¿Todo era una broma?
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¿Todo era una broma?
«Διóτι, ἀπεχρίθη ἐχεῖνος, ἀξίωσιν ἔχωχατἀ τῆς γυναιχός μου οὐδ»
(«Mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet»)
(«Mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet»)
Πλούταρχος, Βίοι Παράλληλοι (c. 100 dC), Καίσαρ, 10
«Celui qui feint une maladie peut simplement se mettre au lit et faire croire qu'il est malade. Celui qui simule une maladie en détermine en soi quelques symptômes.»
E. Littré, Dictionnaire de la langue française (1873), simuler (synonime 1)
«Le simulacre n'est jamais ce qui cache la vérité —c'est la vérité qui cache qu'il n'y en a pas. Le simulacre est vrai»
J. Baudrillard, Simulacres et Simulation (1981),
epígrafe falsamente acreditado a Eclesiastés.
epígrafe falsamente acreditado a Eclesiastés.
«If men define situations as real, they are real in their consequences.»
W. I. Thomas y D. S. Thomas, The child in America (1928), XIII,
popularmente conocido como «teorema de Thomas»
popularmente conocido como «teorema de Thomas»
«ὅστις γὰρ ἔχει, δοθήσεται αὐτῷ καὶ περισσευθήσεται·
ὅστις δὲ οὐκ ἔχει, καὶ ὃ ἔχει ἀρθήσεται ἀπ’ αὐτοῦ»
(«Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más;
pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.»)
Mateo 13:12 (c. 80 dC),
reapropiado por R. K. Merton en The Matthew Effect (1968)
reapropiado por R. K. Merton en The Matthew Effect (1968)
«won't all utterances be performative?»
J. L. Austin, How to do Things with Words (1962), VIII,
al replantear su dicótoma constativo/performativo por ilocutivo/perlocutivo,
empeño demarcativo en el que también fracasara,
apuntando Barrendonner (1987) a motivos extralingüísticos (las instituciones),
y siendo las profecías autocumplidas una de sus vertientes.
al replantear su dicótoma constativo/performativo por ilocutivo/perlocutivo,
empeño demarcativo en el que también fracasara,
apuntando Barrendonner (1987) a motivos extralingüísticos (las instituciones),
y siendo las profecías autocumplidas una de sus vertientes.
«canalizar un único sentimiento de la manera más intensa posible para hacer un point, sin matices ni disclaimers; llevar una idea hasta el final y estar comprometido con ella a la vez que sientes un cierto desapego [...]; honesta pero no literal [...], pasando del plano de la realidad al de la fantasía»
Ter, reapropiación del concepto de performance (2018-9-25)
«Do I contradict myself?
Very well then I contradict myself,
(I am large, I contain multitudes.)»
W. Whitman, Song of Myself, en Leaves of Grass (1855)
La facilidad con la que se resuelve el malentendido final en Un chapeau de paille d'Italie (1928), cerrando la obra con un mero «Rien n'est rompu, papa. Je vous expliquerai.», me recordó al desenlace revelatorio de The game (1997) y, por extensión, las tramas que ponen en entredicho la genuinidad de lo ocurrido —ora a la Just for Laughs Gags (2000), ora a la Westworld (1973), The Truman Show (1998), Matrix (1999)...—, llevándome a divagar si susodicha epifanía catártica podría equipararse a la muerte de la realidad conocida y entenderse así con el modelo de Kübler–Ros, siendo chapeau y game paradigmas de una transición límpida —casi ingenua— a la aceptación, al usar dicho giro de tuerca más como recurso que como tema central cuyos matices investigar, como obsesivamente haría Philip K. Dick, trivializando de esa manera el mentado trauma.
En el otro extremo, imaginemos una broma demasiado pesada como para dejarla pasar sin pagar —ora por parte de la víctima, si no es staged, ora del espectador—, interpretándose ésta como una excusa para el abuso y un medio para un fin —entrando de lleno en la exploitation (non-)fiction—, como sucediera con la moda de los experimentos sociales informales en YouTube, con exponentes como Fake Hand Ass Pinch Prank (9/2014) o Killing Best Friend Prank (11/2015) de Sam Pepper: ¿qué sería, pues, más genuino? ¿El hecho, su framing, su reacción...? Todas las fases de Kübler–Ros florecen naturalmente por sí solas en las diferentes respuestas que se levantan.
