Breves recuerdos de momentos que jamás existieron (o plantillas de seducción) VI
6.Camisetas-anzuelo
“YO
SE
era el logo de mi camiseta customizada. Tras intercambiar unas palabras con el barman, gire sobre mi taburete, extendí mis antebrazos colocando los codos sobre la barra y las manos muertas hacia abajo, y exhibí ostentosamente mi otro lema de guerra:
“Hipótesis: Te gusto
Proposición: Me gustas
Corolario: Nos gustamos (y follamos)
¿Lo demostramos?”
El experimento era sencillo: la extravagancia de mi aspecto engancharía en un primer momento a el rápido movimiento de los ojos de mi víctima. A medida que se disolviera este pegamento caería sobre mi camiseta, momento en el cual su curiosidad la atraería como un imán. Tras pronunciar ambos algunas palabras, yo le diría: “no es necesario que disimules. Puedes acercarte a mi abdomen si quieres leer la palabreja”. Con un poco de suerte, llegada hasta allí, entraría en el juego y olería las feromonas impregnadas en la zona. Si rehusase, le podría sugerir usar mis “gafa-lupas”, para que no argumentase que la letra era demasiado pequeña. Entonces, tras reír con un chasquido dental y elevarse, se sucedería un dialogo como este:
-Me gusta tu camiseta.
-Entonces...¿me la quito?
-He dicho tu camiseta, no tu- diría con una mirada maliciosa y una ligera sonrisa, que estallaría al yo explicarme.
-Por eso...¿o quieres follártela conmigo puesto?-pausa por la explosión- Yo no tengo problemas, eh.
-Pensaba que solo se aplicaba a personas- respondería, al recuperar el aliento.
-Entonces que, ¿te animas a demostrarlo? Te la regalo si me llamas con los resultados. Mi tesis doctoral depende de ello...
-De verdad pretendes presentar esto como teorema matemático- reiría.
-No; es un experimento sociológico.
-...¿Me has estado utilizando?- fingiría enfadarse, con cuya polémica tendría asegurado que no se escapase.
“Ojala fuera tan sencillo...- pensé, mientras se acercaba una mujer-. Comprobemos entonces cuan complejos e impredecibles somos, en realidad.”
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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.