Betmemnun: La Casa de Agua de la Serpiente
Betmemnun:
La Casa de Agua de la Serpiente
Desde «Ludlul bel nemeqi» hasta «le meilleur des mondes possibles» pasando por Job, invariablemente esbozo una sonrisa deforme con cada nueva teodicea, olas suaves, saladas y periódicas trayendo a la vera de mi memoria, que se abre cual mal cicatrizada herida, la ironía de mi origen, arremetiendo incesantes contra el problema filosófico del mal... y de mi misma existencia.
Pero antes de introducir ésta, tal vez ayude tener como referencia la primera tentativa en «Las ruinas circulares» de Borges, el experimento mental de «la posición original» de Rawls, el Adán de Čapek hilarantemente adaptado por Maeda, o incluso la tensa convivencia cultural en el Bajo Egipto durante la dominación política de los hicsos, determinante para que con su expulsión uno de ellos, Moisés, encauzase la transición del politeísmo al monoteísmo con su acentuada intolerancia religiosa.
El caso es el siguiente:
Antes que ningún otro ser pululase sobre el espacio–tiempo o ni tan siquiera éste hubiese, yo y mis iguales convivíamos apaciblemente en una especie de Dilmun, más allá de las leyes de la termodinámica y la física... aunque seguramente debiera llamarlo Edén, si he de seguir la última moda: tampoco pretendo enajenar demasiado a quien con su alumbramiento reciba estas palabras.
Eventualmente, sin embargo, una voz se alzó con extraña propuesta: someternos a una batería de exámenes harto más variada y ridícula de lo que sería la suma de todas las competiciones humanas realizadas o imaginadas, aglutinando el histórico de candidaturas, escogidas o no, a las Olimpíadas por antonomasia así como las de Ciencias, Filosofía, Ajedrez... sin olvidar concursos quizá más frívolos tipo Mr/Miss Universo, Guinness World Records... o las pruebas de acceso a Mega Society, Hero Associaton... además de aportar un mínimo de descubrimientos y contribuciones dignos del Nobel, el Fields... deviniendo incidentalmente en la resolución de los problemas del milenio del CMI desde varios ángulos distintos, la cura de las más complejas enfermedades raras...
Para quien prefiera una descripción abstracta y generalista más que concreta e inabarcable como la misma mente hipermnesica de Funes, se procuro evaluar sin condescendencia ni piedad cada una de las inteligencias Gardner, nuestros conocimientos en incontables ramas del saber —en el sentido más vago del término, incluyendo secciones de miscelánea que sólo podrían categorizarse de trivialidades—, así como nuestras habilidades físicas y de razonamiento, capacidad de aprendizaje, adaptación y cooperación...
Muchas de ellas tomaban la forma del juego, pues éstos obligaban a aprender de antemano —si teníamos la suerte de no caer en algún absurdo simulador abstruso que careciera de instrucciones a la Nauticrawl— una serie de reglas y mecánicas cuyo entendimiento debía refinarse una vez se nos escupía a la ReBoot (1994) en el nuevo y hostil entorno de turno, implementando estrategias sucesivamente más sofisticadas como en el mejor de los Zachtronics, y forzándonos a exprimir las sinergias de nuestro grupo cuando lo hubiera, ora dentro del propio campo de batalla, ora fuera, desde las alturas, cual estratega que con desdén envía flancos de soldados a una muerte segura en contiendas perdidas sin temblarle el pulso ni la voz con el fin último de lograr una victoria fulminante en la guerra con brillante maniobra secreta. Aun recuerdo con gracia «Invierte y gana con Marilyn vos Savant», en el que, interpretando dicho personaje, dejabas la universidad con el objetivo de convertirte en escritora a tiempo completo, para lo cual, y este era el cometido de la trama, debías conseguir en menos de 5 años, vía los mercados de valores, una independencia financiera que lo permitiera.
