Matemática cambiante
Matemática cambiante
Al día siguiente, el chacal se reencontró con el león, que comentaba con un leopardo el fantástico festín que se presentaba ante ellos: un rinoceronte y dos tigres que habían quedado heridos de muerte al cazarlo, además de dos buitres acechantes y una liebre curiosa.
La situación le sorprendió de sobremanera, pues lo había visto quejarse esa mañana de un terrible dolor de estómago e incluso de muelas, seguramente por la avidez y exceso en su última comida, aunque supuso que su gula, disfrazada de hambre, escondería cualquier empacho.
Ensimismado en estos pensamientos, no pudo escabullirse antes de que el león le reconociera y le pidiera amablemente que hiciera por ellos la división. Mas viendo como habían cambiado las tornas, y recordando el desarrollo de los eventos pasados, decidió que lo mejor era apostar por un único ganador: el leopardo, que desprendía vigor en cada gesto.
La reacción del león no se hizo esperar, abalanzándose sobre él, mas viéndolo el leopardo torpe no dudo en impedírselo, y con facilidad lo tumbo KO. Mutuamente agradecidos, el leopardo condescendió en dejarle comer del rinoceronte, inabarcable para él, si le ayudaba a acorralar a la tierna liebre.
Adenda
Nota: las obras firmadas por el anagrama Cotrici de Saruba son revisiones superficiales o reescrituras completas de viejos textos, que se contextualizan y recuperan en un anexo para satisfacer mi interés arqueológico.
Reescritura del 2019-10-27 de un ejercicio del 2004-10-14 en el que se pedía continuar el capítulo 30 de «O homem que calculava» de Malba Tahan. Me he limitado a limpiarlo un poco con la misma intencionalidad que «El mosquito y el sapo», aunque sigue siendo bastante soso y derivativo. Lo único que lo salva por hilarante es el extraño festín y el empatizable empacho en el que aun incurro ante un buffet libre.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.