Planteémonos ahora la experiencia de un androide con suficientes cualidades humanas como para que el descubrimiento de su condición de artificio no suponga, a priori, una degradación en su concepto de sí mismo ni del trato ético que merece o recibe, como se explora con Deckard en Blade Runner: Director's Cut (1992), Kusanagi en Ghost in the Shell (Oshii, 1995), David en A.I. Artificial Intelligence (2001), Robot & Frank (2012)...
Por último, consideremos una vivencia tan intensa que cristalice en un trastorno por estrés postraumático que no se esfumara con una simple aclaración de los hechos, negando dicha desestimación, negociándola en terapia psicológica, rompiendo en ira o llanto.
No puedo sino rememorar los epígrafes con cada nueva instancia, conformándose en mi mente una nube informe de sensaciones enervantes y pensamientos crispantes entre una maraña visual de ontología nauseabunda, onírica como Magritte: a mis pies noto deshacerse la realidad, pactada constantemente en conversaciones neurotípicas que se me escapan, y aun así debo fingir que estoy a salvo y no caigo, taparme la nariz y la boca para no echarlo, sintiéndome de ese modo mareado.
Y cuando ríen, doy un paso atrás y me veo cavilar: «una broma nunca es una broma, y a menudo encubre la podredumbre, relaciones de dominación, inseguridades, frustraciones,...» y entonces callo, abstraigo la estructura, gramática y lógica del chiste o comentario y sustituyo sus variables por valores más acordes a mi persona que me esbocen una sonrisa o me proporcionen algún interés o entendimiento,
1
mientras censuro las llamas y el caos que jamás deben volar de mi cabeza.
Ejemplo 1: «¿cuál es la consola favorita de X? La Nintendo De eSe», con X un colectivo marginal, cuando a mí me parece más gracioso tomar al interlocutor como X/sujeto, apelando al «síndrome de la pieza faltante», al deseo de lo ajeno o lo carecido.
Ejemplo 2: «Búscate un hombre que te quiera / que te tenga llenita la nevera» (El Arrebato, en Que Salga el Sol por Donde Quiera, 2004), que me han parafraseado simétricamente alguna vez al ser testigos de mis platos de Frankenstein, traduciéndolo yo como: «busca a un humano, o para el caso cosa (e.g., Thermomix), con que tener una relación consensuada asimétrica de subsistencia».
Temiendo «consecuencias imprevistas» a cualquiera de mis actos y verbos, llegado mi turno, me desmorono, cediendo al fin a un humor absurdo o una pedantería abstrusa, cuando no una desnudez incontestable, mostrándome siempre frágil, inocuo y ridículo. Oh, Barrendonner, ¿si así me deslegitimo, de toda responsabilidad me eximo? Y aún más hondo me examino: ¿Será ese el motivo de mutismos pasados?, ¿De mi enclaustramiento general e inacción social natural?, ¿De mis anhelos por búnkeres, singularidades tecnológicas y soledad?, ¿De mi autoconcepción como personaje ficticio por otro escrito, aborreciendo y rehuyendo en mi bio, a pequeña y gran escala, clichés y atajos de guion como deus ex machina, procurando el divertimento, intriga... de ese espectador externo omnividente seguramente inexistente?
Todo un inmenso y elaborado mecanismo de defensa se desvela ante mí... allá arriba, en el plano de la fantasía, ¿quién, de mi performance, explicaciones me pediría?, ¿Acaso no son ya estos aspavientos y manierismos, maravillosos preavisos, triggers y disclaimers? Y sin embargo, la duda permanece... ¿lo habré logrado realmente? Si busco el impacto: ¿cuál spoiler, no es por ellos menoscabado? Y si por el contrario persigo preservar un espacio seguro, ¿qué relevancia tienen, si luego dejo corretear a sus anchas el indómito caballo de mi subconsciente y taquipsiquia, al caudaloso ímpetu de mi labia y la abrasiva energía de mis gestos, deviniendo por derroteros insospechados y causando con su sinuoso rumor estrepitoso estruendo?
«Life's but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage,»
W. Shakespeare, Macbeth (1606), V.V
«it could be the case that the vast majority of minds like ours do not belong to the original race but rather to people simulated by the advanced descendants of an original race.»
N. Bostrom, Are you living in a computer simulation? (2003)
«diegetic justification for creepy garbage [...]: the only reason anything is the way it is, is because a writer chose to make it that way»
Folding Ideas, The Thermian Argument (2015-9-17)
«—Why would you do something like this.
—I don't know. For the lulz.»
Sam Levinson, Assassination Nation (2018), cierre
Adenda
Escrito en un arrebato a 2017-1-15 tras ver Un chapeau de paille d'Italie (1928), reescrito a 2020-2-3 con la paciencia digna de un criptógrafo, si bien su redacción sigue sin ser la más clara entre las albas, ampliado/terminado a 9 y depurado a 10-13.