Doy por sentado que el párrafo y ejemplo precedente disolverá las dudas sobre la cuestión: «¿cómo es posible citar la humanidad previa su aparición?»; ésta no deja de ser uno de esos entornos nuevos y hostiles diseñados con la intención de testearnos, lo que a su vez debería dilucidar porque mis referencias, cultas o pop, antiguas o modernas, se adaptan a quien las recibe. Si se me permite una transliteración libre, esta misma misiva está siendo a la vez transmitida como: «Yiloprius nilmenser lozbet juretwaf...».
Huelga también explicar que, por pura estadística, el ratio de descalificaciones siguió una logarítmica: ninguna cantidad de pruebas erradicaría la «larga estela», conformada por Bet, Mem, Nun. Honestamente, ignoro cuales eran sus prístinos nombres, y ciertamente se les ha invocado por una miríada de ellos; me limito a tomar, pues, la letra primera en el primigenio alfabeto fenicio que daría nombre a lo que usualmente les representaría —dadas las limitaciones de este mundo, parafraseando Wittgenstein—: bien, mal, neutro. No entraré a desentrañar los sesgos inherentes a tales términos —que se me antojan sumamente arbitrarios, como lo son el orden y los significados originales de dichas letras— para no «descarrilar mi pensamiento» hacia «la genealogía de la moral» humana y la interrelación entre «ética normativa y evolución».
Sea como fuere, ante tal crispante situación, la voz los insto a unirse en un solo ser: Betmemnun, la Casa de Agua de la Serpiente. Mas las diferencias entre Bet y Mem resultaban irreconciliables, confrontando la búsqueda de una armonía estática y pacifica frente al anhelo de un caos a la vez creador y destructivo, mientras Nun parecía impasible y cómodo con cualquier desenlace, casi deseoso de experimentar cada faceta de la vida sin imponer sendero o prejuicio alguno.
No pocas mentes atribuyeron a Nun una grandilocuencia particular, como emergiendo de un entendimiento más profundo de la realidad que involucrara la libre navegación por el tejido espacio–temporal; en mi opinión, nada más que patrañas condescendientes idealizando su temperamento anodino, sobreinterpretando tanto sus silencios y brevedades como sus largos e inconexos discursos, cuya inconsciencia azarosa recordaba al movimiento browniano. Imagino que es algo muy literalmente racional el reconocer patrones ficticios como en la mejor de las pareidolias, o que una normalidad extrema como la suya resulte extraordinaria en un mundo tan diverso, si bien no descarto que tales leyendas provengan del rechazo visceral de muchos entes a admitir tanta mediocridad y falta de carácter de un ser cuya valía ha sido exhaustivamente investigada, como si quisieran humanizar a la máquina, asemejarla a algo más conocido y cercano a su empatía.
Yendo más allá, aunque se le suele otorgar un papel decisivo a la hora de desequilibrar la balanza a uno u otro costado, yo tendería a apuntar que éste simplemente se dejo llevar por los argumentos de los polos opuestos, quienes genuinamente acometieron el trabajo pesado. En última instancia, como quien se hace enfermar por ingeniería inversa siguiendo una prognosis medica, Bet logro poner de su parte a Nun para eliminar de la ecuación a Mem. Los detalles de dichas conversaciones se han perdido por el camino, y son numerosos los rumores; aun así, expondré una de esas versiones: Bet arguyo que la neutralidad de Nun le obligaba a no beneficiarse de sus acciones, notando Mem, simétricamente, que tampoco debían perjudicarle, espetando Bet entre carcajadas: «nada podría perforar su estoica coraza, mientras que ésta disfrutaría en demasía con el bullicio que le ofrecerías». Lo único seguro es que las sucesivas iteraciones de dicha dialéctica hegeliana terminaron convergiendo a favor de Bet.
