Dialéctica hegeliana: alegorías y ejemplos

Alegorías matemáticas para HegelDialéctica hegeliana: alegorías y ejemplos

Dialéctica hegeliana: alegorías y ejemplos

Sékioz de Niafre

Alegoría

Desde mi primer contacto con la tríada dialéctica (¿vía El mundo de Sofía en 2010?), siempre me la he representado como una curva sinusoidal que se va estrechando en el tiempo, como si revotara contra los bordes de un abeto hasta converger en su pico. O más técnicamente, como el conjunto de los extremos locales de $x\sin\frac{1}{x}$ para x0 , i.e., $\{x\sin\frac{1}{x}:x\sin\frac{1}{x}=\cos\frac{1}{x},x<0\}\cup\{0\}$ , donde {0} representaría el absoluto y, el resto de puntos, las alternantes antítesis intermedias.
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Un símil quizá más claro, aunque igualmente carente de matices, sería el algoritmo de búsqueda binaria.
En retrospectiva, sin embargo, creo que la imagen de un cono bidimensional (implícita en dicha curva) ya es suficiente evocadora, pues en cada momento la opinión sobre un asunto (por parte de un individuo o un colectivo) vive en un espectro (e.g., empirismo–racionalismo), y aunque la curva pudiera representar entonces la opinión mayoritaria (en el caso de colectivos), dudo que ésta:
  1. tocara nunca los extremos
  2. estuviera siempre cambiando
  3. se movieran de manera continua (i.e., sin dar saltos), o de otro modo estaríamos pasando reiteradamente por delante de la respuesta sin darnos cuenta (por el teorema de Bolzano, y suponiendo que vayamos de extremo a extremo).
  4. hubiera una única curva para empezar, como deja constancia la prevalencia del bipartidismo (a pesar de la omnipresencia de la distribución normal, la multimodal captura mejor esta clase de escenarios)
Y todavía lo podemos hacer mejor: si en lugar de considerar sólo el espectro 1-dimensional entre dos posiciones opuestas respecto a una cierta pregunta, desgranamos ésta en dos (o n , para el caso), podríamos conceptualizar entonces la evolución de las ideas (de un individuo o un colectivo) como curvas dentro de un cono n+1 -dimensional. Y en efecto, resulta tentador entender a las revoluciones científicas (y filosóficas) como la adicción de una nueva dimensión ortogonal al problema.
Aun con todo, tampoco hay que perder de vista que puede ser un poco ingenuo afirmar como Hegel que dicha evolución es convergente, y que al final de ella encontraremos la teoría del todo: nada impide que la cuántica y la relatividad sean irreconciliables, que el sistema político «absoluto» dependa del tiempo y el lugar (o, en esencia, de sus constituyentes en un momento dado, reflejando la estabilidad de un status quo su obtención), etc. Y aunque pueda parecer, particularmente en ciencia, que los nuevos descubrimientos limitan cada vez más las posibilidades de lo real (llegando finalmente a la solución correcta por ensayo y error), también ésta ha sufrido sus backlash.
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E.g., «As our circle of knowledge expands, so does the circumference of darkness surrounding it.»
Sea como fuere, lo que no se puede negar es que es un paradigma de descripción e investigación muy revelador y práctico (lo mismo que la epistemología de Kant), y me gustaría aquí ilustrarlo mediante un estudio de caso, cuya idea base tomo prestada.

