No soy Ramanujan
Y de pronto cruza un
vago
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cámbiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cámbiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.
Leopoldo Lugones,
fragmento de La blanca
soledad
Ansioso y emocionado, juzgando clara y
evidente mi visión, me desprendí de mis mantas y encendí la luz:
con ello, todo aquel hermoso edificio argumentativo cuidadosamente
construido se desplomo ante mis ahora dilatadas e incrédulas
pupilas, se desvaneció como un fantasma volátil y quimérico de
entre mis manos, resbalo a través de mis dedos como el agua
imparable, como los rayos de sol inasibles.
Horrorizado, retrocedí
instintivamente: apague la luz y me arrope, me sumergí de nuevo en
la profundidad del mar onírico. Y aquello recién perdido, como desintegrado, poco a poco se fue recomponiendo, cual si se tratase de
una explosión marcha atrás.
Sin embargo, estando ahora más
despierto, lucido, como navegando con un farolillo en la antes espesa
e inobservable bruma, y habiendo bajado hasta allí cual buzo sólo
para rescatar aquella idea, aquella perla impasible hundida en el
fondo, ajena a la zozobra de la superficie a donde quería subirla,
me sobrevino la frustración.
Pues aunque recupere mi ensoñado
discurso, y a pesar de la plena seguridad con la que lo pronunciaba,
como persona consciente no alcanzaban a mis oídos más que
balbuceos, “como un carro que nunca llega”.
Presentía que estaba en lo cierto, que era una demostración sutil y
elegante... pero sólo arribaban hasta el bullicioso puerto de mi
mente algo así como las lineas generales, un esbozo del asunto;
palabras vacuas e ininteligibles, extranjeras y exóticas, formando
ornamentos. Puro significante sin significado, absoluta convicción
sin causa, suprema sensación sin razón, justificación o motivo.
Sí... sobre el aire el castillo
volaba, y nada con mi terrestre persona lo ligaba: ni una sola raíz
lo anclaba. Contemplar su cálida estampa; a nada más ya aspiraba.
Porque, en verdad, era “una ciudad tan lejana, que asustaba con su
absurda presencia”.
Hay una ciudad en el
aire,
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan.
Como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
que angustia con su absurda presencia.
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan.
Como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
que angustia con su absurda presencia.
Leopoldo Lugones,
fragmento de La blanca
soledad
El
castillo de los Pirineos (1959),René
Magritte
Nota: Ramanujan solía decir que la diosa de Namakkal le inspiraba las fórmulas en sueños. Es notable el hecho de que, al levantarse de la cama, escribía resultados y los comprobaba, aunque no siempre era capaz de dar una demostración rigurosa. Este proceso se repitió durante toda su vida. Newmao
PS: el relato se añadirá a la colección ¿Tú aún puedes dormir?
PS: el relato se añadirá a la colección ¿Tú aún puedes dormir?

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.