Yehá y la filosofía
No lo he encontrado en la Red, así que
lo transcribo:
“Siendo Tamerlán emperador, llegó a
la corte un extraño personaje que dijo que tenía algunas preguntas
que hacer y que, si en la ciudad había sabios versados en ciencia,
deseaba ponerlos a prueba. Tamerlán reunió a los más notables del
pueblo y les dijo:
-Ha llegado un sabio extranjero que
quiere probar nuestros conocimientos. Tiene pinta de saber mucho y si
el que se pone frente a él no es también un sabio, dirá que aquí
somos todos unos ignorantes. Y si tal noticia se extiende,
desaparecerá el respeto que nos tienen los demás pueblos.
Los notables se reunieron por su
cuenta y deliberaron largo rato sobre la cuestión. No encontraban
ningún sabio entre ellos, pero había que dar con alguna solución.
Consultaron el caso con otras gentes y, después de mucho cavilar y
buscar, llamaron a Yehá. Enterado éste del problema, les dijo:
-Dejad este asunto sobre mi cabeza.
El día designado fueron todos a la
plaza del pueblo. En lugar preferente estaba Tamerlán, rodeado de
sus guerreros. Llegó el extranjero y se situó junto al trono real.
Poco después, apareció Yehá. Llegó ceremoniosamente, vestido con
un gran turbante y amplia chilaba, y se sentó a la derecha del
soberano.
Tras beber unos refrescos y descansar
un poco, se levantó el extraño personaje, se dirigió al centro de
la plaza y marcó un círculo. Con la vista puesta en Yehá, esperó
contestación. Se levantó Yehá y puso su bastón de manera que
dividió el círculo en dos partes. Y se quedó mirando al otro.
Entonces, el extranjero colocó sus
manos en forma de círculo, y luego, con los dedos extendidos, las
elevó al cielo varias veces. En respuesta, Yehá bajó las manos
hacia el suelo repetidamente, abriendo y cerrando los dedos.
Después, el extranjero comenzó a
andar a cuatro patas, y señalo hacia su vientre, como si saliera
algo de él. Yehá, tranquilamente, sacó del bolsillo un huevo, y se
puso a mover los brazos como si volara. La prueba había terminado.
El extranjero, muy sorprendido, se
acercó a Yehá con gran respeto, besó sus manos con reverencia y
felicitó al Rey y a los notables por tener entre ellos a tan
destacadísima figura de la filosofía y de la ciencia. Entonces,
todos abrazaron a Yehá por su triunfo y le hicieron riquísimos
regalos.
Cuando el público se hubo marchado,
los notables llevaron aparte al extranjero y le dijeron:
-No comprendemos las señales que has
cambiado con Yehá. ¿Qué significaban?
Contestó el extranjero:
-Con mi primera señal indiqué que la
Tierra es grande y redonda. Yehá lo entendió y la dividió en dos
partes: hemisferio norte y hemisferio sur. Con la segunda señal me
refería a lo que de la Tierra nace y sus misterios, elevando mis
manos al cielo, a la manera de los árboles y las fuentes. Yehá
entonces bajó las manos hacia el suelo, indicando las lluvias y la
fuerza del sol, como el origen de lo que en la Tierra nace. Después
le hice una señal sobre los nacimientos y la multiplicación de los
seres, y él sacó un huevo y lo puso a volar, dando a entender la
forma de nacimiento de las aves. Ciertamente, Yehá es uno de los
mejores filósofos que he conocido; podéis estar satisfechos.
Cuando se hubo marchado el extranjero,
los notables pidieron a Yehá que les explicase por qué había dado
aquellas respuestas.
-Mirad-les dijo-, lo que le pasa a
este individuo es que tiene tanta hambre como yo. Primero marcó en
el suelo el tamaño de la tarta que se comería. Yo la dividí en dos
para indicarle que repartiríamos la tarta como hermanos. Le pareció
bien. Luego señalo una olla de arroz que se cocía a la lumbre. Yo
le indiqué que había que ponerle sal y pimienta. Así resolví la
cuestión. Por último, andando a cuatro patas, me dijo que, del
hambre que tenía, no aguantaba de pie y se le retorcía la barriga.
Yo le contesté que tenía más hambre que él y que era capaz de
volar, aunque fuese sólo por un huevo.
Los que le habían oído dijeron:
-En verdad que esto es lo más
extraordinario que puede imaginarse.
Y, riendo a carcajadas, se marchó
cada cual para su casa.”
Anonimo
Cuentos
de Yehá (Adaptación), de Tomás García Figueras
Nota: lo he transcrito para poderlo citar en apología al nonsense (o de la imposibilidad del lenguaje) que remasterice hace algún tiempo.
Nota: lo he transcrito para poderlo citar en apología al nonsense (o de la imposibilidad del lenguaje) que remasterice hace algún tiempo.
VAYA MIERDA
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