Siéntese correctamente, por favor
Imagínate la poya de un violador entrando en su victima... salvo porque la poya es en realidad un hombre herido de bala en un costado y la victima un taxi con la puerta trasera abierta. No importa; en este mundo frívolo la violencia de la intromisión sera legítimamente equiparable.
─Siéntese correctamente, por favor.
─¡¿Qué?!
─Que se siente, he dicho.
─¿¡Eres imbécil!? ─gritó, frenético, antes de que ningún "dixi" pudiera ser entonado. De hecho, bien pudo ser un acto reflejo a la mera quietud, a la falta de movimiento del vehículo─ No ves que me estoy desangrando, que me están persi...
─No lo repetiré ─fue diciendo, calmado, al ver que era ignorado; en verdad, podría decirse que no hubo pausa alguna entre su "he dicho" y su "no lo repetiré"─. Es su ultima oportunidad.
─ ...guiendo, que nos van acribillar en cualquier momento..., ¡estás rompiendo el ritmo cinematográfico de la escena, retrasad...
El conductor apretó el acelerador. Una bala reboto en el asfalto antes habitado por la rueda trasera. Los engranajes iniciaron su rutina. Dos brazos de acero emergieron de los asientos a modo de cinturones; los dos machos, en el centro ambos, estaban formados por varios conos giratorios: pequeñas perforadoras. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, su pelvis, sus pectorales y su cráneo habían sido atravesados. La alfombra tomo su habitual baño y banquete de sangre. Era un hermoso día para morir.
─Siéntese correctamente, por favor.
─¡¿Qué?!
─Que se siente, he dicho.
─¿¡Eres imbécil!? ─gritó, frenético, antes de que ningún "dixi" pudiera ser entonado. De hecho, bien pudo ser un acto reflejo a la mera quietud, a la falta de movimiento del vehículo─ No ves que me estoy desangrando, que me están persi...
─No lo repetiré ─fue diciendo, calmado, al ver que era ignorado; en verdad, podría decirse que no hubo pausa alguna entre su "he dicho" y su "no lo repetiré"─. Es su ultima oportunidad.
─ ...guiendo, que nos van acribillar en cualquier momento..., ¡estás rompiendo el ritmo cinematográfico de la escena, retrasad...
El conductor apretó el acelerador. Una bala reboto en el asfalto antes habitado por la rueda trasera. Los engranajes iniciaron su rutina. Dos brazos de acero emergieron de los asientos a modo de cinturones; los dos machos, en el centro ambos, estaban formados por varios conos giratorios: pequeñas perforadoras. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, su pelvis, sus pectorales y su cráneo habían sido atravesados. La alfombra tomo su habitual baño y banquete de sangre. Era un hermoso día para morir.
Comentarios
Publicar un comentario
El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.