El nacimiento de V.B.
Yo fui el primero que lo vi... No por mi astucia. Tampoco por mi criterio, a menudo metódico. En absoluto por mi conocimiento en la temática: otros sabían mucho más. Estúpido decir que por ser el momento y el lugar: tiempo atrás ya podía haber sido desvelado en cualquier otra parte. Fui el primero simple y llanamente porque el resto estaba demasiado ocupado como para hacer cosas realmente importantes, decían ellos mismo, irónicos e incomprensibles. Porque el resto despreciaba el acto contemplativo y se ensimismaba en una producción que no llevaba a ninguna parte, pensaba yo, melancólico, grave.
La lluvia cae por los tejados mientras lo recuerdo: solo allí y en los charcos trémulos percibo su presencia. Por el contrario, cuando alzo mi rostro al cielo de nubes que la sangra hasta su desintegración y muerte soy incapaz de distinguirla. Así de sutil y vulgar, a un mismo tiempo, es lo que nadie vio más que yo.
La lluvia cae por los tejados mientras lo recuerdo: solo allí y en los charcos trémulos percibo su presencia. Por el contrario, cuando alzo mi rostro al cielo de nubes que la sangra hasta su desintegración y muerte soy incapaz de distinguirla. Así de sutil y vulgar, a un mismo tiempo, es lo que nadie vio más que yo.
Yo fui el primero que lo vi, y aún hoy, tras muchos años de reivindicación, la gente no lo ve. Pasaron y siguen pasando de largo con una sonrisa burlona en los labios desasidos de sus pensantes cráneos, creyendo volátil y quimérico lo rígido y firme de mi visión, su deconstrucción. No lo ven, o no lo quieren ver, claro, pues tal vez simplemente prefieran vivir ajenos a ello, en su creciente decrepitud; ¡bendita ignorancia! Cuanto pagara yo, más allá incluso de las baratas monedas, por beber del Leteo y olvidarlo; mas más cuerdo, acepto el reto y la carga. Y si no puedo mostraroslo, sere yo su único agraciado.
Aún ayer tuve un sueño perturbador sobre ello. En él los querubines celestes me hablaron como organos. Querubín celeste era como llamaba mi madre a las convicciones indemostrables. Mi propio subconciente, me temo, me tachaba así de demente, de mentiroso. Del mismo modo en el que Josef K. se sentía culpable al reclamarse de entre la muchedumbre a un criminal, yo me sentía mentiroso al exigirseme tal falsa condición.
Pero en verdad yo fui el primero que lo vi. No fue algo azaroso, no; tampoco fue el destino. Fue... una necesidad. Así como los triangulos tienen tres lados, yo debía verlo. Ser el primero... era una simple consecuencia lógica, una obviedad. ¿Como podría si no entonces permanecer en pie el mundo tal y como lo conocemos si todos fuésemos conscientes de tal quebradora sensación? No...simplemente no es posible. No me lo creo.
Continuara...
Aunque quizá necesites primero una explicación
Dedicado a Llafa,
Dedicado a Llafa,
o quien yo creo, comecocos, que es Llafa.
¡Silentes piedras!
¡Anda que avisáis
de que no era posible
editar el documento!
Pero sabed ya
que esta arreglado.
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.