrínsecamente aburrimiento?, ¿la expectativa de recibir y consumar un placer no puede generarnos dolor al no recibirlo?, ¿no es la envidia un dolor provocado por una ausencia de placer?, etc.
Por supuesto, alguien podría contestar que, en estos casos, no es la ausencia de placer en sí lo que es malo:
  1. En el momento en el que una actividad (dibujar, jugar, ver una serie, cultivar una amistad...), en alguna de sus dimensiones (intelectual, lúdica, emocional, física...), ya no me produce placer, sino aburrimiento, entonces ya hemos saltado al campo del dolor, y ya no es entonces una cuestión de ausencia de placer (que, si acaso, podría ser un estado intermedio previo al aburrimiento).
  2. Cuando se rompe una expectativa de recompensa, lo que me daña es ese quiebre, no la ausencia en sí de placer.
  3. Nuevamente, en la envidia me hiere un expectativa enfrentada a una diferencia, y no la ausencia de placer en sí.
No obstante, me parece sospechoso querer compartimentalizar o separar así dos emociones tan intrincadamente unidas (como debería poner de manifiesto lo natural que resulta pintarlas en un espectro), en especial teniendo en cuenta que podemos constatar su dualidad de manera tan recurrente.
Otra posible contraargumentación sería que «The absence of pleasure is not bad unless there is somebody for whom this absence is a deprivation.», o de otro modo la ausencia de placer sería siempre mala. A lo que yo me pregunto: ¿y no lo es?, ¿no es siempre una privación?, ¿no hay una dualidad dolor-placer constante, por la cual la ausencia de uno implica necesariamente la presencia del otro? E.g., ¿la ausencia de un dolor estomacal no es equivalente al placer de tener un estomago que funciona adecuadamente, y viceversa?,
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¿Acaso es esto diferente a: «Whereas, at least when we think of them, we rightly are sad for inhabitants of a foreign land whose lives are characterized by suffering»?
¿la ausencia del hambre no es equivalente al placer de haber comido hace no demasiadas horas, y viceversa?
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Más en general, ¿no es la ausencia del dolor de la enfermedad, la presencia del placer de la salud?
¿Qué estamos entendiendo por dolor y placer?
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Por poner algunos ejemplos más sutiles:
¿Qué dolor representaría la ausencia del disfrute de saborear un pastel de chocolate? Pues depende de la persona: el dolor de ser pobre y no poder comprarlo, el dolor de estar encorsetado por unos estandares de belleza y salud que no me lo recomiendan, etc.
¿Y la ausencia del placer de recibir una visita inesperada de parte de un amigo, suponiendo que ello me resulte placentero? Pues el dolor de no tener a un amigo que me conozca lo suficiente como para saber que me gustaría, y al tiempo estar dispuesto a hacerlo.
(Soy consciente de que suena todo medio ad hoc, y que mis explicaciones tienen la misma legitimidad que las freudianas, pero supongo que únicamente me estoy divirtiendo con esta idea; tampoco es como si pretendiera que se me tomara en serio.)
De hecho, siendo más precisos, la ausencia o negación de un dolor es: o un placer, o simplemente una ausencia.
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I.e., si decimos que «(una emoción) x es un dolor ssi x<0 (en el espectro ya definido)», entonces la ausencia (o negación) de dolor corresponde a un x tal que x0 .
Es más, si dolor y placer viven en un espectro, entonces, en estricto rigor, la ausencia de uno sería siempre la ausencia del otro, o una ausencia sería simplemente eso: una ausencia, cero.
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Doy ambas interpretaciones de la situación porque considero que hay una cierta ambigüedad en la expresión «ausencia de dolor», pero tómese cualquiera de las dos. El punto es que hay una dualidad entre dolor y placer, y luego un valor neutro a medio camino.
Y en este último sentido, lo mismo nos da decir que es una ausencia de placer o de dolor, porque corresponden a ese mismo subinterlo de imperceptibilidad, y la diferencia entre una y otra expresión es sólo de framing.

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