Thaumásantes: Una anotación sobre el asombro filosófico en relación a los estoicos

Una anotación sobre el asombro filosófico en relación a los estoicos

Thaumásantes

Una anotación sobre el asombro filosófico en relación a los estoicos

θαυμάσαντες (thaumásantes) puede traducirse como turbación, admiración, estupefacción, asombro... y es un término clave de la meta-filosofía, como ponen de manifiesto:
«El thaumásantes es un sentimiento propio del filósofo» Platón, Teeteto, 155d.
«Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por el thaumásantes; al principio, admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego, avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la luna y los relativos al sol y a las estrellas, y la generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia.» Aristóteles Metafísica I.2, 982b10-20.
Una lectura naive de estas afirmaciones puede llevarnos al cliché de «los filósofos se sorprenden de todo cual niños», particularmente explotado por motivos didácticos, y del que se hacen eco, e.g., en: Amb filosofia 1x01 Fer-se preguntes (28/12/2012). Sin embargo, como pone de manifiesto Aristóteles, éste es sólo el estado inicial (que no permanente) de la investigación filosófica, aquello que nos permite salir de la apatía original hacia el mundo, del considerarlo como un algo acabado, preestablecido y normal.
Ahora bien, dicho compromiso con la curiosidad, con la philos sophia, no tiene porque materializarse en una duda perenne, o la única escuela filosófica existente sería la escéptica. Por el contrario, e.g., puede expresarse mediante un esfuerzo racionalmente dirigido hacia una investigación sistemática del mundo, con la finalidad de evitar —dentro de lo posible— ser una marioneta enajenada del mismo, cuyo comportamiento resultara completamente azaroso para el iniciado. Ese es el caso de la polimatía promovida por los estoicos, amparada en su identificación de la physis con el logos, y es así como debe entenderse:
«Cada cosa ha nacido para algo, el caballo, la viña. ¿De qué te sorprendes?» M. Aurelio, Meditaciones, 8.19.

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