Ejemplo

Supongamos que:
  1. heredo una cámara de fotos antigua $c_0$
  2. no tengo conocimientos previos sobre las mismas
  3. trasteando con ella, termino aficionándome a la fotografía.
A medida que avance mi aprendizaje práctico y teórico de la disciplina, se irán haciendo más patentes las carencias de mi cámara, y empezaré a desear una nueva. Esto puede ocurrir incluso en el momento de recibirla, quizá de manera inconsciente, en base a prejuicios tipo «si es vieja o de segunda mano no puede ser muy buena o estar en demasiado buen estado». En tal caso, la cámara deseada se constituirá en mi mente por negación determinada de dichas propiedades en una cámara $c_1$ cuya única característica, $c_{1,1}$, sea ser nueva.
Con sólo pensar esto, conscientemente o no, empiezo entonces a clasificar las cámaras bajo dicho parámetro, y me doy cuenta que hay profesionales del sector que siguen usando cámaras más antiguas que la mía, mientras que algunas de las cámaras nuevas de mis conocidos son mucho peores que la mía. Comienza así a emerger en mi mente una nueva configuración menos ingenua por negación de la determinación anterior c 1,1 , resultando en $c_2 =( c_{2,1} , c_{2,2} )$ : no me importa si es vieja mientras esté en buen estado, pero molaría que fuera de buena marca para hacer esas viguerías de los profesionales.
El tiempo sigue pasando, y me doy cuenta de que la diferencia fundamental entre las cámaras de los expertos y de mis colegas amateur no es la marca, dentro de la cual se puede aglutinar una amplia línea de productos destinada a usuarios muy distintos, sino las especificaciones técnicas: cuando se aclama la calidad de una marca, particularmente entre profesionales, se va a usar como referencia su gama alta, que es la que cumple los estándares más exigentes y recibe las últimas mejoras de I+D+i de la empresa. Ha nacido $c_3 =( c_{3,1} , c_{3,2} , c_{3,3} ) , en la que se sigue delegando en la marca el balance de dichas prestaciones, haciendo una negación determinada de c_{2,2} y manteniendo aun c_{2,1} .
Nuevamente, «gama alta» sigue siendo un concepto demasiado vago, pues dentro de ella habrá diferentes especialidades:
  1. Hasselblad H6D-400c MS (2018): 400 MP, ideal para impresiones de gran formato (2x1.5 m a 300 ppi), o hacer primeros planos de los detalles más pequeños (aka macros, permitiendo hacer zoom, e.g., en los pelos individuales de un escarabajo)
  2. Nikon Coolpix P1000 (2020): objetivo integrado con distancia focal de 3000 mm (zoom óptico equivalente a 125x), ideal para capturar los detalles más lejanos (e.g., animales asustadizos, peligrosos o inaccesibles)
    1. Canon 5200 mm f14 (2005): puede enfocar objetos a 51.5 km.
  3. etc.
En particular, mi etérea imagen de una cámara todopoderosa deviene irreal, ya que cada una de ellas tendrá sus trade-off, ora por ser demasiado especializada, ora por ser demasiada generalista o todoterreno. Nace así $c_4$ , en la que por primera vez entra en consideración la customización de las specs (en función de mis propósitos, y por negación de las determinaciones que no me interesen tanto), como el rango de ISO, apertura, velocidad de obturación y distancia focal, la resolución, los fps... No me voy a meter aquí, pero podríamos desgranar $c_4$ en toda una serie de puntos intermedios en los cuales se prepondera una cualidad sobre otra, y se aprenden los pros y contras de enfocarse demasiado en cada una de ellas, sin llegar a renunciar a la gama alta, sino sólo negando algunas de sus determinaciones.
En mi odisea hacia la cámara perfecta para mí me doy cuenta de que en realidad no necesito grandes specs (quizá porque tampoco sabría explotarlas en primer lugar), y comienzo a gravitar hacia aspectos de usabilidad: mejores modos automáticos (e.g., basados en IA), menos peso, baterías de mayor duración (para no tener que andar cargando con repuestos en mis largas expediciones por el monte), etc. Obviamente, esta nueva cámara $c_5$ (que también podríamos desgranar) no tiene porque pasar de una gama alta a una baja, pues si no me interesará la calidad no habría comenzado este viaje, pero probablemente se acerque más a la gama media que originalmente.
Finalmente, mi cámara se rompe y me percató de que había subestimado la importancia de la marca: ésta no es sólo una garantía de calidad, sino también de recambios ($c_6$ ). Y ante su ausencia, me veo obligado a enfrentarme finalmente a la compra de un nuevo equipo, entrando en juego un nuevo factor: el precio ( $c_7$ ). Y viéndome con un presupuesto escueto, y ponderando si me compensa comprar dentro de mis posibilidades o simplemente tirar la toalla, termino descubriendo una dimensión experimental y alternativa en movimientos como la lomografía (que revitalizan mi interés por este hobby, pues mi foco de atención no estuvo realmente nunca en la calidad, sino en su cualidad de impactarme), acabando con una barata cámara de una tienda de segunda mano que pondera todos los factores anteriores ( $c_8$ ).

Resumiendo, conforme entiendo mejor mis necesidades y posibilidades (i.e., mi conciencia), así como las características (posibilidades) de las cámaras del mundo (i.e., la realidad nouménico–fenoménica o en sí),
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Técnicamente, el «en sí» en Hegel forma también parte de la consciencia, pues el mundo sólo existe como representación. En este sentido, puede entenderse su dialéctica como las instrucciones para trazar un puente entre el yo y el no-yo de Fichte. De hecho, visto así, hasta recuerda a como el panteísmo de Plotino soluciona el dualismo de Platón, como si yo y no-yo fueran degradaciones una misma fuente original (el absoluto), que podemos recuperar al hacer dialogar el yo con el no-yo.
mediante un continuo contraste (sucesivamente más refinado) de ambas, llego al fin a la cámara absoluta (para mí, que es sobre quien se ha aplicado la dialéctica).
En otras palabras, las sucesivas cámaras deseadas serían las «cámaras para la conciencia» (que pueden no existir, como en el caso de una cámara todopoderosa), y las concreciones físicas de éstas serían las «cámaras en sí», siendo la cámara absoluta el momento en que ambas coinciden o están en correspondencia, i.e., la «cámara en sí y para sí» (i.e., para la conciencia).
Lo interesante de ésta representación del asunto es que, en última instancia, la cámara en sí (originalmente desconocida, e inalcanzable según Kant) reside en el sujeto, o es accesible a —o cognoscible por— él, pues termina viniendo de él mismo, de su conciencia: la dialectica únicamente ha explicitado la expresión (contenido y forma) de dicha idea. Por supuesto, esto se logra mediante una restricción de qué constituye lo real, pero aun con todo no deja de ser una perspectiva iluminadora.

