El advenimiento de la locura
Todavía
echado sobre el lecho, me quise levantar y desprenderme de las
sabanas que me cubrían completamente, protegiéndome del gélido
clima. Mas, incrédulo, sentí como al procurar alzarme, algo me
retenía, y cuanto mayor era mi forcejeo, más estrechamente me
apretujaba entre las sabanas. Tras un largo intento intenso, repose y
me prepare para aunar todas mis fuerzas en un estallido de energía
bruta. Coloque, no sin esfuerzo, mis piernas de manera tal que me
permitieran impulsarme como un muelle hacia delante, ayudado por mis
tensos brazos. Pero todo fue inútil. Inútil no por defecto o falta
de ímpetu, sino por exceso. Aquella extraña presión desapareció
de repente y salí disparado contra el armario de enfrente de mi
cama. Tras el golpe caí redondo sobre las sabanas húmedas del
esfuerzo sobrehumano del forcejeo y del pánico creciente que me
embargaba.
Envuelto
de nuevo en ellas, me vi aprisionado con una contundencia
inexplicable, sin causa aparente, obligándome a mirar hacia la
ventana, desde donde aprecie a un extraño y lejano rostro
desfigurado en el sol que se fue acercando y engrandeciendo en un
proceso de metamorfosis hasta posarse a un palmo de mis ojos, casi ya
como una figura vagamente antropomórfica, “un mero fantasma de
niebla y luz, intangible, incorpóreo, indoloro…” me consolé
pensando. Mientras esto ocurría, percibí como una vorágine de
energía envolvía a los objetos de mi habitación, vivificándolos y
quebrantando todos los convencionalismos posibles, todas las leyes
habidas y por haber, y traspasando los límites de la imaginación:
del
globo terráqueo aparecían como hologramas, en un ritmo análogo a
una progresión geométrica, todos mis antepasados emergiendo de sus
lugares de nacimiento, de los más cercanos a los más lejanos,
llegando en ultimo lugar a los primitivos primates; las piezas de
ajedrez se desplazaban por ambos lados del tablero con una maestría
tal, que traspasaba los banales parámetros humanos y sus absurdas
puntuaciones de Elo, mientras no podían evitar reír
grotescamente, como burlándose de las burdas estrategias humanas a
las que estaban acostumbradas a seguir; la ropa se desplazaba por la
sala como si fueran portadas por alguien, y a veces se paraban a
conversar entre ellas con una gran gesticulación por su parte sobre
los misterios sin resolver por la humanidad como si fueran asuntos de
la clase más simple y trivial; la luz se encendía y apagaba
alternativamente, sin orden ni concierto aparente, mas creí entrever
en sus palpitaciones mensajes en código Morse que por seguro
encerraban misterios ni tan siquiera concebibles por la débil mente
humana; la impresora comenzó a escupir mi terrible destino en verso,
con tinta de un rojo lóbrego proveniente de dos ojos trágicos y
reales que los expulsaban a borbotones, como lagrimas de ira y
tristeza; los altavoces emitían desgarradores lamentos que aunaban
toda la desolación del mundo en un vibrante llanto de amargura que
como una lanza en mis pulmones se clavaba, impidiéndome respirar, en
una agonía constante y mortífera; de los libros de historia
emergían batallas campales, barbaries pasadas que ponían de
manifiesto el "gran" raciocinio humano, en medio de la
habitación, cuyas balas, armas, sangre,... procuraba esquivar en
contra de la voluntad de las sabanas que me retenían férreamente;
estampidas de animales, algunos extinguidos por nuestra mano, otros
mutados o modificados por ingeniería genética, emergían de mis
libros de biología, arrasándolo todo: el edificio se había venido
abajo y yo flotaba en el aire envuelto entre las sabanas y mirando
aquel rostro espectral, rodeado de abstractos conceptos matemáticos
inexplicable pero nítidamente materializados: “bienvenido a la
locura” me susurro mientras una explosión semejante al Big Bang
volatilizaba y reconstruía el universo. Todo y nada fue uno.
Quise
consolarme
creyendo
que
todo
aquello
no
podía
ser
cierto,
mas
aquella
criatura
me
respondió
condescendiente
“demasiado
tarde,
ya
lo
pensaste;
sabes
bien
que
nada
sabes,
que
todo
es
apariencia,
nada
más
que
creencia;
todo
es
concebible,
todo
es
posible.
Mueran
tus
prejuicios,
mueran
contigo,
cordura,
y
ven
a
la
locura
que
ni
Dios
ni
su
avaro
cura
conocedores
son
de
su
cura.
¿Deseas
sinceramente
captar
la
verdad
y
la
pureza
de
las
causas
e
ideas?
Ven,
ven
y
enloquece, se conocedor
de
las
primicias
de
la
razón
pura,
de
la
metafísica,
de
los
problemas
irresolubles.
Ven
a
Niafre,
ZokiesF1F
te
espera.”
Comencé entonces a ser absorbido por una espiral decreciente e hiperbólica,
una especie de agujero negro hacia la Nada... hacia el Todo... hacia
un punto infinitésimo, negligible; hacia nada. Un punto, sin
embargo, que lo condensaba todo.
NOTA: se añade este fragmento de mi "manifiesto escéptico" a "¿tú aún puedes dormir?" bajo el titulo "sueña", entre los relatos "duerme" y "despierta"
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