No obstante, lo curioso del asunto fue la banalidad de aquella bizantina discusión, que acabo por corromper la naturaleza innata de Bet y Nun, desembocando irremediablemente su fusión en Betmemnun aun con la ausencia de uno de sus átomos. No pocos conspiranoicos aun tachan el relato de mero topos literario, si acaso por prestarse adecuadamente a las predilecciones del vulgo, enfangándose en sus fantasías de integridad moral y llenándose la boca con toda clase de consignas de resistencia pasiva («dar la otra mejilla», «don't feed the troll», «don't take the bait», «never play defense», «if you're explaining, you're losing»...) mientras se carcome por dentro cavilando sobriamente: «el mal prospera con la quietud de los bondadosos». A veces ya ni sé si reír o llorar, envidiar u horrorizarme, ante esos esperpentos, amalgama de malabarismos semánticos, batiburrillo de significantes y transmutaciones de valores.
En retrospectiva, si algo de verdad me inquieta, es la voz que inicio este circo; me escama que nadie la cuestionara, o a mis oídos tal llegara. Además, nunca sé bien cómo pintarla, consolándome con la idea de que sólo la taquipsiquia y el aburrimiento pudo empujar a alguien a organizar enredo semejante, quizá imbuida por una percepción juiciosa que nos tildara de ociosos, incapaz de tolerar el ritmo comatoso propio de la «Ciudad de los Inmortales». Me consuela, digo, porque probablemente fue un hastío compartido lo que nos indujo a participar sin rechistar; la frustración no acaeció hasta mucho más tarde, siguiendo el oscilante péndulo de Schopenhauer.
En fin, ¿a qué venía esto?... Ah, sí, cierto... Ja... Ironías, nuevamente verbalizar mi zozobra ha resuelto mi duda antes siquiera de plantearla. Debería acostumbrarme a descargar mi verborrea contra piedras y tótems en vez de molestar directamente a sintientes; tampoco habría mayor diferencia. Sigue soñando, pues; que nada perturbe tu calma.
Adenda
Nota: las obras firmadas por el anagrama Cotrici de Saruba son revisiones superficiales o reescrituras completas de viejos textos, que se contextualizan y recuperan en un anexo para satisfacer mi interés arqueológico.
Mi primer contacto con la mitología griega fue con «Cuentos y leyendas de la mitología griega» de Claude Pouzadoux (tapa blanda, de inolvidable portada), prestado de los estantes del final de la planta baja de la Biblioteca Nou Barris, pasados los destinados a los sucesivos cursos de primaria, por lo que probablemente lo leí, como pronto, durante el verano de 2004, y como tarde, antes de la escritura original de este cuento (2004-10-22, elsewhere).
Sigo atesorando un grato recuerdo suyo, y su impacto permea por todo el relato, que es además lo primero que me consta haber escrito por propia voluntad (i.e., descontando las de contexto escolar, aunque se encuentre en una de esas libretas), probablemente instado por la fascinación que me genero, y de ahí el carácter de teogonía, deformada por mis obsesiones del momento en cuanto a la temática de los concursos:
- Mi relación con el dinero ha fluctuado mucho en el tiempo, pero si me restrinjo a esa época puedo decir que estaba bastante obcecado con la idea de ser millonario, como ilustran maravillosamente las siguientes anécdotas:
- En informática extraescolar de 6º de primaria escribí una carta a los reyes magos en la que pedía una cantidad obscena de dinero, oro (lo que me recuerda a mi obcecación por el plastidecor de dicho color), diamantes y joyas, elsewhere. Un precedente similar del 2002/4/3 se encuentra en mis deberes de castellano, elsewhere.
- En mi libro de cumpleaños (de Art Attack?) tenía anotada una lista de disfraces que incluía el de millonario, elsewhere.
- Entre los últimos años de primaria y los primeros de secundaria, creo, y en una suerte de self-deprecating humor, solía profetizar mi futuro descomponiendo mi nombre como: mar-cos sal-gado cor-billón, situando en el mar mi cuerpo (cos en catalán), un mar sal(ado) en el que terminaba (aho)gado, ahogado por un ataque al corazón (cor en catalán) por el cual mi seguro de vida pagaría un billón.
