Labor omnia vicit improbus
Labor omnia vicit improbus
Cámara de eco (2020-1-12)
«I’m not convinced I have fans. In my whole life,
I’ve had maybe 10 people who have told me
how much my music means to them.»
David Berman Returns, The Ringer, 2019-7-10
A exurb1a, quien me lo ha descubierto,
y al silencio al que yo mismo me enfrento.
¿Cuál es mi apuesta?
No tener respuesta:
los dados aun no lanzados
ya han sido ignorados;
y saberlos agraciados
mi dolor ha aumentado
cuando me he gritado
«Check yo' privilege, bitch!».
De todo gozo, supongo,
aunque nada quiero, creo,
salvo un poco de ese nuevo
opio y moneda del pueblo...
«attention economy:
join(t) us now, fucking faggot!».
¿Lo peor? Que ya la tengo,
sospecho, despecho,
y ciego, no la aprecio,
cual necio, cuán necio.
Austero vivo —subsisto—
en posesiones y relaciones:
me ufano de su ausencia
—de no ser su presa,
y correr más que ella—
mientras la ventana enrejada,
de lluvia punzante ataviada,
me devuelve, triste, la mirada.
Temeroso, huyo y me escondo:
oculto de nuevo el rostro,
en la basta Red hundido,
atorado, ahogado...
Cándido, pienso:
«animo, anónimo:
así desprovisto,
desnudo de atuendo,
¿qué privilegio retengo?»,
fingiendo, afligido, altivo,
que a este límpido mar
libre acceso han concedido,
y su variedad preciosa
igual crianza ha recibido.
Recordatorio (de porque no he de hacerlo) [2020-1-25]
«Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
[...] Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
[...] No sabiendo los oficios los haremos con respeto.»
Romero sólo..., en Versos y oraciones de caminante (1920), León Felipe
A José B. B., de cuyo cumpleaños extraigo algunos de estos versos
A menudo quisiera no ser más que una sombra,
un suspiro que pasa sin pena ni gloria,
un atisbo efímero, recuerdo olvidado
que no deja callo, cadáver enterrado
que es por todos para la misa pisado,
el chiste en la punta de sus lenguas, labios.
Se agolpan y retumban en mi tumba su llanto
—«No son chorradas: tu opinión es muy valorada»—,
gemidos jamás creídos ya pasados
—«¡Qué grande, tío! Cómo lo estás gozando...»—,
espejos golpeados hasta escindirme
—«M, créeme, madera tienes de líder»—
con cuyos cristales más hondo me hundo
—«tú y sólo tu me has escuchado»—
y convulsiono y languidezco
—«Gracias por estar tan loco»—
entre escalofríos, sobre mi heno,
—«también con él te reirás»—
retozando agridulce en ambos lodazales
—«Mataría por tu verborrea»—
hasta eventualmente caer y ahogarme
—«You're not lame at all»—.
Y luego caigo: ¡tremendo cementerio!;
ni tan siquiera una flor he conservado
de tan hermoso, brillante monumento.
Y luego caigo:
cada reproche
les pone un broche:
«tu opinión no vale».
Y luego, muy luego, infinitamente luego,
caigo, caeré, pero no me tirare,
quiero, ¡oh, sí quiero!, creer: no lo haré.
Guardias (2020-1-20)
A Meteo, a quien tanto debo.
Lloro y me lamento, lloro y me lamento,
en mi cubículo de etéreo cemento,
y si alguien me escucha, así lo arreglo:
arrancando el movimiento.
Que sea mi grito mi hito,
un preciso enfocado aviso,
el dedo tirando la ficha:
una flecha confiable, fija,
que a las armas feroz invita
si, y solo si, se necesita,
cual timbre exacto y afinado
que únicamente es escuchado
por elegido momentáneo;
poseedor, hábil curandero,
de unas llaves a mi corazón
que han de aliviar mi actual sazón.
Mero mensajero de los dioses,
silencioso entre sus dones,
a su encuentro raudo vuelo
y a sus juicios me someto,
caprichos y consejos:
fugaz, sea mi presencia un olvido;
delirio, si el error ha sido mío.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.