Fue en un motel
(escrito para el concurso de microrelatos, con temática "motel", del 8/2020 del Discord Escritura y Lectura; 3+1 puntos de entre 12 participantes)
Fue en un motel
Ya hemos llegado, de nuevo en primera línea de guerra. Ah, mi querido Motelcito, que buenos tiempos hemos pasado... Pero no nos encantemos, si pretendemos seguir fabricando fabulosos recuerdos. Por el contrario, debemos movernos con ligereza, si queremos saciar la sed, hambre y deseo de nuestros insaciables convidados. Eso es, que se nos amodorran, sin el influjo de nuestro aliento vital, sin nuestra energía animal, que baja sinuosa desde su lengua hasta su bajo vientre, reponiendo su vigor y fuerza. ¡Qué prenda la llama, y suba la temperatura!
Aquí, y allá, no falten manos, ni instrumentos, a este fin —¡a este arte!— tan básico y necesario, que ha de levantar todos los ánimos. A veces siguiendo una clara hoja de ruta, otras improvisado sobre la marcha, e incluso experimentando con nuevos caminos que hayan de colmarnos, siempre terminamos mezclándonos en un íntimo manoseo, amasándose mutuamente nuestros cuerpos en rítmicos movimientos que dan forma y sentido a los ingredientes que con tanto amor se han introducido. Oh, sí, ya puedo oír rugir al león concupiscible, y cómo renace de sus profundidades.
La que una vez fuera materia en calma, quieta y silenciosa, ahora ya se hincha, ondula, vibra, borbotea, exhala, inunda con su vaho todo mi rostro, impregnándome con su delicioso olor, penetrando su esencia misma en mi interior, sin hacer concesiones de ninguna clase. La maquinaria ya ha tomado carrerilla, y advierte con su gemido de la presión que la ha empoderado, o quizá dominado: así, ¿quién se atrevería a parar a la bestia, sino es en sus propios términos?
Pero al fin, todo llega a su cierre. Los fuegos se apagan, las ventanas se abren, el aire se renueva, y las aguas y jabones recorren el lugar. Aunque no sin antes regalarnos nuestra premiada recompensa: la degustación de nuestro arduo trabajo. ¡Fantástico! Ha salido a pedir boca. Ahora sí, apretamos el botón de los altavoces: «el servicio de comida del Motel San Lorenzo queda abierto». Sí, fue en un Motel donde me enamoré de la cocina.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.