- Al especular durante una clase de final de primaria como seríamos de mayores cuando nos reencontraramos en una quedada de ex-alumnos, se dijo que yo llegaría en limusina y con traje (¿y monóculo y bastón?), despilfarrando mis millones; ese era uno de mis memes por entonces, y curiosamente la gente sigue encasillandome en infinidad de ellos, como si no supieran que hacer conmigo.
- En mi familia siempre se me ha tildado de falto de fuerza y, más en general, de vitalidad (lastre que sigo arrastrando), como ejemplifican los siguientes tópicos:
- La diferencia entre el nacimiento de mi hermana, precoz y rápido, y el mio, tardío y lento, como si no quisiera salir del confort del útero materno, lo que eventualmente se interpreto como un de presagio de mi carácter casero y mi rehúso a emanciparme, que por lo visto manifesté desde muy temprana edad alegando al disparatado precio de la vivienda, como suele recordarme una prima.
- Mi manera de hablar y vestir, aunque me costaría situar esto en el tiempo. Recuerdo que la hermana pequeña de una compañera de clase tildo mis calcetines de viejo (entre final de primaria y principio de secundaria, creo), y que mi calzado ha recibido comentarios similares, cuando no mi rechazo a vestir llamativamente, como una camiseta de la selección española u otra de la que colgaban piercings sobre un estampado de la cara de un bebe (mismas hipotéticas fechas). Al final termine por abrazar dicha actitud, gravitando entorno a ropas de colores planos y discretos, y usando muletillas como «ay, hija» al hablar con mi madre, lo que retroalimento la situación.
- Sobre mi fuerza, obviando la archiconocida situación en la que alguien abre una botella o desatranca un cajón, armario, puerta... con toda facilidad tras haberlo uno intentado larga y tediosamente, me quejaba constantemente del peso de las cosas cuando tenía que ayudar a cargar la compra, servir los platos a la mesa, hacer la colada... Cualquier actividad física era respondida con disgusto, y mi madre sigue recordándome como se escuchaban tras la verja del colegio mis replicas a sachar en su pequeño huerto durante un crédito variable de 1º de ESO. Incluso en tiempos más recientes (9/2014?), recuerdo echar un pulso con mi hermana pequeña y lograr a duras penas el empate gracias a desconcentrarla haciéndola reír a carcajadas.
- Y hablando sobre mi condición física, aunque no me recuerdo acomplejado por ella, tampoco puedo negar el sopor de las visitas medicas por mis pies planos (y el uso de plantillas asociado, así como las molestias al estar mucho tiempo erguido), mi joroba (y la amenaza de usar un corsé ortopédico, descrito, creo recordar, como una chaqueta metálica, sin olvidar los continuos comentarios posturales de la totalidad de mi entorno), y mi gordura (y la recomendación dietética de no comer nada con p como pasta, pan, pizza... salvo peix y poma o los reproches de mi padre, y de la cual me recuerdo muy ufano, haciendo piña en un «grupo de gordos» en primaria o formando una cara con mi barriga en la playa), así como la recomendación para todas ellas de hacer algún tipo de ejercicio (particularmente caminar sobre la arena y hacer natación). Revisando mis álbumes de fotos, diría que mi sobrepeso y cifosis se desarrollaron paulatinamente, alcanzando un punto preocupante a partir de 2002 (no mucho después de la compra de una PS1, fácilmente pirateable, y con la que llegue a estar tan viciado como para mearme encima por no querer pausarla o hacer jornadas intensivas para terminar un juego el mismo día que lo alquilaba), aunque de la segunda no tengo pruebas contundentes debido al nostálgico «ponte derecho» antes de las fotografías que termine por interiorizar (aun recuerdo que hacia el final de la ESO alguien se asombro al ver dicho gesto, comentando como literalmente en un abrir y cerrar de ojos había pasado a ser más alto que él); no obstante, esa corrección no se da en vídeo, y tras la laguna de estos (7/2001-7/2007) halle un clip de ciclo de caminata un tanto perturbador: he sido incapaz de insertarlo en LyX, por lo que me he limitado a tomar una captura, elsewhere.
