El mosquito y el sapo
El mosquito y el sapo
Érase una vez un mosquito aburrido. Tanto lo estaba, que decidió invitar a cenar al primero que pasará.
Resulto ser un sapo quien, completamente intrigado, entró a su morada. Sin embargo, tras servirla, ¡no pudo degustar nada!
Se trataba de un cuenco de espesa sangre, a compartir. No le retuvieron a probarlo sus remilgos, sino las pequeñísimas aperturas que daban acceso a su contenido: sólo por ellas entraba la finísima boca de jeringa de su anfitrión.
Enfadado por la falta de tacto y perspectiva, decidió esperar a que terminase para zampárselo. Y cuando finalmente cesó de sorber y se ufanó de comer muy bien, estiró su lengua para atraparlo.
Mas justo agachóse: ¡80 sirus había encontrado! La de cosas que compraría con ellos... Para cuando se hubo de nuevo levantado, irritadísimo, su invitado ya se había marchado.
Tiempo después las tornas se giraron, y en uno de sus paseos, el mosquito reconoció en una ventana a su amigo el sapo. Cansado de su vuelo, pensó que tal vez podría ahora devolverle el favor, y le preguntó qué estaba preparando.
«Mosquitos gallegos», respondió, y cómo si de una epifanía se tratase, todo comprendió. Pero ya era tarde: antes de darse cuenta, ya reposaba en su estómago con sus hermanos.
Adenda
Nota: las obras firmadas por el anagrama Cotrici de Saruba son revisiones superficiales o reescrituras completas de viejos textos, que se contextualizan y recuperan en un anexo para satisfacer mi interés arqueológico.
Al releer el original (sin fechar ni contexto, situado entre 4º y 6º de primaria) no he podido evitar pensar en The devoted friend de Oscar Wilde (que no leí hasta secundaria), y su reescritura, del 2019-10-26, va en esa dirección, procurado enfatizar los distintos giros con pequeños cambios en la exposición y limpiando el texto de todo aquello que no viera que aportara nada para intentar hacerlo lo más ajustado posible, concentrando su contenido a modo de fabula, y dotándolo de un mínimo lirismo, aunque la prosa sigue siendo algo torpe.
Y hablando de fabulas, sé que leí a Esopo a edad temprana, vía una compilación de la feria del libro, aunque soy incapaz de situarlo en el tiempo: únicamente me recuerdo con la antología en la parada de autobús de CosmoCaixa Barcelona junto a mi madre. Reconstruyendo la lista de libros que ella me compro por la feria, diría que Esopo fue el anterior a «El viejo y el mar», que puedo situar en 2008 por mi poemario. Es posible que no fuera justo el anterior, pero en ningún caso podría situarlo antes de 2004. Ahora bien, revisando las lecturas que sí sé hice por la época, la mejor coincidencia está en «La rata que es menjava els gats» («Il topo che mangiava i gatti» en «Favole al telefono» de Gianni Rodari) a 2001-9-19 como ejercicio de comprensión lectora en clase; quizá mi redacción formaba parte suya.
Otro detalle anacrónico o profético es el hecho de recoger dinero del suelo, lo que me ha recordado la vez que mi hermana encontró 50€ en la playa, aunque con toda seguridad el relato precede a cualquiera de esas anécdotas y toma en su lugar inspiración del slapstick y mi obsesión por el dinero, tratada en la adenda de «Betmemnun». Por último, notar que el relato contiene el primer uso del que tengo constancia de una palabra por mi inventada, y que mismamente es mi primer cuento mínimamente elaborado, con la única potencial excepción de «Chascarrillo navideño».


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