Analizando un madre-hija II
Sean A y B dos estudiantes tales que n(A) << n(B) y
r(B) << r(A),1
donde n son las notas del sujeto, r los regalos por éstas recibidos. B pone de manifiesto a su
madre esta injusticia, pues es joven e inocente, y no comprende, o no se imagina, que no todas
las familias tienen los mismos recursos (tal vez tampoco las mismas jerarquías de valores).
Sin embargo, en lugar de apelar a estas sinceras y, si más no, contundentes razones (y tipificar
r), la madre de B arguye, moralista, que uno no debe hacer las cosas motivado por el
interés.
—¿Debo, pues, actuar como un autómata, sin motivación alguna?
—Me refiero al interés material; ¡no me seas autista!
—Pero si tú me decías que tenía que estudiar mucho para comprarme una casa,
emanciparme... para ser una persona de provecho, vamos. O sea, y como decía Marx, que
estudiamos para prostituirnos más caros, para vender nuestro tiempo, ¡nuestra vida!, a
mejor precio; por una motivación material. ¿Cómo me como yo eso, eh? ¡En menuda
contradicción te has metido! Y todo ello sin mencionar las veces que me intentas motivar con
chantajes del tipo «te compro esto si...»
—Tu herman@ ya te ha contaminado, ¿eh? Corre, ve y dile esto: «La consistencia es una
tontería que aflige a las mentes pequeñas».
Supongo que no es necesario reportar su respuesta, ¿verdad? Todos sabemos leer a Emerson sin tergiversarle, así como ver que quien gana una discusión no siempre tiene razón, pues un dato importante se omitió.
1No pongo menor o igual para evitar comentarios del tipo «es negligible». Puede suponerse, ademas, que el
espacio de llegada esperado es el mismo respecto de la función n para ambos (de no serlo, bastaría normalizar,
estandarizar o tipificar los resultados, cf. estadística), para evitar así esa otra justificación habitual por parte de
la madre.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.