Un apunte trivial (y apologético) sobre la mediocridad
—Esa brillante idea tuya... ¡olvídala!
—¿Quién es usted?
—La cuestión es: ¿quién eres tú? Ya te diré yo quien eres tú: nadie. Eres un muñeco de goma que hemos hinchado. Ahora tienes una gran vida, ¿verdad? Éxito, dinero, una bonita casa... Así que haz aquello por lo que se te paga [...] y no metas las narices donde no debes, ¿está claro?
—No, no podéis.
—Oh, claro que podemos. Mira a tu alrededor y comprenderás todo el poder que tenemos. Piénsalo bien, príncipe Gigi, y hazte a ti mismo la pregunta clave: ¿quiero volver a ser un don nadie o seguir siendo como ahora? Hasta la vista, muchacho. Buen programa.
Momo: Una Aventura a Contrarreloj (clip)
En resumidas cuentas, y parafraseando al Thoreau de Desobediencia Civil, bajo un pueblo que aplaude las sombras, el sitio adecuado para una persona interesante es también la sombra.
Nota1: Estamos biologicamente programados (por millones de años de evolución) para perpetuarnos; ese es, por defecto, el fin último de toda acción impulsada por el subconsciente. El modelo social en auge, por contra, prorroga cada vez más esta actividad (cuando no la inhibe directamente en pro de la propia autorecración y autorealización sin necesidad de llegar a los extremos de la eugenesia china)
en pos de una mejor formación que nos haga mejor partido y más
capaces de sacar adelante nuestra prole (no sólo económicamente),
cf. link.
Sin embargo, si empleamos criterios de adaptabilidad al medio poco
adecuados (¿en qué se basa ese éxito?, ¿cómo ha conseguido
ese dinero o fama?, ¿por qué tiene tantas visitas, seguidores o lo que sea?, ¿su acreditación es legitima o un espejismo de la
meritocracia burocratizada?, etc.) la disgenesia sera inevitable. No
obstante, ¿por qué debería esto preocuparnos, o por qué te transmito
esta preocupación? Sencillo: porque soy un mediocre y, como tal, he
de ocultarlo para no ser pisoteado. Así es como manipula el
hombre débil al fuerte, nos dice Nietzsche: haciéndole creer que sus
papeles están invertidos apelando no a la realidad y sus
hechos (sean deseables [a largo plazo] o no) sino a una serie de
ideales y deberes que le beneficien. En efecto, soy un mediocre y
mi única esperanza de supervivencia es persuadirte de lo
contrario; venderme con palabras vacías, seducirte con
galimatías y convencerte de mi valía. Así que dime,
beldad efímera, ¿podemos follar ya?
Nota2: La idea que se transmite en el citado fragmento de Momo ha sido
expresada con mayor o menor fortuna por infinidad de personas y es uno
de los tópicos más reiterativos que he tenido la
desgracia (a mi que me hastía la repetición hasta
la nausea) de consumir (me tome la molestia de transcribirlo porque
la escritura llana siempre deja un sabor más impersonal [o más
personal para con el lector concreto]). Es el viejo discurso del
disidiente y de la renovación (cíclica) de valores cuya
fuerza atenúa Nietzsche con la susodicha argumentación. A
menudo se entiende como una mera contraposición a lo impuesto y no
como un cambio real (ortogonal, fuera de campo), de manera que
se cae en lo que se critica, como sucede con las
subculturas (o modas) antimodas (debido, a mi parecer, a la necesidad de muchos de asumir una identidad social, de sentirse parte de algo. La única manera de evitarlo, bajo esa premisa, sería que las ideologías asociadas a ésta promovieran, o contuvieran implícita e intrínsecamente, fuertes dosis de misantropía y/o autonomía, como pudiera suceder con el anarcoindividualismo [lo que hace que no se pueda hablar demasiado sobre ellas de manera general, ie, que no hay una identidad real de grupo]. Pese a todo, los curiosos podrían interesarse e incluso adscribirse momentáneamente [al más puro estilo poseur] a ella, como deja patente que Roba este libro se convirtiera en best-seller, por lo que esta digresión no sólo carece de interés [en tanto que pseudoproblema], sino que ademas es manifiestamente errónea, incompleta o inútil).
Es como predicar el vitalismo con la palabra en lugar de con la acción o plagiar (o reincidir hasta el hartazgo en) un discurso que
hable sobre la importancia de tener personalidad (cf. El caso Hanna Arranz, articulo en proyecto); la suma ironía
del acto desplaza la posible grandeza del mensaje. De ahí, quizá,
la irónica simpatía católica presente en el Libro
del desasosiego: la
masa abruma demasiado al solitario como para no llegar a repudiar
sus propios paraísos una vez son poblados; las tierras más áridas y toscas se presentan entonces dulces y esperanzadoras, pues... ¡Es siempre el espacio abierto, vació y hueco tan libertador! (aunque no lo pretendía, esto abre el camino hacia una posible apología del hipster bien entendido)
Nota3: Ser nadie, si aún fuera esto posible, ¿no sería acaso una elección respetable? Creo que equiparar el anonimato y/o la docilidad (condensados ambos conceptos a menudo en la figura de la oveja que se funde en la masa) a la total carencia de interés es uno de los mayores errores del existencialismo (o, en su defecto, sus sucedáneos), ya que uno no tiene porque ser una oveja a jornada completa; de hecho, muchos persiguen secretamente su leitmotiv en su intimidad. Como ya he comentado en muchas otras ocasiones, con estas u otras palabras, el pastor es un concepto local (temporal, espacial,... y tematicamente), no global: todos somos nadie a ojos de alguien (y su visión momentánea y sesgada) y alguien para nosotros mismos. Vivir sumisa y silentemente, reitero, no te priva necesariamente de grandeza y genialidad, como muestra la intrahistoria o el arte marginal, aunque ello pueda llevar a una anulación aparente (restringida a ciertas circunstancias) a modo de camuflaje, como se pone de manifiesto en el experimento de Milgram sugerido por las observaciones de Arendt sobre el juicio de Eichmann.
Nota3: Ser nadie, si aún fuera esto posible, ¿no sería acaso una elección respetable? Creo que equiparar el anonimato y/o la docilidad (condensados ambos conceptos a menudo en la figura de la oveja que se funde en la masa) a la total carencia de interés es uno de los mayores errores del existencialismo (o, en su defecto, sus sucedáneos), ya que uno no tiene porque ser una oveja a jornada completa; de hecho, muchos persiguen secretamente su leitmotiv en su intimidad. Como ya he comentado en muchas otras ocasiones, con estas u otras palabras, el pastor es un concepto local (temporal, espacial,... y tematicamente), no global: todos somos nadie a ojos de alguien (y su visión momentánea y sesgada) y alguien para nosotros mismos. Vivir sumisa y silentemente, reitero, no te priva necesariamente de grandeza y genialidad, como muestra la intrahistoria o el arte marginal, aunque ello pueda llevar a una anulación aparente (restringida a ciertas circunstancias) a modo de camuflaje, como se pone de manifiesto en el experimento de Milgram sugerido por las observaciones de Arendt sobre el juicio de Eichmann.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.