De las cualidades primarias en Locke y Berkeley
De las cualidades primarias
en Locke y Berkeley
Dos observaciones sobre su medibilidad
A modo de atajo, a veces se identifican las propiedades primarias de un objeto con las medibles. Sin embargo, quiero recordar que el color, típicamente clasificado como secundaria, puede cuantificarse mediante un espectrómetro o un colorímetro, definiéndose por la longitud de onda de la luz.
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Cf. Wikipedia, List of colors by shade.
Más aún, y recuperando el demonio de Laplace (discutido en mi «apología de la percepción»), una comprensión total del funcionamiento de la visión humana, así como un conocimiento perfecto de las posibles anomalías —respecto a dicha descripción canónica— de mis ojos y cerebro y los tuyos, me permitirían ver las cosas tal cual las ves,
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como quien cambia de base en álgebra lineal, eliminando toda subjetividad (o, si se quiere, sustituyéndola por una inter-subjetividad).Pueden verse algunos ejemplos más humildes de esto en: Game Maker's Toolkit Making Games Better for Gamers with Colourblindness & Low Visibility (2018-8-22).
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Nótese que en mi metáfora se está asumiendo que nuestras matrices son compatibles, i.e., que nuestras diferencias no son tan grandes como para devenir irreconciliables; no en balde, podría ocurrir que «If a lion could speak, we could not understand him» (Wittgenstein, Philosophical Investigations, 1953). Veasé también a este respecto Nagel, What Is It Like to Be a Bat? (1974).
Aun con todo, sí tiene sentido hablar de la partición del conjunto de sujetos, considerándolos sólo modulo compatibles, y siendo cada una de las clases de equivalencia resultante un inter-sujeto. Ahora bien, convendría explicitar a este respecto que no estamos entendiendo sujeto como individuo, sino como la matriz de anomalías de percepciones, la cual puede variar en un mismo individuo a lo largo del tiempo a causa de enfermedades, fatiga, drogas... de manera que uno de nuestros inter-sujetos, e.g., podría estar compuesto por todos aquellos individuos ciegos.
Para terminar, notar también que se está asumiendo la existencia de una base canónica, lo cual tampoco es evidente en general, como deja constancia el programa «standard monomial theory» de Seshadri (1978) dentro de la teoría de la representación.
De hecho, podría argumentarse que, para dicho demonio, todas las cualidades secundarias serían medibles. La diferencia radicaría, por tanto, no en que el color no sea medible, pues sí lo es, sino en que, además de serlo, tiene una dimensión subjetiva (o qualia) de la que difícilmente podríamos hablar con respecto a propiedades primarias como la de masa, particularmente cuando la percepción de ésta depende del parámetro gravitacional estándar, aunque sí podríamos hablar de la qualia del peso a través de los mecanorreceptores sensoriales de presión.
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De ahí las descripciones sinestésicas en The Tommy Edison Experience Describing Colors As A Blind Person (2012-12-4) y similares, haciéndose eco de la psicología del color (rojo de ira y pasión, verde de frescura), los colores complementarios, y demás ramas de la teoría del color. Y de ahí también el cuarto de Mary (1982), que considera que nuestro demonio no tiene acceso a las qualias.
Es precisamente esto lo que pone de manifiesto Berkeley: nuestros cambios de base sólo tienen sentido cuando se aplican sobre los distintos valores u objetos (pudiendo ser estos ellos mismos), y a su vez, éstos sólo cobran pleno sentido cuando son realizados por dichos sujetos o cambios de base; «esse est percipi aut percipere». Ahora bien, ¿dicho sujeto debe poseer necesariamente una consciencia para poder realizarlos? ¿Acaso, e.g., un objeto no es visible precisamente porque es «percibido» por la luz?
En efecto, el color de los objetos viene dado justamente por la parte del espectro electromagnético de la luz que no absorbe. Y, mismamente, podría decirse que las colisiones de dichos fotones —o, para el caso, los átomos alrededor del objeto— le dan también una textura, e incluso un sonido, salvo que se halle en el vacío y las ondas mecánicas que dichos rebotes producen no puedan viajar. Más aun, hasta podría decirse que es autopercibido: salvo que se halle en el cero absoluto, los átomos en vibración que lo componen y que interactúan entre sí mediante sus campos electromagnéticos se están «percibiendo» constantemente los unos a los otros.
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Cf. César Tomé, Incompletitud y medida en física cuántica V: Decoherencia o el papel de la consciencia (2013-3-26), particularmente el experimento mental «el amigo de Wigner», que viene a atacar con las entregas siguientes.
Y similarmente puede apelarse también a la desaparición del yo con la perdida temporal de la conciencia: la mente no es un ordenador que se apague y encienda cada vez que nos dormimos y despertamos. De hecho, cuando en verdad se apaga, lo más probable es que cause la muerte —o bien daños irreversibles— si no se vuelve a encender rápidamente. No en balde, aun cuando permanecemos inconscientes, tanto el cuerpo como la mente siguen activos y funcionando, en una suerte de estado semi-automático o vegetativo. Entendiendo el mundo fisicalistamente, y la conciencia como una propiedad emergente, es suficiente que el baseline cerebral se mantenga para que la misma consciencia pueda emerger cada día, y sintamos que no ha pasado el tiempo aun cuando hemos dormido durante horas.
Así, y resumiendo, podríamos afirmar que la realidad física misma es su propio garante de existencia y su propia fundamentación ontológica y metafísica, sin necesidad de recurrir a ningún deísmo. No en balde, no es como si Descartes y sus proponentes ilustrados buscaran el conocimiento epistémico a través del estudio de Dios, como en una suerte de apologética presuposicional: del mismo modo que, pragmaticamente, no necesito acudir a la relatividad general de Einstein que garantiza el buen funcionamiento de mi GPS para usarlo y entenderlo,
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tampoco ellos necesitan acudir a Dios para alcanzar el conocimiento, sino sólo para garantizar la posibilidad del mismo, a lo que yo me pregunto: ¿y para qué, entonces, fingir hipótesis?Ejemplo ontológico: no importa que interpretación de la cuántica utilice (Copenhague, De Broglie–Bohm, von Neumann–Wigner...): el resultado es el mismo, cf., e.g., César Tomé, Incompletitud y medida en física cuántica VI. Sobre el debate realismo vs instrumentalismo en ciencia, cf. ibídem VIII y Galileo vs. Iglesia Católica redux (V).
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Referencia al «Hypotheses non fingo» de Newton, 2a ed. Principia (1713): General Scholium.
Por otra parte, merece la pena notar que la medibilidad no tiene nada que ver con la objetividad de la propiedad: qué no podamos medir exactamente una magnitud, sino que tengamos que indicarla siempre con un error o tolerancia, no la hace menos objetiva. Así, podríamos decir simplemente que nos damos un margen en el que vamos a estar de acuerdo, y que siempre podríamos tomar la unión de dichos intervalos como referencia (pues, a priori, la intersección podría estar vacía).
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Cf., e.g., QuantumFracture La Cosmología Tal Vez Está a Punto de Cambiar | La Tensión de Hubble (2020-2-16).
A este respecto, quizá merezca la pena recordar que, en metrología, se distingue entre precisión (replicabilidad de las medidas) y exactitud (veracidad de las mismas).
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E igualmente relevante es el tema de la propagación de errores y de las definiciones de las unidades estandar, cf., e.g., Veritasium, How We're Redefining the kg y World's Heaviest Weight.En estadística se habla de sesgo y variabilidad respectivamente, y en análisis numérico de resolución en vez de precisión.
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