Comentar también que cuando coquetee con mi proyecto «La literatura del tú», que recapitulé en «Ayúdame, mamón» (12/2011), no me atreví con su fase final «tú vives», que pretendía materializar algunas ideas de mi «sobre el arte de atemorizar» (7/2011) —o, en retrospectiva, The game (1997)—, por miedo a represalias, derivadas de las dudas de las que se hace eco este ensayo.
Consideré la opción de dar en sobre cerrado el guion, como un mago que pone en él de antemano la respuesta, para abrir al final —o, a modo de botón del pánico o John Stavropoulos' X-Card, a mitad de la sesión—, de modo que ni se perdiera el efecto obnubilante del simulacro ni la legitimidad de la genuidad del mismo, pero la idea seguía intimidandome demasiado, en parte, quizá, por el argumento termiano arriba citado: broma o no, el hecho de concebirla, expresarla y ejecutarla ya decía algo sobre mí, aunque me excusara por ello incluso antes de hacerlo. No hay, ni habrá nunca —locura si lo hubiera—, ningún mecanismo mágico por el cual toda persona nos vaya a aceptar cualquier acción, broma o engaño, sin importar su intencionalidad, como maravillosamente se muestra en el primero de los Essais (Montaigne, 1580); sería como violar la tercera ley de Newton.
Por último, comentar que me sigue pareciendo utópico que la gente se entienda al hablar, como he expresado recientemente en «Reflexión epistemológica en clave matemática» (12/2019); quizá sea cosa de mi asumido autismo. Tanto es así, que a veces ya ni sé si la gente se hace la ofendida por nada, o soy yo quien tomo excesivas precauciones; o cuando la gente me toma en serio, y cuando en broma, y si se hay una correcta correspondencia.
Original
La facilidad con la que se resuelve el malentendido final en Un chapeau de paille d'Italie (1928), con un simple “Nothing is broken off, papa....... I can explain everything”, me recordo a la revelación final de The game (1997) y, por extensión, las narrativas que ponen en entredicho la genuinidad de lo ocurrido, ya sean programas de camara oculta u obras cyberpunks. Por supuesto, existen varios ejemlos en dicha extensión que no trivializan (o quizá mejor dicho, que tienen como tema central) semejante transfiguración en el estado de las cosas para el iluminado por la susodicha revelación, que bien pudiera equipararse a una muerte de la realidad conocida y, por ende, entenderse con el modelo de Kübler-Ros. Así, en los dos primeros ejemplos citados habría una transición limpida (casi ingenua) a la aceptación, mientras que la puntualización de la irrelevancia de dicha revelación haría de negación (desde una broma que ha ido demasiado lejos y que no se dejara pasar sin pagar con tan pueril excusa hasta una maquina con suficientes cualidades humanas como para que la revelación de su condición de artificio no suponga una degradación en el trato etico que recibira pasando por una experiencia tan intensa que cree un trastorno por estrés postraumático que no se esfumara con una simple aclaración de los hechos); “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias” (Teorema de Thomas), “El simulacro nunca es aquello que oculta la verdad —es la verdad lo que oculta que no hay verdad alguna. El simulacro es cierto.” (Baudrillard, Simulacro y Simulaciones).
Supongo que son este tipo de reflexiones las que a veces me detienen a la hora de bromear sobre ciertos asuntos (porque una broma nunca es una broma, y a menudo encubre ciertas relaciones de dominación) y mi humor suele caer en el absurdo más inocuo y ridiculo; tal vez incluso sea una de las razones de mi inacción y enclaustramiento general. Como solución, en alguna ocasión se me ha ocurrido que quizá uno podría legitimizar el caracter ficticio del simulacro preavisando del mismo (quizá dando a la victima un mensaje que no debiera abrir hasta el final para no perder el efecto obnubilante del simulacro, cual truco de magia), pero entonces me estampo contra The Thermian Argument o contra Baudrillard mismo; broma o no, el hecho de concebirla y expresarla ya dice algo sobre mí, aunque me excuse incluso antes de hacerla. Sin embargo, y a pesar de todo, ¿acaso no sería delicioso hallar un mecanismo por el cual pudieramos lograr siempre la aceptación sin mayores consecuencias de nuestra broma o engaño, ganando así nuestro perdón, indiferentemente de nuestras intenciones? Qué mundo... qué mundo de locos... ese sería... ¿no crees?

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