Muros de ceniza

https://www.youtube.com/watch?v=gBEvjZ7V8oU Matemática con valores | @molinerdLa cavernaMuros de ceniza

Muros de ceniza

Sékioz de Niafre
«en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz [...] desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos [...] ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas [...]?»
Platón, República (c. 375 aC), VII
«Els que saben de masses coses es distreuen del negoci [...] Am les quatre regles en te prou, i qui diu les quatre regles, vull dir el sumar i el multiplicar, qu'el restar i el dividir, ja es un adorno, i es un luxo del que també podria passar-se'n.»
Santiago Rusiñol, L'auca del senyor Esteve (1907), L'Estevet, VI
«Mar: sillón de cuero con posabrazos de madera, como el que está en la sala. Ejemplo: No te quedes de pie, siéntate en el mar para que conversemos.»
Lanthimos y Filippou, Kynódontas (2009), apertura
—Profesoría, le traigo aquí a mi primo favorito, buena materia prima donde la haya, no sin antes advertirle que no busco que de ella haga ningún alarde de maestría, ni talle encima hermosas figuras que no vayan a proveer de techo, ley y comida.
—No sé si le comprendo.
—Verá, en nuestra familia somos gente muy natural. Más que natural, de hecho: no requerimos de más números que 1, yo, 2, usted, 3, lo que ha de esculpir; más, ya muchos son. El resto de animales y tribus se apañan dignamente con este sistema, y como le he dicho, somos gente de bien, más que naturales. ¿Me entiende ahora?
—De más, que le entiendo, me temo. Y mucho, que de usted me compadezco.
—¿Qué intenta decirme con eso?
—Verá, que cualquier día, extraviará un dedo y no dará cuenta. ¿Cómo podría? Tiene tantos, que uno arriba o abajo, muchos siguen siendo.
—Bueno, yo...
—Déjeme demostráselo: tomaré mi bisturí para amputárselo.
—No, de verdad, no se moleste... Mmmmh, no, me ha interpretado mal: ¡tan docto y tan literal, su intelecto! Lo que yo pretendía señalar, es que somos naturales en toda su extensión, y nada más. Ya sabe, la lista completa: no deseamos que pierda ni un solo átomo de potencial.
—Claro, claro; ¡faltaría más!
—No, no faltaría, ni un ápice.
—¿No me dirá que teme al vacío, y lo aborrece más en la montaña que en la playa?
—No sé qué insinúa, pero nada debo a quien nada comparte, ni recibo de quien no acepta.
—¿Mas cómo entonces liquida sus cuentas? Si admite que adeuda y presta...
—Bueno, bueno... aunque no sea natural, delo entero: el horizonte a veces se tercia negativo, y uno debe saber ver venir el oleaje.
—Como mande.
—¡Preciso es!
—Como un reloj, donde el segundero es parte exacta del primero.
—Mmmmh...
—¿No querrá que sea impuntual, cierto?
—De acuerdo, ni me molesto: quizá no siempre entero, será racional, puntual y discreto.
—Discrepo.
—¡¿Disculpe?!
—Si discreto, no continuo, y es delirio ir saltando por el camino; con frecuencia, menos discreto es más discreto...
—...y menos racional más racional, ¿no? Sea pues, como ínfimo, real.
—¿Y por qué no a ello renunciar por ampliar su cuerpo, su campo, a todo lo complejo? ¿No simplificaría sus cálculos, abrirse a lo imaginario? El tiempo es un recurso valioso y escaso.
—No lo aguanto más, me marcho: muros no conseguiré improvisar contra quien su cátedra conoce y con su historia los prende.
—Mas tenga presente que sus manos ya han quedado manchadas con tales artimañas: como cuaterno que parece, ducho manipulador espacial de su mundo, su opinión no conmuta con tanta facilidad.
—¡Ja! Cuanto menos no me considera octonión, y me puedo, por ende, libremente asociar.
—Muy agudo, no lo había notado: ¡por eso sigue aquí atorado! Su labia me ha cegado... ¡Ni alternar ha logrado! Sedenión al menos ha sido.
—Por supuesto, desisto: dele recuerdos a Cayley–Dickson...
—¡...y a Grassmann–Clifford! No anhelaría reincidir en el «missed opportunities» de Dyson.
—¡Esto es surrealista!
—¡Oh, será posible! Cayó de nuevo en el olvido la sedosa senda de lo grande y lo pequeño, lo hiper-, super- y sur- real. De ese hermoso mapa borgiano que contiene hasta el último infinitesimal.
—Huir necesito de esta vida, antes de que empiece a subir la escalera transfinita; nauseas me produce ya verme en su ordinal cima, con Feferman–Schütte...
—¡...y más allá! No me sea predicativo, y permítame llevarle a Bachmann–Howard.
—Mmmmh... Se me repite más que un periódico...
—¡Oh, en efecto! Me he estancado en lo recursivo: volemos con su supremo a Church–Kleene.
—¡Esto es inadmisible!
—No, todavía no; ni siquiera indemostrable.

Adenda

A Enrique P. M., quién, citando «Matemática con valores» de @molinerd a 2020/1/21, me ha hecho sentir el deseo de intentar mejorarlo, elaborando (y ampliando) el chiste que siempre me ha parecido el verbalizar la cadena de desigualdades $\mathbb{N}\subsetneq\mathbb{Z}\subsetneq\mathbb{Q}\subsetneq\mathbb{R}\subsetneq\mathbb{C}$ (i.e., todo lo natural es entero/completo, pero no todo lo entero es natural; y lo entero es siempre racional, pero lo racional no es siempre entero; y aunque lo racional es real, lo real no tiene por que ser racional; y si bien lo real es complejo, hay complejidad más allá).
Escrito a 2020/1/25-26 (tras releer «El casamiento forzoso» de Molière, en un vano intento por retener su antaño admirado absurdo humor), y depurado entre el 31 y el 1.

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