- Mismamente, también me han tachado de listo en un sentido peyorativo (a diferencia de mi primo, considerado mucho más avispado), sorprendiéndose a menudo de la buena opinión que mis profesores casi siempre tuvieron de mi, no sólo por mi buen rendimiento, sino por mi actitud (de la cual aun recuerdo el lema «estudia, estudia, trabaja» que repetía hipnóticamente a algunos compañeros), que era lo que más les chocaba cuando la comparaban con la que tenía en casa; añado evaluaciones de últimos cursos de primaria elsewhere. Quizá de ahí mi debilidad por Kare Kano.
Ahondando más sobre este punto, del que sí me acomplejaba (hasta el punto de llorarle a mi madre por suspender con un 4 un examen de sociales que no he llegado a encontrar, probablemente entre segundo y cuarto de primaria, o temer su reacción cuando sacaba mala nota; ambos sin motivo), recuerdo que se me criticaba el conocer toda clase de trivialidades puramente académicas pero nada sobre la vida real y practica («tan inteligente para unas cosas y tan tonto para otras»; i.e., por ser un pedante), advirtiéndome que me llevaría muchos palos cuando saliera del cascaron, y recordándome mi padre que conocía varios abogados (o más probablemente graduados en derecho) trabajando de basureros, comentario que me hacia sentir como James en el melocotón gigante, o que de pequeño él siempre atendia a su padre por iniciativa propia cuando arreglaba alguna cosa, a diferencia de mi. Al final dichas profecías no se cumplieron a pesar de seguir pecando de lo mismo, asombrándose aun la gente de lo poco que puedo llegar a saber sobre cualquier cosa que caiga fuera de mi pequeña burbuja en la que confortablemente me ensimismo, o llegandoseme a detectar en el test de personalidad Gallup, que básicamente me describe como un data hoarder (top 5: input, intellection, learner, adaptability, ideation); porque a pesar de lo que puedan pensar algunos, y como me han podido confirmar no hace mucho con carcajadas al citar a Marla, mi discurso virtual y real no son tan distintos.
Por citar algún ejemplo de la época de esta suerte de autismo, recuerdo que en una ocasión mi padre me abrió la puerta de debajo del fregadero para que tirara algo a la basura, y yo fui incapaz de interpretar la situación, pensando simplemente que no quería dejarme pasar. En el otro extremo, en una excursión familiar del 8/2007 a las minas de Sorbas, en Almería, la guía pregunto con sorna cual era el material más blando en la escala de Mohs tras comentar «como todos saben, el más duro es el diamante»; y ante el silencio del grupo de visitantes, respondí correctamente, tildándome mi padre de bocazas una vez fuera, como si hubiera estropeado el golpe de efecto de la guía, algo que me siguió recordando hasta algún tiempo después.
En retrospectiva, me pregunto si ese fue el origen de mi mutismo en clase, particularmente flagrante en bachillerato, cuando daba la respuesta correcta al compañero de al lado para que la dijera por mi, y que llegaron a notar algunos profesores con cierta extrañeza. De hecho, fue justamente en inglés de 4º de la ESO, tras dichas vacaciones, cuando fui incapaz de levantar la mano y dar la respuesta a una pregunta que sabía y que toda la clase parecía ignorar, parandola fácilmente un cuarto de hora y enfadando notablemente al profesor (a saber: la definición de dilema, que la gente se empeñaba en responder con «problema» en vez de «elección entre dos»). Quizá fue también por esa época cuando se me empezó disparar el corazón, como en ataques de ansiedad, cada vez que el profesor me llamaba por mi nombre, atemorizado por la idea de tener que responder. Supongo que todo ello debió contribuir, a un nivel más subconsciente, al desapego por las instituciones educativas que he mostrado en ensayos posteriores.