Recalcar también que el esquema tesis–antítesis–síntesis
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Reformulación de Fichte, en Rezension des Aenesidemus y Grundlage der gesamten Wissenschaftslehre 1794.
no termina de capturar bien los matices de las negaciones determinadas de Hegel, ya que el primero parece sugerir una oposición frontal entre posturas (e.g., cámara vs no-cárama), mientras que el segundo procura una mezcla mejorada de las anteriores por medio de un compromiso que niega sólo aquellas determinaciones o elementos que chocan, quedándose con los más adecuados de cada uno proponiendo una vía alternativa a modo de reconciliación del conflicto (e.g., entre deseo, necesidad, disponibilidad...).

Alegoría 2

Diría que es habitual pensar la conjunción del «en sí» con el «para la conciencia» en el «en sí y para sí» como a una suerte de santísima trinidad. Sin embargo, creo que la lingüística provee de un símil laico más natural:
Dada una palabra, puedo pensar ésta sólo como su significante (el para la conciencia), sólo como su significado (el en sí), o bien como a un todo unificado (el para sí y en sí). Y en mi primer encuentro con ella, es probable que no entienda bien su significado, sino que sea a través de los contrastes sucesivos de su uso (por mi parte y la de otros) que éste quedara sucesivamente más claro y acotado, llegando en última instancia a un criterio adecuado de uso, i.e., a una correspondencia mutua entre el «en sí» y «el para la conciencia».
Cabe matizar, no obstante, que dicha dialéctica entre significante y significado ocurre fuera de mí, mediante procesos sociolingüísticos, mientras que en Hegel ocurre dentro de mí. Una analogía alternativa que solventa esto podría venir de la matemática, donde al atacar un problema, es habitual que uno mismo vaya refinando (mediante sucesivos reframings) su definición tanto del problema como del objeto. Cf., e.g., 3Blue1Brown What does it feel like to invent math?
Nótese también que no es cierto que mi primer contacto con una palabra tenga que ser necesariamente a través de su significante: esto sólo ocurre si carezco de contexto. De hecho, incluso podría experimentar antes su significado que su significante, en el mismo sentido en el que a veces predigo la palabra que va a usarse, o cual es su significado, por el contexto. E.g., en un texto que transmita lo suficientemente bien sus sentimientos y razones, o verse sobre un tema en el que ya esté curtido, como para que prediga de manera natural partes del mismo, encontrándome a posteriori, en lugar del fragmento predicho, una nueva palabra que sintetice dicha idea.
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Un ejemplo seguramente más natural sería el aplicado a textos musicales (i.e., partituras), por lo poco que sé de musicología. Y otro más cercano a mí, el de las definiciones matemáticas que emergen de manera orgánica de un teorema, terminando con el clásico «y llamamos al objeto cuya existencia acabamos de demostrar <palabra>».

Ejemplo 2

Reiniciemos ahora el ejemplo de la cámara y consideremos que, en mi infinita ingenuidad (inherente a la conciencia natural inicial), quisiera una con:
  1. suficiente zoom como para poder fotografiar Plutón
  2. una suerte de funcionalidad de rayos-X que me permitiera fotografiarme los huesos de la mano
  3. capacidad para capturar olores
  4. sabor a manzana
  5. etc.
Al entender mejor mis necesidades, terminaría comprendiendo que una cámara no es lo que busco, comprando en su lugar un telescopio, una máquina de rayos-X portátil, un instrumento de scentography (e.g., iSmell 1999, Madeleine de Amy Radcliffe 2013), un aromatizante de manzana, etc.
Ahora bien, ¿serían éstas negaciones determinadas o indeterminadas? No en balde, si existen cámaras con visión nocturna, quizá no es tan impensable que alguien se construyese para sí una cámara radioactiva con la funcionalidad de rayos-X. Y tomando como referencia cámaras como la Canon 5200 mm, igual hay una paradoja sorites implícita entre lo que constituye ser una cámara o un telescopio. De hecho, los smartphone, vistos desde la perspectiva de los años 1930s, son un buen ejemplo de como las categorías ontológicas de las diferentes tecnología se difuminan con el tiempo.
En este sentido, me atrevería a decir que Hegel no rehuye por completo (o no se guarda de caer en) este tipo de negaciones menos determinadas en su Fenomenología (1807), particularmente en los giros en los que la conciencia se autoactualiza y pasa a un nuevo estado, redefiniendo sustancialmente el objeto buscado. Y de ahí que se haya descrito como:
«a philosophical roller coaster [...] with no more rhyme or reason for any particular transition than that it struck Hegel that such a transition might be fun or illuminating.» Terry Pinkard, Hegel's Phenomenology: The Sociality of Reason (1994)
«I do not think that it is difficult to see that whoever puts forward anything like this is a shameless charlatan who wants to fool simpletons» Schopenhauer, Parerga and Paralipomena (1851)
«The idea of arranging all significant points of view in such a single sequence, on a ladder that reaches from the crudest to the most mature, is as dazzling to contemplate as it is mad to try seriously to implement it» Kaufmann, Hegel. Reinterpretation, Texts, and Commentary (1965)

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