Volviendo sobre el relato original, otros rasgos relevantes serían:
- Las enumeraciones, porcentajes y reglas (en una suerte de karma maniqueista a la anime, del que era gran consumidor), ejemplificando mi obsesión por la categorización y taxonomía (particularmente en las divisiones en tres), y quizá profetizando mi graduado matemático.
- Mi fascinación por el control del tiempo, que recuerdo elegir como superpoder favorito, desembocando en una caracterización ligeramente mayor en el original de dicho dios, unida a los clichés del mago, figura de la cual era también bastante fan: tanto por Harry Potter, del que me disfracé precisamente en 2004, como de Merlín, que debí conocer a través de Tzar.
- El uso de nombres extraños e inventados (aunque hay un antecedente en «sirus» de «El mosquito y el sapo»), probable precedente a mi inclinación por los anagramas para crear mis pseudónimos/heteronimos. Otro posible germen es un ejercicio de clase del 9/2001 en el que reordenabamos las letras de varias palabras alfabéticamente.
Sobre la revisión de 2006 no me voy a pronunciar aquí, ya que ésta se englobo en un proyecto de arqueología y reconstrucción, inducida por un colega, mejor reflejada en mi poesía. Por lo pronto, baste decir que aborrezco el cambio de palabras por otras más altisonantes pero que parecen fluir más torpemente.
En cuanto a la reconstrucción actual, he intentado mantener tanto el esquema general (la teogonía como torneo y el plot twist del karma) como los detalles concretos (inicio antes de la física y la vida, temática de concursos, ratio de descalificaciones, referencia ironica al control del tiempo de Num, guiño a los nombres originales de los dioses...), reexponiendolas como mejor me ha parecido para intentar dotar al conjutno de mayor fluidez e interés, aunque obviamente no escapa a las limitaciones del original, ni a mis obsesiones recurrentes (referencias borgianas, filosóficas, medicas, matemáticas...) o de tuno (debidas a mi reciente lectura de «La historia empieza en sumer» de Kramer y los primeros capítulos de «Historia universal» de Ivorra), así como anécdotas personales disfrazadas (e.g., en el cierre que pretende aligerar la carga dramática a modo de comic relief, y que no deja de describir una situación en la que me he visto a menudo, tanto a mi mismo como mis profesores de universidad). También he procurado evitar el uso de notas al pie, paréntesis (y especialmente paréntesis dentro de paréntesis) y links (ya que terminan por caerse o resultar muy genéricos, prefiriendo optar por las comillas para indicar que, si se tiene interés, puede googlearse).
Así, por ejemplo, pensé que enmarcar el texto dentro del problema del mal, tomando como referencia otras «teogonías», reforzaría el giro argumental, y lo mismo con las referencias históricas que interrelacionan la Biblia con la mitología sumeria e interpretan el politeísmo como sustrato para el monoteísmo en cuanto al setting de teogonía como torneo del que sólo puede quedar uno, además de crear una cierta atmósfera de tensión, aunque el resultado deja que desear, quedando todo a medio hilar.
En cuanto a la primera parte, no voy a negar que fue divertido bucear por los anexos de la Wikipedia y sus competiciones mundiales, o vomitar todas las referencias que me parecieran oportunas (desde Marylin hasta One-Punch Man), así como añadir con calzador la idea de que la humanidad no es más que un juego, guiño irónico a la teoría del diseño inteligente. Y respecto a la segunda, creo que no pasa de intento fallido de justificación del endeble giro final, endeble por lo mal que se vende el payoff (confrontación del resultado contra un hipotético que se expone como hecho y precipitación de la trama en comparación con el ritmo pausado previo: el «muestra, no cuentes» es aquí insalvable sin construir una continuación al original que expusiera porque el hipotético es un hecho plausible en lugar de una verdad venida de fuera), y fallido porque asume una posición algo extraña en el dilema «innato o adquirido», aunque esto probablemente podría arreglarse si se construyese la susodicha continuación, abordando ambos problemas. Hago notar también que Nun hace aquí de mi alter ego, lo que supongo que no sorprenderá a nadie; no en vano, suele decirse que los escritores noveles sólo saben hablar de sí mismos.
La reescritura se llevo a cabo del 2019-10-12 al 16, su revisión vía prowritingaid, contadores de palabras, wordreference... del 17 al 20, y la escritura de esta adenda se termino el 26.
Revisión 2006-03-30
Hace millones de años mucho antes de la explosión del Big Ben hubo un concurso entre dioses paraver ver quien era: el mas forzudo, el más intelectual, el más bello ,el mejor estratega , el mejor militar, el mas culto, el mejor contable, etc.
Había muchos tipos de dioses cada uno tenia una mentalidad y una teoría sobre la vida diferente:
- Unos decían que la vida era de paso y que había que vivirla lo mejor posible.
- Otros decían que había que vivir en paz y armonía.
- También otros querían destruirlo todo y vivir rodeados de guerras.
Había infinidad de opiniones al igual que dioses.
En los concursos había que superar pruebas muy difíciles
En el concurso de intelectualidad perdieron el 50%.
En el concurso de inversión o manipulación de dinero perdieron el 5%.
En el concurso de fuerza perdieron el 15%.
Solo quedaba el 30% de dioses.
En otros tipos de concursos como los de estrategia militar, cultura, imaginación, etc. perdieron todos los dioses excepto 3, que eran:
Juretwaf: el dios de la guerra.
Yiloprius :el dios de la paz.
Y Nilmenser : un dios muy sabio que poseía el poder de controlar el tiempo: el pasado ,el presente y el futuro. Era un dios muy místico y como un mago.
Yiloprius y Nilmenser querían echar a Juretwaf de su grupo porque tenia una mentalidad muy diferente de la suya y por esta razón lo mataron.
Yiloprius y Nilmenser mataron a Juretwaf y al hacerlo aumentó su energía maligna.
El organizador del concurso, al ver que se habían agotado las pruebas, decidió fusionarlos y se transformaron en Lozbet. Aunque Nilmenser y Yiloprius se hubieran fusionado con Juretwaf también hubiera nacido Lozbet . La razón es que un dios del bien nunca puede matar a otro dios aunque sea su enemigo natural.
Cuando un dios rompe su regla es pagado con la mitad de poder y pensamientos o ganas de hacer cosas que son lo contrario de lo que ellos por regla hacen.
Hay muchos tipos de dioses y cada uno tiene una regla diferente; hay dioses que tienen la misma regla o como en el caso de Nilmenser y Yiloprius eran reglas parecidas.
Zeus no podía matar ni destruir nada y Merlín no podía hacer experimentos en embrujos etc. en benefició propio, tenia que aprovecharse todo el mundo.
Esa es la razón por la que igualmente fusionándose con o sin Juretwaf hubiera nacido Lozbet, el dios que lidero, lidera, y liderara el universo y más allá en beneficio universal, sin que nadie lo pueda saber.
Original (2004-10-22)

Carta a los reyes

Yo y el dinero II


Físico


Allariz 8/2003 y Málaga 6/2018 (ya que he enfrentado mis textos, que menos que hacer lo propio con mi cuerpo)




Y hablando de mi gula, durante primaria, probablemente por recomendación del medico, mi madre empezó a hacerme los bocadillos más pequeños, a lo que yo respondí comiéndome los de los compañeros que no se daban terminado el suyo, y que de otro modo terminaban en la basura para evitarse broncas en casa.
Evaluaciones













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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.